La tensión entre la verdad y el amor

12356445454_4f46208be8_kAyer publicaba en Xataka un artículo sobre la hipersensibilidad electromagnética decía algo que me ha dejado pensando

Calificar el problema como mero trastorno psicológico o equipararlo a las posesiones demoníacas no resuelve el problema sino que lo complica al reforzar el estigma que hay sobre la salud mental. Un estigma que invisibiliza el problema real haciendo más costoso a nivel personal tener un trastorno de ansiedad que una ‘alergia a los campos electromagnéticos’.

Lo hemos visto en otras ocasiones y creo que a veces no nos damos cuenta de que al divulgar las ciencias biomédicas estamos trabajando en dos áreas de diferente naturaleza.

La biología o la psicología son ciencias positivas. La medicina y la psicoterapia, no. En medicina, importa más la salud que la verdad. Y aunque hemos descubierto que la verdad es el mejor camino hacia la salud, eso no excluye (ni muchísimo menos) que tengamos serios problemas para compatibilizarlas.

He de reconocer que esto me recuerda a una vieja idea católica, la de la tensión permanente entre la verdad y el amor. Una tensión que sólo se resuelve
en Dios, pero que para nosotros, mientras tanto, solo tiene una solución temporal en la práctica cotidiana.

Esa tensión anida también en el corazón de la divulgación y el periodismo sanitarios. Aunque la mayor parte de divulgadores (quizá porque la mayoría vienen de la divulgación científica) no quieran reconocerlo. No, no podemos convertir las páginas de salud, medicina y psicoterapia en una competición para ver quién es más listo, más ocurrente o, en definitiva, quién la tiene más larga.

Recordádmelo cuando se me olvide. Recordadme que «primun non noncere».

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