Emprender en psicología o la psicología de emprender

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Empezamos con la primera entrada de “Emprender en Psicología“, una introducción para la tarde del domingo.

Empecemos por el principio, emprender no es para todo el mundo. Bueno, supongo que podríamos sacar una versión descafeinada, baja en calorías y debidamente empaquetada de ‘emprendimiento’ que fuera para todos. Pero perdería la gracia: sería como montar en el tren de la bruja cuando el verdadero ‘emprender’ es en realidad una puñetera montaña rusa.

Emprender incluye momentos de vulnerabilidad, duda, culpa, miedo y ansiedad junto con ráfagas de adrenalina, pasión y felicidad. Por eso, aunque es una experiencia tremendamente enriquecedora y debería estar en todos los planes de estudios del planeta, es una opción de vida y no un destino manifiesto. Y el que diga lo contrario, es un imbécil.

Ale. Ya que me he desahogado un poco, podemos avanzar.

¿Qué es emprender?

Todo el que ha visto esa masterpiece del séptimo arte llamada ‘El diablo viste de Prada’ tiene una imagen muy clara de la importancia de la moda: Meryl Streep hablando durante 35 minutos sobre la importancia del azul cerúleo. Y lo cierto es que cada puta palabra de ese discurso era verdad verdadera. Las modas tienen una capacidad casi ilimitada para cambiar el mundo.

Y de repente, el primer mundo se partió en trozos, MacDonald’s sacó los productos de un euro y ‘emprender’ se hizo popular.

Seguramente necesitábamos a esta horda enfervorecida de cheerleaders del emprendimiento hambrientas de sangre para darnos cuenta de que el mundo había cambiado, de que las nuevas tecnologías estaban aquí para quedarse y, no tiene mucho sentido ocultarlo por más tiempo, están cambiado todo lo que sabemos sobre la profesión.

Pero una vez hemos superado la fiebre del converso, el flechazo con los eventos vacíos llenos de CEOs y niños de papá, y las empresas en Inglaterra ‘que valen cuatro duros’ lo único que queda es la terrible certeza de que tenemos que recuperar la responsabilidad de dirigir nuestras propias vidas.

Por eso, la idea de ‘emprendimiento’ con la que trabajaremos en esta serie es muy sencilla pero bastante radical. Implica descubrir, evaluar y explotar oportunidades. Y no sólo eso, apostamos por ser ‘emprendedores reflexivos’ porque esas oportunidades son el campo en el que aprender, innovar y reflexionar haciendo.

Para todo lo demás, Amazon y mastercard.

Emprendimiento y autoempleo, puntos en un continuo

No obstante, la cosa no es tan sencilla. La historiadora económica y consultora Claudia Kodja lleva un tiempo plantea la posibilidad de que, como nos explican en Las Indias,  el paro entre los menores de 24 años (un 20% de media global, 18% en EEUU) no sea una consecuencia pasajera de la crisis, sino el resultado de una tendencia que viene de largo y que refleja transformaciones profundas del sistema productivo

La perspectiva para cada vez más jóvenes, nos dice, es que el paso por la empresa sea puramente «oportunista» y temporal, una fase más del proceso de formación que culminaría en la incorporación al mercado como como autónomos vendedores de capacidades. Solo unos pocos de ellos serían realmente innovadores, formarían empresas incorporando a otros, y de tener éxito, obtendrían rentas. Pero todos vivirían de ello, solo que de la hegemonía de la relación empresa-asalariado se pasaría a la de la relación empresa-autónomo.

Aunque no me gusta ejercer de adivino, sí que todos los que nos dedicamos a estudiar la psicología desde una perspectiva ‘económico-empresarial y de tendencias’ tenemos claro que hay que estar preparados. Sobre todo, porque cuando el río suena, algo (aunque sea poco) de agua lleva.

