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Hablando sobre personalidad en Bradford

Alhambra-Theatre_-Bradford02Acabo de cerrar un seminario para octubre y noviembre en la Universidad de Bradford (muy cerquita de Leeds). La verdad es que lo que más me llama la atención de ir a Bradford es, y ya sé que suena un poco tonto, su Alhambra.

El tema será el que me solicitan últimamente, la evaluación de la personalidad. Ésto es algo en auge en todos sitios. Ya he comentado en algún momento que la coyuntura (TICs, MOOCs, explosión del p2p, nuevas formas de gestión empresarial, etc.) está provocando que interese seleccionar a personas por el sentir y no por el saber. Y en eso, en buena parte porque estamos sobre hombros de gigantes, en Storge somos de lo mejorcito que ha concebido madre (aunque me de pudor decirlo en voz alta).

Pero… y a eso iba, ¿A qué hablo poco sobre el tema? Creo que debería ir escribiendo más cosas sobre estos asuntos porque a) cada día van a estar más de actualidad y b) ¿en qué mejor sitio que en casa?

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Más sobre el estado y la salud mental

images (13)La relación que exponíamos el otro día entre el tamaño del estado (o función, si lo prefieren) y los problemas psicológicos no es nueva, claro. Si acaso lo era la explicación de por qué ocurre ésto.

Ayer en Politikon sacaron un post muy interesante (y necesario) sobre los suicidios y la crisis. En general, en la parte analítica tienen toda la razón del mundo (o casi). Lo que me interesa es reflexionar sobre el último párrafo:

En definitiva, desde una perspectiva de políticas publicas, parece plausible señalar que un Estado de Bienestar que funciona como red de seguridad puede minimizar el efecto pernicioso del suicidio en situaciones de crisis. Un sistema que proteja al trabajador parece, una vez más, una buena idea. El Estado ha de encargarse de asegurar al trabajador tanto como minimizar la probabilidad de que cualquiera llegue a encontrarse en una situación, no de desempleo temporal, sino de precariedad y falta de expectativas a largo plazo.

¿De verdad es buena idea que de ese «sistema que proteja al trabajador» se encargue el Estado? ¿No es precisamente ese el problema ahora? ¿No habría que buscar estructuras más resilientes? ¿No deberíamos encaminarnos hacia un nuevo tipo de comunidades, un nuevo tipo de estructura social?

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En busca de la felicidad

burroHace algunos años trabajé como orientador universitario. Básicamente, trataba de ayudar a jóvenes bachilleres sobre todo el mundillo de la universidad. Había un grupo bastante numeroso al que yo llamaba los burros. No por su nivel intelectual, no piensen mal, sino por aquello del asno de Buridán. Eran chavales que pudiendo escoger casi cualquier cosa lo pasaban realmente mal porque no sabían qué.

¿Puede la abundancia hacernos menos felices? ¿Cuántas más opciones tienes eres más infeliz? Chris Dillow publica hoy un post muy bueno sobre el tema. Yo por mi parte estoy por pensar que es bien posible que en un contexto de abundancia, la felicidad dependa de un estilo ético-estético personal sólido; o lo que es lo mismo una personalidadbien construida (aquella personalidad como obra de arte de la que hablábamos).

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¿Cinco etapas del duelo?

images (12)Durante años se ha dicho, escrito y explicado que el duelo tiene cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Pero, ¿es verdad?

Empecemos, por ser originales, por el principio. Como nos cuenta Claudia Hammond, los primeros estudios sobre el tema son de John Bowlby y Colin Murray Parkes. Estos investigadores, ya a finales de los años cincuenta, enunciaron un proceso de 4 etapas (entumecimiento, búsqueda y anhelo, la depresión y la reorganización) pero no fue hasta que en 1969 Elisabeth Kübler-Ross publicó su famoso modelo penta-factorial que despegó esta forma de entender el duelo.

Cabe decir que en un principio Kübler-Ross planteó el modelo para entender la experiencia de la propia muerte (la psicóloga suiza, al fin y al cabo, la gran experta en personas moribundas y cuidados paliativos); pero, vamos, rápidamente empezó a usarse para el resto de los procesos emocionales.

Según el modelo Kübler-Ross el proceso debería ser tal que así (la «w» señala la intensidad esperada de la respuesta emocional):

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Pero en 2004 a Toni Bisconti y algunos amigos les dio por investigar sobre el tema y tras estudiar día a día durante meses el estado emocional de personas en proceso de duelo llegaron a conclusiones un pelín distinta: que el proceso de duelo sigue más el modelo de oscilación lineal:

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El estudio de Bisconti cuestionaba no solo el orden de ocurrencia de estas emociones, sino que además también ponía en duda (como se puede apreciar en los gráficos) la intensidad de las mismas. De hecho, otro estudio, esta vez de Columbia indica que en parejas mayores hasta un 45% por cierto no experimental distrés severo en ningún momento.

