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Ciencia de la Conducta Meta

Estamos en guerra

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En este Occidente que nos ha tocado vivir, la guerra tiene mala prensa. Si Mambrú se fuera hoy a la guerra, nos quedaríamos en el qué dolor, qué dolor, qué pena y se acabó; nada de sangre, ni veteranos, ni trincheras.  La guerra es algo muy otro que diría aquel, muy incómodo, muy impropio de gentes civilizadas.

Jus ad bellum

Aunque es justo decir que hay guerras que es necesario dar. Y por eso, incluso en nuestra cada-vez-más-pacifista tradición filosófica, existe la idea del jus ad bellum, el derecho a iniciar una guerra. Cosas como tener una causa justa, un buena intención, cierta probabilidad de éxito y la ausencia de otros recursos son cosas a tener en cuenta antes de coger el fusil.

Sería largo de explicar minuciosamente que es así, por eso voy a contaros una simple escena que se repite una y otra y otra vez. Esa situación proverbial en la que se dice algo así como «sabemos taaaaan poco de la mente» y te miran para que, en calidad de psicólogo titulado, certifiques que la psicología no tiene ni puñetera idea de nada de nada.

La psicología está adocenada, no porque sepamos poco. La psicología es mediocre y vulgar porque no hemos sido capaces de transformar la información en conocimiento, en una lógica ‘luminosa’ y llevarla a todos lados.

Nos hemos perdido por el camino. O si lo prefieren,

The confusion and barrenness of psychology is not to be explained by calling it a “young science”; its state is not comparable with that of physics, for instance, in its beginnings. (Rather with that of certain branches of mathematics. Set theory.) For in psychology there are experimental methods and conceptual confusion. (As in the other case, conceptual confusion and methods of proof.)
The existence of the experimental method makes us think we have the means of solving the problems that trouble us; though problem and method pass one another by.

Esta frase de la segunda parte de las Investigaciones Filosóficas resume la opinión de Wittgenstein sobre la psicología. En este extracto crítica un capítulo de Köhler (uno de los padres de la psicología de la Gestalt) en el que proponía, tomando partido por la neuropsicología frente al conductismo, que la psicología debía mirarse en las ciencias naturales; pero no en su estado de desarrollo actual sino en sus comienzos históricos.

Wittgenstein señalaba que el problema no eran los métodos o estrategias de investigación, el problema real era la confusión conceptual de la disciplina y eso es algo que pasa de un método a otro. Setentaytantos años después seguimos en una situación parecida: con una psicología presa de la esterilidad (barrenness).

Hace unos años (y durante un par de ellos) me hice cargo de un curso de elaboración de tests y escalas. Para explicar a aquellos estudiantes la ‘confusión conceptual’ a la que nos referimos Ludwig y yo, les pedía que, entusiasmados como venían de un curso anterior sobre psicoanálisis, operativizaran el ‘apego’ o las ‘relaciones objetales internas’. Reconozco que es muy divertido ver como pasan del entusiasmo a… maldecir a Bowlby y a Otto Rank en minutos.

En psicología nunca hubo un Paul Samuelson: alguien capaz de llevarse la disciplina tras de él y darnos un marco común sin familias sicilianas extorsionando gabinetes de psicología. Skinner (lo más parecido a Samuelson en psicología) estuvo a punto de conseguirlo, pero su promesa de ‘pax científica’ se escapó de la caja cual paloma supersticiosa.

Sin un marco común, todo se nos vuelve un diálogo de sordos más parecido a la izquierda radical donde hay más partidos que militantes que a una disciplina seria; todo se nos vuelve esterilidad y confusión.

Y no es sólo una cuestión científica (no es solo que necesitemos “disciplina, sistematicidad, exhaustividad, economía intelectual, ahorro de tiempo y esfuerzo, replicabilidad de resultados o explicitación clara de supuestos», que también). Es sobre todo una cuestión ética: la misma cuestión que separa a la medicina de la biología, la innegable certidumbre de que hay gente ahí fuera que sufre y que nuestro deber es intentar ayudar o, al menos, no hacer más daño.

