Miedos

En mi contexto se trata del miedo a estar trabajando en una dirección que no sea la que construya el futuro que deseas, o el miedo a sentirse incapaz de conseguirlo, el miedo al fracaso sin vuelta atrás, el miedo a perder la identidad propia en pos de la identidad de un grupo, el miedo a tener que elegir,  el miedo a no tener el dinero que te permita tener la autonomía para seguir construyendo tu vida, tu profesión…

María Gómez Javaloyes

31 comments

  1. Un buen resumen de esa dimensión de la cultura de la descomposición de la que tanto hablamos y un buen fundamento del «individualismo pasivo» tan de estos tiempos. Estoy leyendo estos días bastante en el entorno quincemista sobre la ideología de los cuidados o los cuidados como ideología, según se mire… y me parece parte de lo mismo, al final hay una reclamación de lo terapeútico en los otros, en lo político que me genera desconfianza seguramente porque parte de un autorelato de la indefensión que no puede dejar de darme cierto coraje tanto por colocarse el autor en un plano de inferioridad, de incompletitud como porque llama al lector, osea a mi, a hacerse cargo de él… me viene a la cabeza la exigencia de aplauso del 15M, exigencia por el hecho de que se movieran que se ponía por delante del juicio a la utilidad o significado del movimiento. Supongo ahora que esa exigencia se daba desde ese plano, claro.

    1. un momento! como ya he dicho que comparto ese párrafo, con vuestro permiso, voy a ser un poco tiquismiquis :)

      ni de lejos creo que la frase de María sea un relato de la indefensión y, de hecho, podéis leer como ella misma dice que no es un “lloriqueo”, y en el siguiente párrafo ya lo está deshechando para “pasar de ser víctimas a ser equilibristas”. Y todo el post es purita apología de la deliberación entre blogs partiendo de la construcción personal. Además no hay quincemismo ahí, están manos a la obra, en todo caso, hay desconocimiento del mercado, pero no rechazo ni reclamación de rentas…

      Y para no hablar más de otros sino de mí, y dejar el modo tiquismiquis, qué susceptible soy… ;) sigo con el tema. Para mí, esos son los miedos propios de comenzar el camino de la autonomía y la libertad, por eso los relacionaba con el artículo de Javier sobre su grito de independencia. Y lo puse todo junto en un post porque creo que son algo a tener en cuenta en esos procesos de relacionarnos entre gente que está en marcha pero empezando. Dicho claro: si a veces tengo miedo a elegir es porque el día tienen 24 horas y hay mil cosas que tengo que hacer y en muchas voy lenta porque no tengo experiencia, o si tengo miedo a igualar mi identidad a la del grupo es porque mi comunidad real está “en obras” y en medio de un proceso deliberativo que acaba de empezar, sobre la no vuelta atrás… siempre hay, pero debo reconocer que la sentí con el tema del seguro decenal, jije

      Sobre los cuidados y tal, yo creo que hay gente que coja lo que coja, lo hace casposo o quejoso, así que el problema no es el significante, sino el significado que le dan esas personas, por eso hay que ir tan rápido construyendo nuevos significados, no?

      Y para terminar decir que un poco sí, que releyéndolo es verdad que, sacado de contexto, el párrafo puede representar bien a los que están parados reclamando. Pero vamos, que no iba por ahí la conversación… Esos, creo que ni siquiera tienen blog, sus frases se hubieran perdido en el timeline de facebook y no los podríamos enlazar ;)
      ¡Abrazos!

  2. Es que está llegando el momento amargo del que hablabas, que temías, hace un año y medio, David. Pero se puede superar, y se superará. Sólo hay que conseguir que vean/veamos las vías alternativas y las armas disponibles.

  3. Sobre “me llama a mí, al lector, a hacerse cargo de él”:
    Lo que yo entiendo es que los “autores indefensos” niegan la posibilidad de ser ellos los que cambien nada. Si el lector (como entiendo que es el caso de David) se siente capaz de realizar cambios entonces se ve obligado asumir la responsabilidad de esos cambios ya que el autor se ha despojado de dicha responsabilidad.