No soy experto en el tema, pero por la bibliografía que he leído y barriendo para casa, me parece que los estudios sobre el duelo están convergiendo en una idea sencilla, que dado que las relaciones sociales ayudan a regular los altibajos emocionales, en la pérdida – por decirlo de alguna manera – se unen una experiencia emocional muy negativa con los problemas de lógicos de regulación vinculados a la desaparición de dicha relación.

Pero, ¿Es esto importante? Bueno como decía Ruth Davis Konigsberg, autora de ‘La verdad sobre el duelo‘, considerar el modelo Kübler-Ross como estándar «es tranquilizador para las personas que sufren algunas de estas emociones, pero estigmatiza a aquellas que no lo hacen; Puede sentir que están sufriendo incorrectamente o que algo funcional mal en su interior».

Aunque suene un poco perroflauta, es importante tener claro en situaciones como estas que no existen formas correctas de sentir las cosas.

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¿A más gobierno, peor salud mental?

images (10)Nigel Barber nos contaba el viernes en Psychology Today que «gobierno grande» se traduce en «religión pequeña». Léanlo; es interesante. Y nos da material para seguir profundizando en nuestras ideas sobre «psicopatología y descomposición» (1, 2, 3, 4, 5 y 6).

Aprovecho, ya de paso, para reivindicar (como en su día Wright Mills para la sociología) que es tarea del psicólogo comprender la conducta de la gente en la escala del funcionamiento socio-comunitario sin dejar por ello de explicarla.

Pues bien, Barber mide el tamaño del Estado fundamentalmente en presión fiscal. Me parece una medida muy interesante. Muchas veces nos somos conscientes de lo complejo que es recaudar dinero, ni de la cantidad de cambios a los que hay que someter hasta a la acción más trivial.

A medida que el tamaño del estado crece, tiene que haber un mayor retorno a la sociedad. Así, el estado acaba actuando como red de seguridad (como aseguradora con tanques) y disuelve las redes comunitarias; en cuanto que pertenecer a estas redes tienen beneficios pero también costes asociados y dejan de ser competitivas cuando el estado entra como un «elefante en una chatarrería». (¿A nadie le viene a la mente la «funcionarización de todo» tan en boga en los últimos años?)

No es que me entristezca que desaparezcan las cuadrillas, es que ese papel monopolista del Estado impide que redes de un nuevo tipo aparezcan. Y, más tarde, al retirarse en plena descomposición, nos deja un problema muy serio: sin tiempo para encontrar relatos alternativos, las gente se reencuentran con sus miedos y ahora cara a cara, sin espacio de adaptación.

La pregunta es ¿Qué puede hacer la psicología? pero la respuesta, me temo, que tendremos que dejarla para otro día. Aunque sea tan sólo para que nos volvamos a ver.

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La psique cuantificada

images (5)A propósito de la nueva edición del DSM que verá la luz en marzo, decía que teníamos que avanzar en nuevas formas de evaluación psicológica. A raíz de los post de Juanma y Carlos Sanmartín he pasado parte del fin de semana a estudiar cómo el «yo cuantificado» nos podría ayudar. No es un campo inexplorado, tanto Ryan Hagen, por ejemplo, que está estudiando la relación entre los patrones de uso de los smartphone y la ansiedad y la depresión; como nosotros que estamos trabajando en relacionar la «identidad digital» con los repertorios de personalidad estamos trabajando en él. Ahora que estoy acabando las notas para el seminario de Inverness creo que este tema adquirirá una gran importancia.

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Breve nota matutina sobre las cosas de la personalidad

Anoche hablábamos del reto que suponen los trastornos de la personalidad (trastornos psicológicos propios de la descomposición) para la teoría y la práctica psicoterapéuticas. No sólo es que los tratamientos actuales tengan nula o poca eficacia, es que son cosas nuevas que nos están pillando con el paso cambiado.

Pongamos el ejemplo que ponía anoche, pensad en los criterios diagnósticos del trastorno límite de la personalidad:  inestabilidad afectiva, ira inapropiada e incontrolada, sentimientos crónicos de vacío e inutilidad, tendencia a la automutilación y al suicidio, patrón de relaciones interpersonales inestables, impulsividad en ámbitos potencialmente dañinos y autodestructivos, alteración de la identidad, paranoia, etc… Y ahora pensad que tampoco se puede abordar con medicación.

Este es uno de esos grandes frentes de batalla ante una descomposición que amenaza con llevarnos por delante, no sólo económicamente, sino literalmente psicológica y físicamente.

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Así son las cosas…

Comentaba David en el post del viernes algo con lo que pienso hacer imanes de nevera y repartírselos a todos nuestros clientes: «Las empresas que no forman parte del proyecto vital de los que las componen, son empresas que están «descuidadas»«. Ese es el mundo que portamos, nuestro proyecto social, nuestra visión de las cosas. Y esto es parte de él.

