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Una estrategia de cohesión social

No sé si han leído la última entrada de la Bitácora de las Indias sobre la guerra-en-marcha entre el PCC y la Policía Militar del Estado de São Paulo. Léanlo. Lo más aterrador del asunto es que ese caso es solo una gota en un océano.

La Familia Michoacana, la deriva (todavía) internacionalista de las Maras o el mismo caso del PCC son ejemplos de un proceso de emergencia de nuevos sujetos socio-criminales que

  1. generan infraestructuras sociales para obtener protección política y de la población;
  2. ejercen una comunicación social con tintes identitarios;
  3. cuentan con capacidad paramilitar operativa;
  4. esconden su economía dentro de la ley,
  5. y buscan dar beneficios directos a los sectores más marginados.

Puede parecer algo lejano y remoto, pero estos sujetos crecen en las zonas de sombra que deja el Estado y la sociedad civil. Para muestra, un botón. Y si ya en 2009 avisaba de que estábamos abandonando la cohesión social, la crisis está acabando con el poco tejido social que quedaba.

En busca de una solución

Como dice el mismo David de Ugarte,

Es difícil apuntar soluciones. Pero es seguro que con independencia del resultado del actual enfrentamiento armado, cualquier alternativa que vaya más allá de lo sintomático deberá partir de una respuesta concreta a la descomposición, reenfocando las perspectivas cotidianas de los más desfavorecidos sobre lo productivo, asumiendo funciones de cohesión social hasta ahora monopolio del estado y aceptando desde el origen, un ámbito transnacional.

En el fondo, y aún sabiendo que no hay varitas mágicas, Mondragón,  Evergreen o, como apuntan David y Juanma, el ner (esto es, fuertes estructuras productivas volcadas en garantizar la cohesión social de sus entornos) parecen la estrategia más inteligente.

Denle una vuelta, yo se la estoy dado.