Decía Italo Calvino que «las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos». Y de ciencia.

Bilbao será la semana que viene una buena muestra de ello. Cuando se levante el telón del Palacio Euskalduna, más de cien divulgadores harán su magia sobre el escenario y, esperemos, embelesarán muchos corazones para la ciencia y sus demonios. Naukas es tan conocido que es casi absurdo que yo salga de mi letargo para escribir nada. Sobre todo, porque pertenezco a una de esas tribus interneteras en permanente gresca con la gente de Naukas.

Y, sin embargo, creo que es oportuno  que cuente mis razones para ir al (según creo) mayor evento de divulgación del país. Pero empezaré por una razón para no ir: no hay que ir a Naukas porque seamos “los herederos de Jorge Juan y de los novatores, los nietos de Cajal”, no porque seamos “las células de una planta que, aplastada muchas veces en la historia de este país, es imposible de matar”. No miro a nadie (porque, por lo demás, es un grande; pero me sirve para montar el argumento). Quiero decir, que cada uno vaya por lo que le de la gana, pero yo no voy por eso.

Conforme me hago viejo, mi tendencia a huir de la épica se hace cada vez más grande. ¿Qué es lo contrario de la ‘épica’? Patrick Süskind lo explica en un pequeño ensayo llamado “Sobre el amor y la muerte” cuando habla de la historia de Orfeo y Eurídice. Si nos fijamos, «el descenso de Orfeo al Submundo no debe interpretarse en modo alguno como una empresa suicida, sino como una empresa sin duda arriesgada, pero totalmente orientada a la vida y que incluso lucha desesperadamente por la vida».

En cambio, «hay que reconocer que el discurso de Orfeo se diferencia de forma agradable del rudo tono de mando de Jesús de Nazaret. Jesús era un predicador fanático que no quería convencer». No os quedéis en los detalles: quien dice Jesús de Nazaret, dice cualquier persona imbuida por esa idea (para mi, problemática) del sacrificio. Lo interesante es esa sutil diferenciación de épica y de lírica; entre la vocación de batalla y el gusto casi enfermizo por la conversación.

Sí, sé el berenjenal ético en el que me estoy metiendo. Y sí, soy consciente de la distopía antivacunas, homeopática y sin-puto-sentido a la que nos abocaría una generalización de mi (cada vez más preocupante) alergia a la épica. Por eso, entre otras cosas, soy socio de varias asociaciones que se dedican a luchar contra la superchería. Mi rollo, ya lo veis, es cabalgar contradicciones.

A lo que iba: mi argumento para ir a Naukas es justamente todo lo contrario. Hay que ir al Euskalduna porque es uno de esos sitios donde se puede vivir la “ciencia” como una fiesta (a pesar, incluso, de las ganas de batalla de – algunos de – los ponentes). Es un espacio que aún es susceptible de ser recuperado por la lírica y donde la ciencia, como Orfeo, sale de sus laboratorios y despachos para «luchar desesperadamente por la vida». Vayamos a Naukas a celebrar esa vida, esa ciencia y ese buen humor. Al menos, así voy a ir yo.