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Así son las cosas…

Comentaba David en el post del viernes algo con lo que pienso hacer imanes de nevera y repartírselos a todos nuestros clientes: «Las empresas que no forman parte del proyecto vital de los que las componen, son empresas que están «descuidadas»«. Ese es el mundo que portamos, nuestro proyecto social, nuestra visión de las cosas. Y esto es parte de él.

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Recursos humanos, nuevos enfoques y «staff curation»

Tengo pendiente una entrada para explicar cómo conceptos que vengo usando, como ‘valores’ o ‘compromiso’, lejos de lo que pudiera parecer, entroncan directamente con la tradición de la psicología científica. Pero lo dejaremos para otro día.

Hoy, coincidiendo con nuevos servicios de reclutamiento que voy conociendo, quería poner un poco en orden mis ideas sobre los cambios que se están dado en el estudio de la relación entre las personas y sus entornos de trabajo.

Una perspectiva de los recursos humanos

La Psicología Industrial y de las Organizaciones nació bajo el impulso del fordismo para extraer toda la fuerza productiva de los trabajadores. Desde la perspectiva del «gran capitalista del XIX», un trabajador no era algo cualitativamente distinto a una máquina y, en consonancia, los primeros psicólogos del trabajo tenían por encargo poner a funcionar a los operarios a pleno rendimiento.

Pronto se dieron cuenta de que en todo caso, los seres humanos somos un tipo de máquina muy especial y requería unos cuidados especiales. La psicología industrial, nacida para explotar más eficientemente a los trabajadores, se dio cuenta de que explotándolos estaba de hecho infrautilizándolos.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces aunque no todo lo que debería.

Los gestores actuales están tan cómodos siendo tan sólo responsables ante las cuentas de resultados que están perdiendo la histórica oportunidad de implantar políticas identitarias en el seno de sus corporaciones. Porque esto último conllevaría ser responsables de su gente.

No me entiendan mal, el lenguaje ha cambiado, es cierto. A la actividad de seleccionar, contratar, formar, emplear y retener a los colaboradores de la organización la llamamos recursos humanos pero la práctica habitual sigue siendo indistinguible de el encargado que se acerca cada mañana a recoger jornaleros en muchas partes del mundo. Miren infojobs o cualquier plataforma al uso.

Pero necesitamos otra cosa.

Mi forma de enfocar el problema es algo distinto. En Storge no tenemos ‘consultores de recursos humanos’, tenemos ‘staff curators’ (perdonen el palabro). Alguno pensará «ya estamos con las modernuras…»

¿Somos unos modernikis?

Aunque me hace mucha gracia la palabra, creo que no. Es cierto que reivindicar el oficio del comisariado artístico se ha puesto de moda con ocupaciones como content curator o biocurator. Pero en nuestro caso, tenemos motivos teóricos y prácticos propios para usar esta palabra.

Hay un trabajo de Marino Pérez y García Montes (Personality as work of art, 2004) que defiende que la personalidad es «una obra de arte»; esto es, un estilo ético y estético que cada persona da a su vida de acuerdo con sus circunstancias y sus valores sociales. Ese estilo ético y estético es un proyecto de vida en el que cada persona va progresivamente construyendo su propia personalidad, pero de manera que el aspecto ético (lo que la persona es o siente que es) se retroalimenta con el estético (los modos de presentarse frente al resto de personas).

Ninguno de esos autores es un autor pajaru, por usar el término indiano, Marino Pérez, por ejemplo, catedrático de la Universidad de Oviedo, abrió hace unas semanas el Congreso de la Sociedad para el Avance del Estudio Científico del Comportamiento en Sevilla.

Pues bien, pensar la personalidad como una obra de arte nos ayuda a comprender el equipo de trabajo no como una-máquina-en-la-que-cada-trabajador-es-una-pieza sino como algo más orgánico.

Nuevos enfoques

Los nuevos recursos humanos requieren entender la empresa, interpretarla; conocer a los trabajadores, cuidarlos, ayudarlos a crecer: tanto a los que se están buscando, como a los que están dentro; darles la formación necesaria para que hagan su trabajo, pero también para que lo entiendan, para que lo aprecien.

El enfoque que (medio en serio, medio en broma) llamo ‘staff curation’ requiere desde luego desbrozar el campo con todas las herramientas de la psicometría, la psicología del trabajo y la asesoría vocacional; y los datos que nos dan. Pero también hay que atender a las narrativas de la empresa, a su misión, a visión, a su propia way of life y sus dinámicas internas.

No hay modelos de prêt-a-porter, ni salsas de espaghetti: como nos lleva diciendo la psicología experimental desde hace 60 años, que cada persona y cada organización son una historia que escuchar. Y escuchar de verdad no se puede hacer de contextos de Business School o equivalentes, sino desde un contexto propio que siempre está por construir.

Bola extra

Hoy David marcaba este vídeo y, en general, explica muy bien parte de este cambio de enfoque.