Tumbados en el suelo

No había nieve en las azoteas, ni mantecados en las alacenas, pero era fin de año. Estábamos los de siempre y alguno nuevo y alguno menos. Formábamos un círculo entre los árboles, sentíamos el frío afilado de la vaguada cerca del río, nos mirábamos como tratando de intuir las historias que contaban las arrugas, los cortes y las marcas de expresión.

  • “¿Y si despedimos el año tumbados en el suelo?”
  • “¿Por qué?”
  • “Porque así, por muy bueno o muy malo que haya sido este año, el año que viene sólo podremos ir hacia arriba”

Algún día tendré que dejar las tradiciones tontas producto de lunas largas y los recuerdos felices de la infancia, pero no será esta noche. Adiós, 2015; perdona que no me levante.