Eso es lo que nos da derecho a ir a la guerra. Por eso, esta mañana, mientras tomaba un té con leche y medio cruasán con mermelada de ciruelas, he pasado a DEFCON 1 y he declarado el estado de guerra. Estoy en guerra. Quedan avisados.

Así que pasemos al ataque

Psychologists have a tendency to endow obsolete techniques with obscure interpretations

En 2005, Denny Borsboom, profesor de la Universidad de Ámsterdam, habló en el Congreso Internacional de la Psychometric Society como ganador de su Dissertation Prize. Fruto de aquella exposición, al año siguiente publicó en Psikometrica (quizás la revista más importante del área) “The attack of the psychometricians” un polémico paper (del que extraigo la cita de arriba) que podía haberse titulado “Elogio y refutación de la psicometría” y en el que arremetía con fuerza contra el aislamiento existente entre los psicólogos y los psicómetras.

Para que se hagan una idea es como si los economistas ignoraran completamente a la econometría; vamos, es como si todos los economistas fueran austriacos o astrólogos. Por suerte eso, en economía, no pasa (+).

Donde sí que pasa es en psicología. Y mucho.

Borsboom es, no lo voy a ocultar, un tipo polémico. Ya en 2004 (con “The concept of validity“) se había recorrido media Europa diciendo que todo lo que se había hecho en ‘estudios de validez‘ hasta el momento estaba equivocado. Aunque no le faltara razón, la mayor parte de los psicómetras se hicieron los suecos y el asunto no trascendió demasiado; recuerdo las tardes discutiendo sobre el artículo con mi profesor de Psicometría II y todavía creo que en aquel despacho fue donde más en serio se tomaron sus ideas.

Pero independientemente del gusto de Borsboom por la polémica (y de que en algunas partes su análisis fuera tendencioso), con ‘The attack of the psychometricians’ ponía el dedo en la llaga: algo pasaba en la psicometría cuando ninguno de los avances de los 40 últimos años habían pasado al mainstream de la psicología. Más aún, en qué estábamos pensando para que los avances científicos más importantes de los últimos años sólo habían tocado a la psicología más que para maquillar el dualismo tomista y darle un look neurocientífico.  Los motivos son complejos y combinan, como de costumbre, problemas teóricos, sociológicos e, inevitablemente, biológicos. Pero, y en eso estoy de acuerdo con Borsboom, la complejidad hace la cuestión más interesante.

Javi cogió su fusil

“Escribir buenos manuales introductorios”, “leer y publicar salvajemente” y “enfangarse hasta arriba en el trabajo sustantivo” fueron los tres frentes que el profesor holandés propuso en su trabajo para conseguir que la Revolución Psicométrica (la deseable integración entre logía metría) tuviera lugar. Pero, en realidad, esas son también las tres batallas de la Revolución Científica que estamos esperando.

Así que a partir de hoy queda confiscado este blog. Desde aquí, y ahora explícitamente, trataremos de mejorar la psicología peleando en el primer frente: escribiendo buenos manuales introductorios. O lo que es lo mismo, tratando de explicar de forma sencilla e interesante qué es esa cosa llamada psicología y haciendo agit-prop en favor de esa Revolución Científica que, como todas, nunca llega.

Pero personalmente también voy a pelear las otras dos batallas. Y soy un tipo duro. Estos días, tras la muerte de Gary Becker he sentido, una vez más, una envidia mal sana de la economía (+). Becker decidió escudriñar la realidad con lo mejor de su disciplina, la lógica económica: supongo que es poner el listón demasiado alto pero si me recordasen por llevar la lógica conductual (esa lógica luminosa de la que hablaba más arriba) a todas partes, sería feliz. Inmensamente feliz. Y esta guerra habría merecido la pena.

2 respuestas a «Estamos en guerra»

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