¿Hay tantas diferencias entre ‘emprender’ y ‘auto-emplearse’? Hay diferencias. Eso es impepinable. Pero estamos hablando de cantidad más que de calidad: de diferencias de grado y no de esencias irreconciliables.

Esto es bueno por dos motivos: a) esta serie de posts tienen distintos niveles de lectura y podrán hacerte reflexionar sobre los temas que tratan a tu nivel. y b) la psicología profesional tiene una gran tradición en ‘auto-empleo’. Liarse la manta a la cabeza y montar una ‘consulta’ es algo natural y quiero pensar que eso nos da cierta perspectiva cultural que nos acerca, siquiera psicológicamente, a la idea de emprendimiento. No somos superhéroes, pero es normal: el kilo de superhéroe está por las nubes. Algo es algo.

La pregunta ahora es ¿Y tienen alguna utilidad estas entradas para eso que llamas ‘emprender’?

Curso de ‘Emprender con Mil Palabras’

A ver. No nos llevemos a engaño. Hace tiempo que sabemos que no hay varitas mágicas y que el que las ofrece es sencillamente un vende-humos. Nos ha costado aprenderlo, eso es verdad. El hombre es el animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sí, pero en los días buenos. Los días malos son una interminable sucesión de tropezones todos con la maldita piedra de las narices.

Por lo que sabemos a día de hoy, la mejor (sino la única) ayuda que se le puede dar a alguien que quiere comenzar un proyecto es conversar. Largo, tendido y sin pelos en la lengua.  Porque las conversaciones de verdad tienen la capacidad de aclarar objetivos, calibrar esfuerzos y ajustar expectativas.

Por lo tanto, esto no es ‘management’. Comparado con el típico escritor de management, yo soy un tipo pesimista, rellenito y, la verdad, poco exitoso. Soy el típico aguafiestas que levanta la mano en medio de la discoteca del emprendimiento cool y dice “no se puede aprender a emprender con mil palabras”.

Cosas como la ‘autonomía para comenzar’, la ‘proactividad a largo plazo’ y la ‘persistencia frente a obstáculos y barreras’ (típicamente identificadas con ‘El Emprendedor’) no son habilidades que no se puedan entrenar. Casi todo con paciencia y saliva se puede entrenar. El problema es que hay dos cosas en la vida: la primera es que es demasiado corta para hacer hojaldre y la segunda es que es demasiado compleja como para resumirla en un post-it (o en tres habilidades).

Mi opinión es que no podemos entrenar a la gente en ‘conductas emprendedoras’ porque éstas son terriblemente dependientes del contexto. Pero sí que podemos hacer otra cosa: entrenarnos en hacer las preguntas correctas, en entender situaciones y en ser flexibles. Y oye, por la gloria de mi madre que ya es un gran paso.

A eso vamos a dedicar esta semana: a preguntar, a entender y a llevar a cabo. Pero por si acaso se me va la pinza y sólo doy palos de ciego, meteré un par de chistes rematadamente malos en cada post. Menos da la maldita piedra de las narices.

¿Por qué esta serie de entradas?

Por dos cosas, la primera es que al ser ‘Modelos de Negocio en Psicología‘ una de las entradas más vistas del blog, no hay que ser un genio para ver que hay interés en el asunto. La segunda fue un viaje en Blablacar. Una estudiante del último curso de psicología me preguntó «¿Qué hago con mi vida?» y, para alguien que dirige un observatorio sobre el futuro de la psicología que cartografía ‘modelos de negocio’ por todo el mundo (de un gimnasio emocional en Bilbao a una empresa de psicometría en Australia), mi respuesta fue bastante vergonzosa. Aquel día empecé a responder a esa pregunta y esta serie es sólo un trocito de esa respuesta.

One thought on “Emprender en psicología o la psicología de emprender

  1. la vida es demasiado corta para hacer hojaldres…me sacaste una carcajada y eso no es facil en mi…que gran frase, a ver si no me la olvido…

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