Multitarea: Por cierto, ¡Cómo cambian las cosas!

A propósito del tema de la multitarea, una de las cosas más interesantes de estudiar la historia de las emociones, las creencias y las mentalidades es ver cómo va cambiando la forma en que entendemos el mundo. Cómo cosas que son importantes para nosotros, no lo eran antes en absoluto. Cómo algunas cosas que antes se anhelaban ahora se han convertido en pesadillas.

Cuando Leo Read escribió su famoso «Yo, el lápiz» (un ensayo en el que un lapicero contaba su propio proceso de fabricación) nos hizo también la cartografía del mundo industrial de la monotarea: un mundo de barrenderos, serradores, fareros, transportistas y artesanos. Miles de personas que dedicaban (o que dedican allá donde aún no han llegado los robots) su vida a hacer una sola tarea con precisión milimétrica.

En ese mundo industrial que hoy no recordamos, la posibilidad de dedicarnos a varias cosas era toda una utopía revolucionaria. Decía Karl Marx en «La ideología alemana» que

En efecto, a partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le viene impuesto y del que no puede salirse […]. El paso que en la sociedad comunista […] hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.

Sé, de buena tinta, que este pasaje tiene distintas lecturas, pero como estoy con el tema solo puedo pensar en aquello de «Cuidado con lo que deseas, que igual se te cumple…«