¿Se nos está hundiendo el maldito barco?

Hoy en el microcosmos de mi casa, y mientras comía roscón, le he cambiado al subtitulo al blog. Es una chorrada (ahora, con el nuevo diseño, ni siquiera se ve), pero me parece una de las consecuencias lógicas de las conversaciones de los últimos tiempos.

Ayer, Noah Sasson, profesor de la Universidad de Texas en Dallas, reflexionaba sobre cómo introducir conceptos de una ciencia que se encuentra en un mal momento.

Mi trabajo como profesor de Psych 101 (Introducción a la psicología) es introducir a los estudiantes los conceptos fundamentales en psicología e inspirarlos a querer aprender más.
Pero el trabajo es complicado porque, de hecho, hay muchos descubrimientos ‘clásicos’ son mucho más débiles que como se suelen presentar en Psych 101.

El error fundamental de atribución es pequeño si es que existe. Los descubrimientos de Milgram solo se sostienen bajo unas condiciones muy específicas. Las descripciones habituales de Kitty Genovese o de Phineas Gage son mitos más que hechos. Las conclusiones del experimento de la Cárcel de Stanford sólo son para unos pocos.

Sonreír no te hace feliz. Tu ego probablemente no se agota. La imitación neonatal puede no ser nada. Así que, ¿qué?

Sasson sigue hablando de cómo soluciona él este problema, pero no es un problema aislado. Hace menos de un mes, Christopher Ferguson publicó un paper en el que acusaba a los textos introductorios de ‘adoctrinar’ en temas controvertidos y leyendas urbanas.  Así, sin paños calientes. Y hay más gente trabajando en el tema. Mucha.

Y es que ese parecer ser el tema de nuestro tiempo, el corazón de la alcachofa.   ¿Qué hacemos con todo esto? ¿Se nos está hundiendo el maldito barco? ¿Tiene sentido todo esto de la psicología más allá de la pseudociencia, la neurocháchara y la mitos urbanos de los 50?


Desde hace un par de años o tres, mi forma de entender la psicología ha cambiado. Trabajar de forma más sistemática la historia de nuestros esfuerzos por comprender por qué hace la gente las cosas que hace me ha hecho mirar las cosas con otros ojos.

No quiero decir que tenga mejores respuestas, lo que tengo son otras formas de plantear esas mismas preguntas.

Preguntas especialmente graves si tenemos en cuenta que parece que nos enfrentamos a problemas muy importantes (el cambio climático, el fin de los antibióticos, las nuevas técnicas de ingeniería genética, el resurgir del radicalismo en la escena internacional, etc…) que tienen mucho que ver con el comportamiento humano. Al final, siempre volvemos a lo mismo, al corazón de la alcachofa. Toca volver a la batalla.