    Además se podría interpretar el acto de escritura del actor indefenso como una queja o demanda de cambio por parte de los demás. Aunque ya es más ambiguo.

    Saludos.

  4. ¡Hola, familia!

    Es verdad que podía haber cortado el párrafo en otro sitio, pero lo que me interesaba era la descripción: por lo que se respira, esas frases son una radiografía de los miedos que están en la calle.
    No es que el miedo sea malo ‘de por si’. De hecho, una gestión adecuada del miedo es básica en el desarrollo de una vida plena. La clave está en, como decís, saber aprovechar los miedos. Aunque para eso tenemos que ser conscientes de que existen y no invisibilizarlos tras una manta de voluntarismo.

    Ese es el riesgo del asunto, donde apunta David: hay un punto medio entre el voluntarismo inconsciente y la indefensión quejica que es la piedra de toque de toda vida interesante (y la responsabilidad de encontrar ese punto no se puede dejar al otro como si no fuera con nosotros o fuera nuestro derecho que nos solucionaran la papeleta).

    Por otro lado, leyendo, no sólo el post, sino el blog de María se nota que no hace apología del miedo, por eso no me pareció importante remarcarlo. Pero lo hago ahora, :)

  5. A mí es que me ha chinchao/chocado lo del “autorelato de la indefensión” en un post en que casi acabo diciendo “Reconozco ser un esclavo que se entrena para escapar a puñetazos, machetazos y tiros. Y, si puedo, quemaré la plantación con toda la Casta dentro.”

    Picajoso que es uno :P :P :P

    1. Juanjo, o como te conocemos en mi casa de hoy ‘el Espartaco murciano’ :p , no creo que fuera que tu hacías un ‘autoretrato de la indefensión’, en ese post de hecho criticabas el ‘autoretrato de indefensión’ que se había popularizado con el 15M y planteabas otro ‘encuadre narrativo’ para seguir trabajando. Por eso el enlace a tu post tiene todo el sentido del mundo ¡pero en sentido contrario al que crees!
      :D

  6. Bueno, por continuar las reflexiones y por las alusiones indianas ;) diré que, como el título del post quería hacer evidente, y como dicen Ester y Javier, el objetivo no era hacer una apología al miedo. En todo caso lo sería al “sin miedo a perderse”.
    Pero vamos, por decir algo que no dijese ya en el post, añado que la motivación principal de escribirlo fue el sentir ese miedo en otras personas cercanas que sí pueden tener en estos momentos cierta parálisis, un efecto de lo que entiendo que llamáis descomposición, por no tener la fortuna de sentir la convicción de lo que está haciendo, no tenerla al menos constantemente. Y sí, lo hice porque son cercanos, porque además les admiro, porque sé que esto no define a la persona, sino a una etapa de la persona, y porque sé que hay que trabajarlo, cada uno en su contexto, como pueda. Esas personas me ven a mi muy convencida, y eso no les ayuda si no transparentizo que, como dice Ester, estamos empezando ese camino de la autonomía y la libertad y si no tengo miedo en un momento dado es porque lo transformo o porque estoy demasiado ocupada en lo emocionante que es aquello que estoy emprendiendo.
    Supongo que al final, si lo que se quiere no es señalar con el dedo a ”los que tienen miedo, o están confusos, o descompuestos”, sino otra cosa, pues todos tendremos que desarrollar un poco la labor del Instituo Storge en nuestros contextos, en distribuido y sin el rigor de los expertos que se dedican por completo a ello, pero si el de la experiencia de las personas que por fortuna tengamos de la manera más constante posible la convicción de lo que estamos haciendo.
    Así que, felicidades por vuestra labor, Javier.

