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Más crowdfunding científico

Como no quiero que se pierdan éste comentario de Querolus se lo subrayo. Como de costumbre da en el clavo en muchas de las cuestiones fundamentales a la hora de pensar sobre el ‘crowdfunding científico‘:

Acabo de ver este post que, no se por que, se me había pasado… la verdad es que Ethan Perlstein es un ejemplo de lo que hay que hacer exactamente. Numero uno, generar una comunidad. Un grupo de gente implicada en lo que haces, que lo sienta como propio. Para ello usando de forma excelente internet y las herramientas de comunicación. Y dos, perder el miedo. Hacerlo. Seguramente, igual que en tantas otras esferas, el “dual boot” (financiación por parte de los gobiernos/fundaciones y autofinanciación) sea la norma. Pero llegará un momento en que el crowdfunding será lo normal. Eso implica no solo pedir a la comunidad sino hacerla partícipe de los resultados. Y ahí entra el Open Access… al final, de lo que se trata, es de que la comunidad esté implicada en aquello que le concierne y participe en todo. Sea la comunidad de enfermos de esclerosis lateral o la comunidad de entusiastas de la automoción

Además, Luis de la Cruz nos pasó por twitter un enlace a Vórticex, otra plataforma de crowdfunding especializada en ciencia e investigación. ¿Conocéis más plataformas o iniciativas en éste sentido? Yo he encontrado un análisis comparativo de las 7 plataformas genéricas (y 2) muy interesante

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¿Hacer ciencia y no morir de inanición en el intento?

SinCiencia-no-hay-futuroMientras los recortes en ciencia amenazan con vaciar los laboratorios de toda España, me sorprende que el debate no esté en cómo es posible que el ‘sector’ sea tan débil y tan poco resilente. Perdonen el chiste pero, ¿Cuántos doctorados hacen falta para darse cuenta de que poner todos los huevos en la misma cesta no es lo más inteligente?

Por mi parte, y por si a alguien le interesa este otro debate, aquí les dejo dos casos de éxito y un par de las lecciones que a mi juicio podemos extraer.

Centros nómadas…

En 1989 John Rust, que coordinaba un máster en la Universidad de Londres, recibió el encargo de adaptar el WISC al Reino Unido. Ahí nació el Psychometrics Centre hasta convertirse en un centro de referencia internacional. Lo más interesante de la historia es que el centro fue dejando de ser un extra de Rust para convertirse en su principal activo. Y durante estos años el centro se ha ido moviendo de universidad en universidad hasta llegar a la de Cambridge en 2005 y convertirse en una red de investigación estratégica en esta institución.

…y cooperativos

Por otro lado, el MIK. Sabía que existía MIK (el centro de investigación en gestión de la Universidad de Mondragón) desde hacía tiempo, pero he de reconocer que hasta que hace unos días David Sánchez se convirtió en su director no me puse a ver como se organizaba.

MIK es una cooperativa que arrancó con 3 personas en 2001, 35 en 2006 y 40 actualmente. El crecimiento se ha debido fundamentalmente a un aumento de clientes de hasta un 40% cada año.

¿Una alternativa?

La idea de centros de investigación cooperativos y ‘nómadas’ que se adscriben a universidades, fundaciones o corporaciones buscando sinergias y financiación (aunque sin perder de vista que serían solo un cliente estratégico) es sugestiva.

Me acuerdo de una conversación con Juanma en la que me contaba sobre los biohackers y de un proto-proyecto de centro de investigación en Cazorla. Y pienso en que quizá sea esta la respuesta a aquella pregunta que hice hace tiempo.

¿Sois investigadores? ¿Los recortes presupuestarios os han puesto a pique de un repique? La idea de juntaros, arrancar una cooperativa, compartir gastos y seguir haciendo lo que os gusta no es ninguna locura. Hoy menos que nunca.

