¿Por qué es buena idea cerrar todos los blogs de psicología y mandar a Siberia a los que protesten?

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Pese a que no soy la persona más sagaz del mundo, durante la semana pasada y mientras trasteaba las entrañas del blog  me di cuenta de que había un puñado de preguntas que me perseguían por la calle.

¿De verdad necesitamos más blogs de psicología? De hecho, ¿Necesitamos alguno? ¿No será todo esto otra muestra más de ego rancio y presuntuoso? ¿No es mejor rendirse a la evidencia, admitir que la verdad es que no necesitamos más gente parloteando y cerrar el chiringuito?

Siempre he sido más rápido que mis preguntas (y sospecho que en eso reside mi relativa salud mental) pero he de reconocer que esta vez las preguntas han sido más testaduras y rápidas que de costumbre.

No sé si me explico:

No te quieres enterar…

…de que la psicología es una ciencia joven, dinámica, en expansión; de que Obama ha dicho que esta es la década del cerebro y de que cuando un grupo de científicos trata de mejorar el mundo, el universo entero conspira para ayudarles.

Es nuestra obligación cívica confiar en los psicólogos y los neurocientíficos. La ciencia, aunque haya gente que aún lo dude, es lo mejor que le ha pasado a la humanidad EVER. Y la neurociencia no es más que el siguiente e inexorable paso.

Al fin y al cabo, cuando una disciplina entra en ciencia normal (esto es, deja atrás las ‘cosas’ de la infancia como las escuelas y las peleas de patio de recreo) queda poco más que hacer posgrados en coaching o en la última innovación terapéutica, montar un (ciber)consultorio y dedicarse a vender consejos basados en el el último artículo trending topic. Eso, queridos, es el aburrimiento consustancial a la ciencia madura y formal. ¿Para qué vamos a querer un blogger? ¿Para repetir por enésima vez lo que es el condicionamiento clásico? ¿Para qué busque cualquier escusa para volver a repetirnos lo de la Cárcel de Stanford? ¿De verdad? Llega un momento en el que hay que decir basta y ponerse a otra cosa. Lo demás es perder el tiempo.

La clave de una sociedad sólida y civilizada es aceptar una sencilla verdad, que la religión busca salvar almas; la política, el bien común y la ciencia, el conocimiento.

#Jajajaj

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Soy un cachondo. Tenemos la sensación de que la ciencia es un lugar etéreo donde reina el fair play y el buen rollo; un montón de tipos muy serios buscando la verdad con microscopios, análisis de covarianza y aceleradores de partículas.  Pero eso es un cuento para que podamos dormir tranquilos.

Hablaré más sobre el tema, baste con decir que cuando cuando el viejo Otto von Bismark dijo aquello de «hay dos cosas que la gente nunca debería ver cómo se hacen: las leyes y las salchichas», se estaba refiriendo también (y sin saberlo) a las leyes científicas.

En psicología para no irnos muy lejos, un año y poco después del Primingate ya hay voces denunciando que con la excusa de la replicación se han iniciado ya más de una caza de brujas.  Y es que la ciencia es sangre, lodo y presupuestos de investigación aunque luego se vistan de frac y vayan a recoger el nobel. Esa es la belleza de lo humano aunque a muchos no acabe de gustarle.

La cruda realidad es que si tuvieran lo que hay que tener, la Editorial Laetoli sacaría un libro llamado «La ciencia, ¡Vaya timo!». Pero no lo harán. No hay huevos.

Y ante esto ¿Qué dice la blogsfera?

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Por deporte, me puse a ver cuales eran los blogs de psicología con más seguidores, más eco o más presencia en el algoritmo de Google. Y el resultado se puede resumir en ese neologismo que acuñó Daurmith: #Punsetadas Hay cosas dignas, claro, pero están en franca minoría.

Los que saben algo de esto dicen que hay tres niveles: el periodismo científico, la divulgación científica y  hacer el mamarracho confundiendo a la gente bajo un halo presuntamente científico. No voy a perder ni un segundo en clasificar cada uno de los blogs. Pero, ¿de verdad necesitamos una lista más sobre como los sentimientos positivos nos ponen en el camino de la felicidad y blablabla? ¿En serio?

Y ¡ojo! no lo digo desde una lejana torre de marfil. Yo puse en marcha una cosa llamada ‘Una Vida Interesante‘ que estaba en esa línea (al menos en cuanto a formatos). Me tragué punto por punto todas las tonterías sobre viralidad y ‘content marketing’. Lo que pasa es que al caerse del caballo unos se despiertan mientras otros parecen desarrollar importantes secuelas neurológicas.

Sé que decir banalidades vende pero tenemos que ir más allá. Es una cuestión ética. Hay una línea moral que no podemos cruzar.

El título del post es pura retórica e idealismo bonachón. Todos sabemos que ni hay suficiente napalm en el mundo para hacer justicia en la red, ni yo pretendo ser ese justiciero. Sólo pretendo levantar la mano y señalar que ¡Coño! El Rey está desnudo. No sé si es buena idea cerrar todos los blogs y abrir gulags en Siberia… de lo que estoy seguro es de que es el momento de reflexionar sobre lo que hacemos.

Yo solo pretendo hacer un poco de buen periodismo deportivo. Y no sólo porque me encantaría escribir el ‘Fiebre en las gradas‘ de la ciencia, sino porque creo que hace falta una visión alejada del romanticismo absurdo que ayude a darle una dimensión social adecuada a la ciencia. Y más aún, porque creo que escribir, si se sigue el consejo de Hank Moody, hace del mundo un sitio mejor.

Dos citas y una canción desesperada

O mejor dicho, dos citas y un coralario par acabar este post. Ayer mismo en twitter Juan Ramón Barrada decía que

La investigación en psicología está cambiando a un ritmo intenso y la transiciones suponen roces. Época interesante.

A eso, sólo podemos añadir lo que escribía Andrew Sullivan en su genial ensayo «Why I blog»

Durante siglos, los escritores han experimentado con formas que evocaran la imperfección de pensamiento, la inconstancia de los asuntos humanos y el paso del tiempo que todo pone en su sitio. Pero a medida que evoluciona el blog como forma literaria, está generando un nuevo y esencial idioma posmoderno que permite a los escritores expresarse de formas que nunca se han visto o entendido antes. Sus verdades son provisionales y su ethos colectivo y desordenado. Sin embargo, la interacción que permite entre el escritor y el lector no tiene precedentes, es visceral y a veces brutal. Y no se equivoquen: anuncia una era dorada para el periodismo.

Así que, psicólogos del mundo, es hora de hacerse mayores. El siglo XXI ha puesto el mundo al alcance de nuestros teclados. Un mundo lleno de miedos, de sufrimiento y de desesperanza. Es hora de abrir uno, cien, mil blogs de psicología.

Es hora de ponerse a trabajar.