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¿Cinco etapas del duelo?

images (12)Durante años se ha dicho, escrito y explicado que el duelo tiene cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Pero, ¿es verdad?

Empecemos, por ser originales, por el principio. Como nos cuenta Claudia Hammond, los primeros estudios sobre el tema son de John Bowlby y Colin Murray Parkes. Estos investigadores, ya a finales de los años cincuenta, enunciaron un proceso de 4 etapas (entumecimiento, búsqueda y anhelo, la depresión y la reorganización) pero no fue hasta que en 1969 Elisabeth Kübler-Ross publicó su famoso modelo penta-factorial que despegó esta forma de entender el duelo.

Cabe decir que en un principio Kübler-Ross planteó el modelo para entender la experiencia de la propia muerte (la psicóloga suiza, al fin y al cabo, la gran experta en personas moribundas y cuidados paliativos); pero, vamos, rápidamente empezó a usarse para el resto de los procesos emocionales.

Según el modelo Kübler-Ross el proceso debería ser tal que así (la «w» señala la intensidad esperada de la respuesta emocional):

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Pero en 2004 a Toni Bisconti y algunos amigos les dio por investigar sobre el tema y tras estudiar día a día durante meses el estado emocional de personas en proceso de duelo llegaron a conclusiones un pelín distinta: que el proceso de duelo sigue más el modelo de oscilación lineal:

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El estudio de Bisconti cuestionaba no solo el orden de ocurrencia de estas emociones, sino que además también ponía en duda (como se puede apreciar en los gráficos) la intensidad de las mismas. De hecho, otro estudio, esta vez de Columbia indica que en parejas mayores hasta un 45% por cierto no experimental distrés severo en ningún momento.

No soy experto en el tema, pero por la bibliografía que he leído y barriendo para casa, me parece que los estudios sobre el duelo están convergiendo en una idea sencilla, que dado que las relaciones sociales ayudan a regular los altibajos emocionales, en la pérdida – por decirlo de alguna manera – se unen una experiencia emocional muy negativa con los problemas de lógicos de regulación vinculados a la desaparición de dicha relación.

Pero, ¿Es esto importante? Bueno como decía Ruth Davis Konigsberg, autora de ‘La verdad sobre el duelo‘, considerar el modelo Kübler-Ross como estándar «es tranquilizador para las personas que sufren algunas de estas emociones, pero estigmatiza a aquellas que no lo hacen; Puede sentir que están sufriendo incorrectamente o que algo funcional mal en su interior».

Aunque suene un poco perroflauta, es importante tener claro en situaciones como estas que no existen formas correctas de sentir las cosas.

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¿A más gobierno, peor salud mental?

images (10)Nigel Barber nos contaba el viernes en Psychology Today que «gobierno grande» se traduce en «religión pequeña». Léanlo; es interesante. Y nos da material para seguir profundizando en nuestras ideas sobre «psicopatología y descomposición» (1, 2, 3, 4, 5 y 6).

Aprovecho, ya de paso, para reivindicar (como en su día Wright Mills para la sociología) que es tarea del psicólogo comprender la conducta de la gente en la escala del funcionamiento socio-comunitario sin dejar por ello de explicarla.

Pues bien, Barber mide el tamaño del Estado fundamentalmente en presión fiscal. Me parece una medida muy interesante. Muchas veces nos somos conscientes de lo complejo que es recaudar dinero, ni de la cantidad de cambios a los que hay que someter hasta a la acción más trivial.

A medida que el tamaño del estado crece, tiene que haber un mayor retorno a la sociedad. Así, el estado acaba actuando como red de seguridad (como aseguradora con tanques) y disuelve las redes comunitarias; en cuanto que pertenecer a estas redes tienen beneficios pero también costes asociados y dejan de ser competitivas cuando el estado entra como un «elefante en una chatarrería». (¿A nadie le viene a la mente la «funcionarización de todo» tan en boga en los últimos años?)

No es que me entristezca que desaparezcan las cuadrillas, es que ese papel monopolista del Estado impide que redes de un nuevo tipo aparezcan. Y, más tarde, al retirarse en plena descomposición, nos deja un problema muy serio: sin tiempo para encontrar relatos alternativos, las gente se reencuentran con sus miedos y ahora cara a cara, sin espacio de adaptación.

La pregunta es ¿Qué puede hacer la psicología? pero la respuesta, me temo, que tendremos que dejarla para otro día. Aunque sea tan sólo para que nos volvamos a ver.