Lo que elegimos dejar perder por la tecnología

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Un apunte rápido. Todos sabemos, aunque nadie dice por miedo a que lo tilden de peligroso magufo, que los constructores de pirámides tuvieron ayuda extra. Más allá del ridículo ingenieril de pensar que cuatro egipcios mal contados pudieran elevar esas estructuras, ¿Cómo se explica (sin ayuda exterior) que dejaran de hacerlas? ¿De verdad es verosímil que un día el faraón y dijera “dejen de hacerme esas pirámides que, pese a que son la demostración más clara de mi poder y gloria, no combinan con las cortina del salón”? ¿Se piensan los egiptólogos que somos idiotas? ¿Se creen los del Área 51 que no tenemos ojos en la cara?

En fin… Pirámides, Mayas, Illuminati, Templarios, el Priorato de Sión, las marcas en el maíz, las caras de Bélmez, Cayetana de Alba y ahora… Google. Poco se habla del daño que está haciendo Nicholas Carr a las buenas gentes que se dedican a los medios tecnológicos.

En el capítulo de hoy, Javi Pastor (uno de los periodistas tecnológicos en español que más respeto) volvía a la carga con el tema de marras.  La buena noticia es que el enfoque es un poco mejor que la última vez que hablé de estos temas por acá. La mala es que hoy tenía cinco minutos libres. El artículo tiene varias lecturas: unas muy positivas y otras que pueden llevar a engaño a alguien que pasee por allí.

Dejo el análisis pormenorizado para otro momento. Porque como comentaba la última vez, lo importante sean en el antiguo Egipto o en Silicon Valley es que el titular de Javi está mal. No se trata de “lo que la tecnología nos puede hacer perder” sino de “las cosas a las que estamos renunciando por la tecnología”. No se trata de que la tecnología nos esté engañando, se trata de que “there ain’t no such thing as a free lunch“.

Los egipcios sencillamente dejaron de valorar esas lápidas gigantes y pasaron a hacer otras cosas que lamentablemente no coinciden con nuestra concepción del progreso. Como decía Tim O’Reillyla Edad Media fue una elección“.

Hace bien mi tocayo en incitarnos a pensar. Ya sólo falta darnos cuenta de que “el futuro aterrador” del que habla no será fruto de la tecnología sino de las cosas que elijamos valorar, que quitarnos la responsabilidad de encima no nos puede hacer ningún bien y que todavía somos nosotros, y no Google, los que tenemos las llaves del futuro.

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