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La idea del Estado en la embate actual

Argentina es el único país importante que ha abandonado el Primer Mundo. Durante años se ha presentado su extravagante y melancólica peripecia durante el s.XX como una aberración en la era del crecimiento. Sin embargo, en mis noches de insomnio Argentina es la primera democracia avanzada del mundo, y las demás tarde o temprano se irán desplomando hacia un equilibrio oligárquico-demagógico, que es de esperar que a largo plazo conduzca a la tiranía, y a un nuevo ciclo político aristotélico (democracia-tirania-oligarquia-democracia). Al fin y al cabo, Aristóteles consideraba la monarquía un régimen político superado, y creía inevitable la universalización (entre los griegos) de los sistemas constitucionales, probablemente al tiempo que educaba a Alejandro Magno.

(PeronistasKantor)

De hecho, haciendo una reflexión arendtiana, aunque quizás no del todo descabellada, cabría preguntarse si no nos hallamos en un momento histórico similar al Imperio. Un momento en el que el bienestar material de las masas, confiadas a un sistema de representación no absoluta pero insidiosamente difusa, ha sustituido al proyecto ilustrado de libertad y autonomía del que procede nuestra cultura política.

(La constitución romanaJorge San Miguel)

Las ideas importan.

Michael Walzer rastrea en su libro, la Revolución de los Santos, como la idea de estado (fijándose en las metáforas que se usaban para conceptualizarlo) cambió con la aparición histórica del puritanismo calvinista.

La tesis del Walzer es que hugonotes, exiliados marianos y otros grupos de matriz calvinista desarrollaron una de las grandes innovaciones políticas del mundo moderno, ‘la organización disciplinada y revolucionaria orientada a la reconstrucción social’. Este ‘desarrollo organizacional’  va de la mano del cambio histórico que progresivamente cambió la idea medieval de estado como ‘cuerpo político’ por la idea moderna de ‘nave del estado’.

Pensar el estado como un barco conllevaba la idea de destino, de puerto al que llegar. Y es alrededor de esto, de la superación de la concepción escolástica (que pensaba la sociedad como reunión para la vida buena, para una vida adecuada a la dignidad del hombre), donde las distintas ideologías modernas van construyendo su operatividad política. De hecho, un punto central de toda ideología moderna, como señaló Popper, es definir el fin del estado.

Hay muchas lecturas de la posmodernidad pero, al final, es ese ‘destino’ el gran bicho a batir. Al quitar el lugar de llegada, el estado se convirtió en una suerte de Holandés Errante y sin proyecto socio-político vimos el resurgir de movimientos ‘moralistas’ que corroen la trama política a la par que movimientos ‘para-despóticos’ que corroen la trama socio-comunitaria.

Reconstruir la idea de estado

Por eso el reto hoy es construir un discurso que pueda mantener ambas tramas (la política y la comunitaria), conectarlas y ponerlas a trabajar juntas. Por ejemplo, la propuesta confederal de Juan Urrutia trata de volver de la idea ‘teleológica’ del estado a una más orgánica, buscando un cierre no trascendente basado en la auto-organización y la evolución ciega. En esta línea, está también la catolicidad política de la que hablamos hace un tiempo o el Partner State de Bauwens.

Eso es el ‘nuevo relato’; en un universo en el que las ideas importan, diseñar un mecanismo ‘intelectual y narrativo’ que nos permita llegar a un mundo bueno.

P2P contra el status quo

Una nota al margen, aunque vinculada: Creo que hemos de ser conscientes de que si realmente queremos una salida p2p a la descomposición institucional no debemos caer en el ‘buenismo’; esto es, en pensar que ‘el cambio está en nuestros corazones’ o lemas extraídos de Paulo Coelho. Debemos trabajar por crear un entorno en el que la conducta racional (la conducta que mejor nos permita cumplir nuestros objetivos) sea la p2p. Digo.

8 respuestas a «La idea del Estado en la embate actual»

Me encantó el post, y sobre todo, la nota al margen. Para imaginarnos otras funciones para los estados hace falta que nos imaginemos otras formas de actuar para los individuos que interaccionan con él. Es decir, tomar la iniciativa para luego poder demandar al Estado qué queremos que haga o en qué queremos que no moleste. Seguiré investigando en los enlaces que propones…

Pues a mí me encantó la nota al margen y también el post 🙂

Gracias por enunciar en esa nota algo que ya pululaba en el ambiente: el potencial del P2P y el Comunal (de algo había de servir la herencia católica) como herramientas básicas de pensamiento y construcción de una nueva y mejor realidad.

Eso sí, cuando traduzca ciertas cosas a mis compis quincemeros tendré que morderme la lengua para no reproducir lo de su divinizado Paulo Coelho. Qué lástima de árboles para sus libelos, qué lástima…

Yo veo ahí, en la nota, todo un tema de investigación para que desarrolles en la escuela del procomún. De la primera parte, me pone demasiado malito ver citado a Kantor, quién me produce como entenderás, al igual que sus amigos que al menos dan la cara, repulsión moral e inquietud física.

Gracias chic@s. Muchas gracias 🙂

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Sobre lo de Kantor, David, te entiendo perfectamente. Es que a veces tengo tendencia a usar el blog como ‘bloc de notas’ sin explicar el porqué de las notas.
Lo que me parece más interesante es constatar que los síntomas sociales que vemos son tan obvios que hasta desde posiciones ideológicas y personales tan variopintas se reconocen. De hecho, la lectura de Kantor (que por cierto, ha cerrado el blog) y la blogsfera afín coincide casi punto por punto con el escenario de la descomposición: aunque sus recetas no sean las mismas. Por supuesto, citarlo no tenía más interés que el de ejemplificar este ‘consenso de síntomas’ y en ningún caso una vindicación de algún tipo.

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