Los tres mejores libros de 2018

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“Allí le dí mi pecho” de Klaas Ébru

A simple vista, “Allí te di mi pecho” parece una novela erótica situada en un futuro tecno-distópico. Como si ambientáramos “Cincuenta sombras de Grey” en el año 3245 y sustituyéramos el componente sadomaso por una enorme cantidad de parafilias realmente sorprendentes. Pero nada de eso. Su autor, Klaas Ébru, es hermano trapense en la Abadía de Our Lady of Gethsemani en Bardstown (Kentucky), el título es una referencia al ‘Cántico Espiritual’ de San Juan de la Cruz y la cita con la que se abre el libro es de Pierre Teilhard de Chardin, el teólogo de la singularidad.

 

Es decir, sí, “Allí le di mi pecho” tiene 83 (¡83!) escenas de sexo — algunas capaces de sonrojar al actor porno más experimentado; tiene batallas espaciales, comida liofilizada y una discográfica dedicada a resucitar clásicos del reggaeton y el trap de principios del siglo XIX. Pero eso es solo la superficie: en realidad, Ébru nos ha regalado una profunda reflexión sobre nuestras relaciones con Dios en una época marcada por el materialismo, la tecnoutopía y el ensimismamiento de la razón.


“Una novela catalana” de Queralt Lluna

Conocí a Lluna en un concierto de Santi Araujo en el bar Belmondo de León. La conocí, pues, como todo el mundo, como cantante. “Una novela catalana” es su primer poemario, está escrito en catalán y es solo una pequeña plaquette editada por una pequeña editorial barcelonesa con tintes lorquianos que recién ahora echa a andar, ‘La calle más feliz del mundo’.

 

Bueno, un “poemario”. Lluna es hija bastarda de la Anne Carson de “la belleza del marido” y una versión aún más sangrienta de Quentin Tarantino. Con un ritmo enloquecido, unas punzadas líricas que llegan al alma y unos excursos filosóficos de profundidad  casi errejoniana, la poeta nos habla de una noche en un vagón de cercanías parado en mitad de ningún sitio. 

 

Puede parecer que no es poesía, pero si esto no es poesía yo ya no sé nada de la vida. Seguratas budistas, señoras que ven fantasmas, litros de ratafía, un pollo sin cabeza, un andaluz que se inventa cosas y media docena de macarras que no paran de citar la Fagueda d’en Jordá se pasean por el que será, sin lugar a dudas, uno de los libros más singulares de la recepción literaria del ‘Procés’.


“Pencil shavings. A brief history of small ideas” de Roi Halfenaked

Casi todos los ensayos sobre historia de las ideas tratan sobre las grandes ideas: la libertad, la verdad, la democracia o la belleza. Roi Halfenaked, profesor Piltdown de microhistoria de la Universidad de Dakota del Norte en Stanley, no ha escrito un libro así. Ha dedicado buena parte de su vida a desenterrar, estudiar y documentar la historia de decenas de ideas pequeñas.

 

“Las grandes ideas son, efectivamente, bombillas, focos, faros. Iluminan nuestra vida en común porque, como dijera el juez del 6º circuito Damon J. Keith […], la democracia muere en la oscuridad. […] Pero no podemos depender solo de ellas. A veces se va la luz y necesitamos velas, cerillas y linternas. Ideas más pequeñas, menos elegantes, más rudimentarias, sí; pero ideas que nos mantienen vivos”, escribe Halfenaked en el prólogo. Y funciona.

 

Es más, es descacharrante. Como si Isaiah Berlin se hubiera curtido en las salas de comedia en vivo de Nueva York y escribiera sobre la iconografía política del flequillo despuntado, la relevancia de la dieta equilibrada para la teoría de la justicia contemporánea o el papel que jugaron los libros imaginarios a lo largo de la historia cultural de Occidente.