    1. Yo es que creo que no habéis entendido el comentario de David porque os falta algo de contexto. Usa tu descripción de los miedos como clave interpretativa para leer una serie de artículos sobre ‘los cuidados’ que llevan un par de días dando vueltas en la mesa indiana.

      Tanto la gente de Aesir, como la gente que os habéis ido agrupando alrededor del máster DIWo sois una joya. Vamos, nosotros estamos aprendiendo lo indecible con la conversación… Así que en todo caso gracias a vosotros :D

  7. No sé si lo he entendido del todo bien, pero tengo un par de borradores sobre “la ideología de los cuidados” por ahí, sobre todo aquello que he podido tener delante de viva voz, a ver si me aclaro yo también y no echo mucha bilis…

  8. jije, qué farruquitos somos!

    Sobre los cuidados, como decía antes, pasa lo que con otras muchas cosas: en lugar de ponerse a cuidar su entorno (y para ello cuidarse a sí mismos) “reclaman” cuidados. Por eso, siempre se habla de las madres, esas “otras” idealizadas (y menospreciadas aún en esos contextos que las ensalzan) porque nos cuidan porque sí.

    Es curioso que no escriban como madres sino como hijos (y huérfanos), por eso sientes que tienes que hacerte cargo. Parece que se quiera pasar de papá-estado a mamá-sociedad. La cuestión es no ser pares… Que sí, que sí, qué bonito es el amor y que bien escribo palabros, pero “que cuiden otros”.

    Si, en cambio, vieran que lo que hacen las madres no es dar su vida por otros, sino crear abundancia en su entorno, de forma que haya amor (y de todo) para todos, otro gallo cantaría. Pero, claro, habría que arromangarse! Porque: obras son amores y no buenas razones

      1. Antes me he cortado de escribir esto, viendo tu comentario más abajo lo aporto:

        Mi madre siempre nos ha dicho que ojito con los salvadores porque si te dejas salvar, te dejas dominar. En nuestras sobremesas siempre se ha analizado cómo siempre hay gente dispuesta a ceder su libertad a cambio de esa salvación. Es el síndrome de Estocolmo, no?

        Y más aún, que ojito con ir de salvadora porque, si no pretendes dominar, siempre te van a maltratar o abusar como hacen algunos con su madre.

        Sabiduría casera :)

        1. Sip! No olvides que las madres eran, son, a las finales, las que sostienen la familia como comunidad real y que lo primero que te dinamitan grupos como los mormones, los quicos o el opus por un lado o sus equivalentes «new age» o «militantes» (desde los ecoprofundos a sendero luminoso) por otro, es la familia (si no entra la familia entera en el grupo y se deshace en el todo grupal, claro).

  9. Ester, Juanjo, María… Os consideramos nuestro entorno, así que somos sensibles a lo que decís. Y en estos posts últimos vuestros diagnosticáis sobre todo una actitud-entorno de miedo, sensación de indefensión, etc. Ese diagnóstico es el que enlazaba, igual que enlazaba un post de Javier con el texto «plano de inferioridad, de incompletitud» y no creo que nadie piense que Javier se sitúa en un plano de inferioridad o se defina como un ser incompleto.

    Dicho esto y espero que calmados los ánimos conversacionales, me gustaría volver a los temas que me parecen centrales en esto y que resumiría en varios puntos:

    1. Se está formando un autorelato cada vez más extendido, especialmente entre la generación que ahora tiene menos de 30 años, es un ethos de desamparo, de desconfianza, un relato que define a la persona desde el miedo y la incompetencia como punto de partida. Muy cristiano todo. Y letal.

    2. Ese ethos del miedo y el «individualismo pasivo» que comporta es personalmente destructivo, aislante y políticamente peligroso. Sobre él se construyeron en la Historia del siglo XX los consensos sociales que mantuvieron en pie a los peores autoritarismos durante décadas.