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Recursos humanos, nuevos enfoques y «staff curation»

Tengo pendiente una entrada para explicar cómo conceptos que vengo usando, como ‘valores’ o ‘compromiso’, lejos de lo que pudiera parecer, entroncan directamente con la tradición de la psicología científica. Pero lo dejaremos para otro día.

Hoy, coincidiendo con nuevos servicios de reclutamiento que voy conociendo, quería poner un poco en orden mis ideas sobre los cambios que se están dado en el estudio de la relación entre las personas y sus entornos de trabajo.

Una perspectiva de los recursos humanos

La Psicología Industrial y de las Organizaciones nació bajo el impulso del fordismo para extraer toda la fuerza productiva de los trabajadores. Desde la perspectiva del «gran capitalista del XIX», un trabajador no era algo cualitativamente distinto a una máquina y, en consonancia, los primeros psicólogos del trabajo tenían por encargo poner a funcionar a los operarios a pleno rendimiento.

Pronto se dieron cuenta de que en todo caso, los seres humanos somos un tipo de máquina muy especial y requería unos cuidados especiales. La psicología industrial, nacida para explotar más eficientemente a los trabajadores, se dio cuenta de que explotándolos estaba de hecho infrautilizándolos.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces aunque no todo lo que debería.

Los gestores actuales están tan cómodos siendo tan sólo responsables ante las cuentas de resultados que están perdiendo la histórica oportunidad de implantar políticas identitarias en el seno de sus corporaciones. Porque esto último conllevaría ser responsables de su gente.

No me entiendan mal, el lenguaje ha cambiado, es cierto. A la actividad de seleccionar, contratar, formar, emplear y retener a los colaboradores de la organización la llamamos recursos humanos pero la práctica habitual sigue siendo indistinguible de el encargado que se acerca cada mañana a recoger jornaleros en muchas partes del mundo. Miren infojobs o cualquier plataforma al uso.

Pero necesitamos otra cosa.

Mi forma de enfocar el problema es algo distinto. En Storge no tenemos ‘consultores de recursos humanos’, tenemos ‘staff curators’ (perdonen el palabro). Alguno pensará «ya estamos con las modernuras…»

¿Somos unos modernikis?

Aunque me hace mucha gracia la palabra, creo que no. Es cierto que reivindicar el oficio del comisariado artístico se ha puesto de moda con ocupaciones como content curator o biocurator. Pero en nuestro caso, tenemos motivos teóricos y prácticos propios para usar esta palabra.

Hay un trabajo de Marino Pérez y García Montes (Personality as work of art, 2004) que defiende que la personalidad es «una obra de arte»; esto es, un estilo ético y estético que cada persona da a su vida de acuerdo con sus circunstancias y sus valores sociales. Ese estilo ético y estético es un proyecto de vida en el que cada persona va progresivamente construyendo su propia personalidad, pero de manera que el aspecto ético (lo que la persona es o siente que es) se retroalimenta con el estético (los modos de presentarse frente al resto de personas).

Ninguno de esos autores es un autor pajaru, por usar el término indiano, Marino Pérez, por ejemplo, catedrático de la Universidad de Oviedo, abrió hace unas semanas el Congreso de la Sociedad para el Avance del Estudio Científico del Comportamiento en Sevilla.

Pues bien, pensar la personalidad como una obra de arte nos ayuda a comprender el equipo de trabajo no como una-máquina-en-la-que-cada-trabajador-es-una-pieza sino como algo más orgánico.

Nuevos enfoques

Los nuevos recursos humanos requieren entender la empresa, interpretarla; conocer a los trabajadores, cuidarlos, ayudarlos a crecer: tanto a los que se están buscando, como a los que están dentro; darles la formación necesaria para que hagan su trabajo, pero también para que lo entiendan, para que lo aprecien.

