Tú lo que estás es poco en forma

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Hoy desayunaba con el comienzo de una conversación tuitera entre Fabrizio Ferri y Antonio Ortiz.

Esta mañana en su blog, Fabrizio entraba al trapo del artículo que Michael Harris publicó el otro día en Salon. Explicaba que más que un problema del impacto de internet, el nuevo lugar común de «la pérdida de la capacidad de concentración» parece esconder cierta ansiedad.

A eso, Antonio Ortiz le decía que ese post se basaba demasiado en un a-mi-me-funciona y que no acababa de convencerle. O, dicho de otra forma, que «el hecho de que no haya efecto autopercibido por Fabricio no invalida la tesis [de Michael Harris] de que el ritmo, los cambios de contexto y los chutes continuos de datos impacten en nuestra concentración porque es presumible de que afecte a unos más que a otros y para unas tareas más que otras».

Y la verdad es que mientras iba en el bus no dejaba de pensar en que estoy tan de acuerdo con Antonio que no puedo hacer otra cosa que darle la razón a Fabrizio.

Pero antes de meternos en harina, una leve puntualización: parece es que nos han contado una historia muy loca sobre lo que es la atención. Como si los seres humanos viniéramos de fábrica con una ‘capacidad de concentración’ determinada o algo así. Pero no es el caso.

Para ilustrar el asunto voy a tomar la analogía de Fabrizio que con una pequeña modificación se vuelve oportuna y esclarecedora:

«Trabajo pegado al ordenador todo el día y entre el poco tiempo que tengo y las cosas de la vida moderna paso más tiempo sentado en el coche/metro/bus que en mi casa. Pero, oye, ayer me dio por apuntarme para hacer la media maratón de Londres y no he podido acabarla de un tirón. De hecho, ya no puedo hacer el mismo ejercicio que antes que estaba apuntado a una peña y jugaba al fútbol todas las semanas: ahora me asfixio con subir una escalera. ¡El ordenador es el mal casi absoluto!»

Eso está pasado. La gente ha empezado a tener un estilo de vida cada vez más sedentario y, de repente, su capacidad física era menor. Y sí, claro, la vida sedentaria afecta a unos más que a otros y a unas tareas más que a otras. De hecho, nos hemos percatado del problema y muchos hemos reaccionado. Pero, ¿Cuál ha sido la reacción? ¿Un montón de gente clamando por abandonar las profesiones sedentarias y volver al monte a cortar troncos? Lo cierto es que no (o mayoritariamente no). La gente se ha puesto a correr (¡esa moda del running!) o a jugar al padel (en Granada me cuentan que ya ha casi más pistas que bares): algo, por lo demás, más sano y mucho muchísimo más útil.

Por más que le doy vueltas no se me ocurre ninguna razón para pretender que lo psicológico sea algo distinto. Al menos en este contexto. En términos generales, la atención, como cualquier otra competencia humana, es algo que se entrena y se desarrolla. El señor Harris se ha puesto a correr una maratón atencional sin estar en forma y en vez de llamarle lo que le llamaríamos si se hubiera puesto a correr un maratón ‘de verdad’ (¡inconsciente! ¡Saltabalates!), lo compadecemos y aceptamos su tesis de lo malas que son las nuevas tecnologías; porque en el fondo todos nos sentimos un poco como él.

Antonio tiene razón en que hay una presión social y laboral importante que hace que muchas personas tengan que dedicar mucho tiempo a una serie de actividades relacionadas con las nuevas tecnologías e internet que requieren de unas capacidades atencionales determinadas (porque eso de focalizar rápida y brevemente, leer en transversal, cambiar de temas y contextualizar sin problemas no dejan de ser otras facetas, digamos, ‘atencionales’). Lo que pasa es que esa misma presión hace que descuidemos otras facetas distintas: las más clásicas que hoy revindica Harris.

Por eso (y he aquí la genialidad inesperada de la argumentación de Fabrizio) la clave de todo este asunto está precisamente en el ‘a-mi-me-funciona’. El corazón de la alcachofa es que es una cuestión de entrenamiento personal y no un caso de decaimiento social.

No hay queolvidar que Internet no es heroína: ni provoca adicción ni machaca los “centros neuronales de la atención del cerebro”. Así que si lo que queremos es recuperar nuestra capacidad de concentración, habría que moderar nuestro entusiasmo ‘melancólico’ y plantearnos seriamente que igual lo que pasa es que estamos algo fondones. Psicológicamente hablando.

5 responses for Tú lo que estás es poco en forma

  1. […] tierra en un laboratorio. Es cierto que la adicción a internet no existe, como es cierto que internet no nos hace más tontos pero esas ideas puede llevarnos a engaño y hacer que olvidemos nuestra responsabilidad […]

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