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La última en nuestra casa

whiskeyNos ha caído un proyecto en las manos y la verdad es que parece una aventura muy divertida. Ya saben que en el último lustro los productos alimenticios artesanos se han puesto de moda, hay ejemplos a miles (incluso, tenemos ejemplos indianos). Pues bien, siéntense un segundo: ¡Vamos a montar una micro-destilería! Bueno, a ‘ayudar a montar’ con un equipo experimentado y entusiasmado con el proyecto.

Como siempre, «ya daré más detalles». La idea original era hacer whisky, pero el proceso de elaboración es sensiblemente más largo y más caro. Por eso, el equipo destilero ha decidido empezar con la ginebra (y, a medio plazo, el vodka y el kirsch). Slàinte!

4 respuestas a «La última en nuestra casa»

Pues excepto por algunos temas técnico-sanitarios no hacen falta muchos requisitos, la verdad. Ya está el dinero para la inversión y todo.
Supongo que hará falta ayuda en la estrategia de comercialización y esas cosas. Ah, bueno… y seguro que harán falta catadores 😉

Me pregunto por qué no habéis elegido un destilado más local. Mi tienda gallega, que me traía un orujo aceptable a un precio excelente (7-9€) cerró. Las otras, por calidad peor, me piden el doble. Los anises son casi todos de ínfima calidad, excepto los de Rute (Machaquito, destilado doble o triple), pero hay que ir a comprarlo a un gran almacén de nombre inglés. Mi bodeguero me trae Ox, (14€), un aguardiente de orujo de Lugo, pero me dice que van a cerrar. En resumen, desde que desapareció la clase obrera industrial, gran consumidora de aguardientes más o menos artesanos de sus lugares de origen, se ha hecho muy difícil beber destilados que no ataquen el hígado y/o no se suban a la cabeza con facilidad (1). En los bares no hay otra opción que destilados de mucho nombre y dudoso origen. En cuanto a la cerveza artesanal, en BCN, desde el auge del movimiento cervecero de hace unos años, es posible encontrarla con facilidad, pero los bares especializados te clavan 5 pavos o más por el equivalente de una pinta. Llego al final y se me ocurre la posible respuesta: vuestro público “target” no bebe aguardientes de orujo. Lástima, porque estoy seguro que el Beato de Liébana hizo lo que hizo gracias al aguardiente de Potes. -:)

(1) El otro día agarré una medio moña con tres chupitos de orujo.

Sí, la razón fundamental de empezar con ginebra era aprovechar los últimos coletazos de la moda. Pero, voy a plantear hacer un estudio más completo de los destilados más cercanos. Leyéndote se me ocurre que quizá haya un nicho en el que no había pensado, ¿no será cuestión de imagen? La grappa italiana es esencialmente lo mismo (aguardiente de orujo) y es mucho más ‘in’. Me dejas pensativo…

¡Gracias!
Te mantengo al tanto 🙂

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