    3. Aparecen una serie de «ideologías de los cuidados» que entienden la movilización y en general cualquier forma de socialización alternativa como un happening terapeutico de cuidados mutuos. Esto, además de descompuesto -parte de una concepción de la persona como un ser no autónomo que necesita del grupo meramente para mantenerse en pie- me produce pavor. Todas las tendencias sectarizantes siempre han construido los grupos así, desde los jesuitas al a las dinámicas del MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia) de cuando yo era adolescente: partiendo de esa idea de la persona en general como caracterizada por la soledad, el desamparo, la incompetencia para construir y la falta de autonomía personal, dar como alternativa y respuesta el grupo, la ideología y/o el líder. De esa manera las relaciones interpersonales que hacen de verdad una comunidad se debilitan hasta lo cuasi ritual o meramente funcional (el cuidado). En los grandes movimientos políticos autoritarios igual, nunca me olvidaré de Milosevic y su «nunca más os volveremos a dejar solos».

    Resumiendo: ya se que esos «miedos», esos sentimientos, están ahí. Pero pavor me da incorporarlos al relato, siquiera sea como fundamento a negar. Creo que es un terreno peligroso -descompuesto- donde la mejor intención puede volverse en contra a la mínima.

    Es curioso como a los indianos nos asocian siempre al «entusiasmo». Siempre me llamó la atención y ahora lo empiezo a entender. Nosotros siempre partimos en el relato de lo que creemos que podemos ser y hacer (cualquier cosa), nos equivocamos mil veces y nos partieron el corazón mil veces más… e incorporamos la resiliencia, la capacidad de rebotar y reinventarse, como un valor, un motivo de orgullo más. Nuestro discurso fue siempre «comunidad de los libres, hermandad de mercaderes», si no nos veíamos cada cual como seres libres y autónomos plenos, no íbamos a encontrar pares así y por tanto a construir jamás una fraternidad por mucha autonomía económica que colectivamente tuvieramos.

    Osea es el discurso opuesto a esos relatos de los orígenes en los que seres atorados por la dificultad y el miedo se organizan o son recogidos por algo que les trasciende y les cuida. ¿Será que temo mucho el papel político de los «cuidadores»? Creo que es más bien porque temo el tipo de personas al que se llama haciendo esos relatos y las relaciones de dependencia que alimentan.

    1. Se me ocurre añadir algo. A mí me da miedo no sólo que surjan políticos “cuidadores”, no sólo que en masa se les siga votando como posibles soluciones, … . Me da miedo, que como en el 15M (por ponerlo de ejemplo, y no dudo que puedan surgir comportamientos constructivos de este movimiento), surja un sentimiento general de que lo que tenemos que buscar sea UNA solución a todo esto. La idea de que todo problema que se plantee tenga UNA solución, y que sólo nos falte tiempo para encontrarla, me da miedo. Una solución a una gestión de algo (lo común de todos y del todo) requiere mucho trabajo, y más remarcable (a mi parecer), requiere un trabajo constante e incesante. Me da miedo buscar que se busque UNA solución para CADA problema.

      1. Miedo más que justificado. Eso ya está pasando, sobre todo en los ámbitos quincemeros (que vienen ya a ser la mayoría) donde los trepas políticos pescan fotos, posición y seguidores. Por suerte, hay algunos temas vacunados contra ello por la “bendita” descoordinación.

      2. Para mí este miedo, que también comparto, es algo más o menos atemporal. No sé si peco de optimismo pero diría que una de las ventajas del postmodernismo (o el nombre que quiera darse a esta rosa) es que dificulta mucho la emergencia de Un Salvador.

  10. Andaba pensando en el post que escribe hoy Juan reclamando el valor de decir “No!” cuando encuentro esta conversación que me parece que ilumina perfectamente la idea que quería transmitir.

