Hoy Javier Yanes ha publicado un artículo muy interesante sobre “por qué no se puede ganar la guerra contra las pseudociencias“.  Como os podéis imaginar viendo el título de esta entrada,  yo no estoy del todo de acuerdo. Nada grave, cuestión de matiz.

Sinceramente no tengo datos para saber si estamos ganando o no esa “guerra” y aunque tiendo a pensar que vamos ganando, coincido con Yanes en que, en el mejor de los casos, se está haciendo de forma pírrica.

Me voy a repetir, pero la clave precisamente es que no es una guerra. O sea, entiendo perfectamente la metáfora bélica igual que la entiendo en el caso de la salud, pero en ninguno de los dos es una metáfora productiva. Y, oye, yo la uso mucho.

La superstición (y su desarrollo institucional como ‘pseudociencia’) no nace de la nada. Desde mi punto de vista (por lo demás, nada sorprendente) las pseudociencias son conductas como todas las demás que están mantenidas y modeladas por las consecuencias que tienen en el entorno en el que se desarrollan.

Siempre pongo el mismo ejemplo: claro que el cólera se puede “combatir” educando a la gente sobre cómo purificar el agua y cocinar bien los alimentos. Pero como mejor se “combate” el cólera es creando un buen sistema de saneamientos públicos. Las pseudociencias son, sobre todo, un problema social y las herramientas más útiles son las políticas públicas y las reformas sociales.

Se puede ganar la “guerra” contra las pseudociencias, lo que no se puede es matar moscas a cañonazos.