El enfoque que (medio en serio, medio en broma) llamo ‘staff curation’ requiere desde luego desbrozar el campo con todas las herramientas de la psicometría, la psicología del trabajo y la asesoría vocacional; y los datos que nos dan. Pero también hay que atender a las narrativas de la empresa, a su misión, a visión, a su propia way of life y sus dinámicas internas.

No hay modelos de prêt-a-porter, ni salsas de espaghetti: como nos lleva diciendo la psicología experimental desde hace 60 años, que cada persona y cada organización son una historia que escuchar. Y escuchar de verdad no se puede hacer de contextos de Business School o equivalentes, sino desde un contexto propio que siempre está por construir.

Bola extra

Hoy David marcaba este vídeo y, en general, explica muy bien parte de este cambio de enfoque.

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El síndrome del impostor y el valor del trabajo

Desde que me fui de Cambridge, me suelen preguntar si no merecía la pena estar más tiempo allí. Y la verdad, si tengo que ser sincero, es que a mi no me la merece. Verán, yo quería trabajar en la universidad porque me encanta conocer cosas nuevas, aprender, leer, pensar; y, sobre todo, porque pensaba que era el sitio genuino donde hacerlo.

Ese fue mi error. Leed este enlace y veréis que la universidad es un lugar también en franca descomposición pese a que queden algunas mentes brillantes dentro (+); un lugar donde impera una ética del éxito y no una ética del conocimiento. Gaudeamus igitur, alegrémonos pues, hay otras alternativas.

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¿Burbuja Científica? (II): Llámame Estanflacción

El otro día JuanMa propuso organizar una mesa redonda sobre el tema de la burbuja científica. Como decían en comentarios puede parecer un poco extraño hablar de esto en medio de la ola de recortes que está sufriendo la ciencia, pero creo que eso es quedarse en la superficie. Hablar de burbuja científica es hablar del diseño institucional y de la estructura de incentivos del sistema científico internacional.

Por aportar más ideas al previo del debate, aunque sea en un formato mini, me parece interesante la idea del profesor Kyle Stanford que sugiere que estamos en una ‘estanflacción epistémica’ (el término de Jesús Zamora); esto es, grosso modo, aumenta la publicación científica y los recursos dedicados a la investigación (estamos hablando a nivel mundial, claro) pero en cambio el conocimiento científico está estancado.

Ps: Si se leen los enlaces se entiende mejor el argumento. Stanford no dice que no estemos generando conocimiento nuevo, lo que viene a hacer (además de un elogio al instrumentalismo) es señalar que estamos centrados en el trabajo en líneas de investigación existentes desde hace tiempo (por lo que el conocimiento que obtenemos es marginal) y estamos impidiendo el desarrollo de nuevas teorías que aumenten de forma significativa lo que sabemos sobre el mundo.

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¿Por qué ‘Terapia de Pareja’?

Anteayer hablaba de que Andrew Christensen vendrá a Granada en marzo donde impartirá un workshop sobre la terapia que él y Neil Jacobson han desarrollado durante estos años: la Integrative Behavioral Couple Therapy (en adelante, IBCT). Lo posteé rápido y emocionando porque va a ser, sin lugar a dudas, uno de los eventos más importantes del año en el pequeño mundo de la terapia de pareja en España.

Y organizado por un instituto privado de investigación con dos meses de vida.

Esto dice mucho de la visión que entre los psicólogos se tiene del conocimiento. ¿Para qué compartirlo si podemos organizar cursos de mala calidad, caros y que no sirven para nada? Pero ese es otro tema.

De lo que hoy quería hablar era de la pregunta que más veces me han hecho estos días: ¿Por qué terapia de pareja?

Mi formación ha sido alrededor de la psicometría y la evaluación psicológica; esto es, de la medición de la mente o, al menos, de capacidades, actitudes y repertorios. Una disciplina llena de números y preguntas estandarizadas. Llegué al mundo de la reflexión psicológica sobre problemas de pareja cuando empecé a trabajar en un test de ‘estrés marital’ mientras trabajaba en la Universidad de Cambridge. Y la verdad es que está resultando ser un lugar genial.