    Y es que el debate viciado por la presión social y el entramado ideológico, ese que obliga a cualquiera a posicionarse con una respuesta al “¿y tú que harías?”, no es más que otro mecanismo de control que busca infundir el miedo a la propia incompetencia, llevando al individuo al «plano de inferioridad, de incompletitud» del que solo puede salvarlo el que ya tiene respuestas para la pregunta viciada.

    Hace unos días, entre un grupo de amigos que discutían sobre “la crisis y su solución”, uno de ellos que no participaba en el debate fue al final increpado con un “¿y tú qué?¿es que no opinas nada?”. Con no poca ironía respondió: “llevo toda mi vida viendo como resolvéis los jeroglíficos de la sección de pasatiempos sin entender cómo lo hacéis…¿y todavía me pedís que os dé la solución a la crisis?”

    Reivindico el valor de sentirse desnudo y no por ello inferior: el problema de tener frío no se soluciona escogiendo entre una u otra marca de ropa (o un posicionamiento ideológico, o una respuesta al uso al “¿y tú que harías?”). No a todos nos interesan los jeroglíficos y quizá algunos andemos pensando en problemas a otra escala y centrados en nuestro propio contexto y entorno.

    Es esta situación donde se anulan las divergencias, se imponen los límites del debate y se obliga a tomar partido en un ámbito estrecho porque “esto es lo que hay”, la que nos deja en manos de esos cuidadores que, como a David, cada días me dan más miedo.

  11. Con estos ultimo comentarios (y leyendo más algunos links) he comprendido los peligros que estais detectando en el reclamo de los cuidados, (la madre nación), en el autoproclamarse cuidadador/a, (las sectas), en el de formar algo que no parta del sumatorio de personas decididas a construir su propia autonomía, (los colectivos en los que se pierde el nombre de la persona o que nacen por arrebatos)y en el de relatarse desde las dificultades de lo que está por hacer más que desde cómo estás resolviendo lo que estás haciendo, porque el día tiene 24h y hay que focalizar donde se quieren concentrar las energías…
    Aún así para mí es importante contar también la fragilidad de las cosas, y más de las emergentes, porque eso puede permitir que hagamos herramientas más apropiadas para gestionarlas…y así hacerlas fuertes. Esto para mí no significa considerarse débil o en desventaja…o reclamar políticas de discriminación positiva…Pero no sé, supongo que necesito vivirlo más y explicarlo mejor.

    En cualquier caso, gracias Ester, David, y los demás, porque todo esto me sirve para estar atenta e ir afinando un poco más en mi hacer diario.

    Ester, que grandes frases las de tu madre, ;)

  12. Me pilla con el móvil, así que seré escueto. El “pique” era impostado. Básicamente, David, tienes razón, y de hecho recuerdo mucho la conversación de hace año y medio en que temías precisamente una deriva del movimiento en amargura y desesperación. Se está haciendo realidad.

    Sin embargo, y si te he entendido, creo que en el relato sí debe aparecer ese momento de amargura para “narrar hacia” otro estado de ánimo. Me parece fundamental. Luego me extiendo más en el pecé.

    Loviu all!!!

  13. Bueno, al final tras releer en pantalla grande, puntualizaría de nuevo que mis ánimos no han estado sino en calma :)

    Y concretar que sobre todo, que a esos cuidadores y cuidados, a esos grupos que se arraciman agachados como para protegerse del frío, que están encogidos, sin capacidad de maniobra de defensa o ataque (es la imagen mental que no sale de mi cabeza)… a esos, ¿cómo llegar sin meter en el relato una imagen que puedan asimilar a sí mismos y que les cause suficiente rechazo como para levantarse por impulso? Porque si toda esa gente necesitada de cuidados escucha un cuento que no les contiene, apenas van a entenderlo y menos a sentir una pizca de comezón que les lleve a activarse.

    Al menos, en mi entorno quincemero, los que han conseguido salir del lastimoso rollo amargo que, como decía antes, temíais hace un año, ha hecho falta confrontarlos con esa imagen de pedigüeños encorvados.

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