A poco que uno se interesa por éste asunto, se percata de lo escasa de la reflexión autónoma sobre el tema. Pero no es algo baladí: aunque en España, por poner un ejemplo, el matrimonio (o la pareja de hecho) es aún el estado mayoritario, los divorcios, rupturas y anulaciones siguen aumentando – algo mermados con la crisis. Y digo que es un tema importante porque, pese a que ‘construir una buena familia o relación de pareja’ es una prioridad recurrente en los estudios de opinión, los problemas graves de pareja son algo demasiado común y que pasa demasiado desapercibido.

Que hay un problema es obvio. Que el problema tiene como consecuencia grandes cantidades de sufrimiento psicológico, personal y familiar también lo es. Y que hay poco trabajo hecho, se lo digo yo.

¿Qué vamos a hacer nosotros?

Nuestra intención es hacer dos cosas: a) crear conocimiento en la lógica del comunal y el software libre para profesionales; y b) generar manuales y herramientas abiertas y de calidad para usuarios.

Es más que posible que pidamos ayuda a buena gente mientras crecemos y nos desarrollamos. Y en poco tiempo, estemos construyendo filé.

 

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Nace el CAL de Granada

El miércoles será un día interesante: gracias a Ateneo del Sur, haremos la primera presentación pública del «Centro de Aprendizaje Local de Granada» en las Jornadas de Recepción de la Universidad de Granada.

¿Cómo será el Modelo del «CAL de Granada»?

El modelo es el que cristalizó en el Debate de las Escuelas del Comunal. Cada uno de estos centros es, en realidad:

  • un centro de recursos y documentación donde poder acceder de forma ordenada a los materiales desarrollados por las grandes Universidades del mundo, centros de investigación y las escuelas del procomún.
  • un entorno de apoyo y seguimiento donde tutores de calidad resolverían dudas, comentarían ideas y ampliarían fuentes y
  • un espacio de socialización que buscara la presencialidad de expertos de todo el mundo a través de charlas, conferencias y seminarios.

¿Cómo lo haremos?

Vamos a buscar una suerte de ‘crowdfunding’ presentando el proyecto en todo el área metropolitana buscando socios (en los próximos días, publicaré información ‘financiera’) y con ayuda de algunos socios estratégicos y comprometidos inauguraremos la sede del CAL en los próximos meses (si alguien quiere sumarse, un silvidito).

¿Algo más?

Me guardo más noticias y novedades para ir publicándolas estos días…

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¿Se imaginan que la investigación la hicieran personas?

Algo hemos hablado en este blog sobre como la crisis del mundo industrial puede afectar a la investigación científica y humanística. Hoy, en un blog de Investigación y Ciencia (que por cierto, ¿alguien sabe porque entre los bloggers de IyC bajo el rótulo ‘Psicología y Neurociencia’ no hay ningún psicólogo y sí un carro de biólogos?) nos cuentan una historia sobre personas que investigan.

Uno de los ‘efectos secundarios’ de la enorme producción de publicaciones científicas es que cada vez más las revistas cuando dicen ‘paper’ quieren decir ‘telegrama’. Hace unos meses un editor de un publicación bastante importante en su área decía que en un par de años publicaría «formularios pre-diseñados y tablas, ¿Para qué querían el resto?».

El sistema actual parece diseñado por un ‘positivista vulgar’: lo único que busca es una enorme acumulación de datos, sin más. El problema es que, como ilustra Carmen Agustín con la investigación sobre el Huntington, los datos puros son mera información. Sólo cuando esos datos se convierten en nodos de una red, generamos conocimiento. Y esa generación es usualmente contextual y personal. Personal, repito. Si dejamos la investigación solo en su esqueleto de datos estaremos despreciando los músculos contextuales que nos ayudarían a avanzar hacia delante.