El que comparte y comparte se lleva la mejor parte

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Ayer salía en Genbeta un post de Matías S. Zavia sobre por qué la gente comparte cualquier cosa (hasta cosas muy muy muy íntimas) con tal de tener sus 15 minutos de fama. Por ese motivo, estuvimos charlando sobre el tema y ahí salgo en el post hablando de personalidad y redes sociales.

El otro día leía en Xataka cómo el negocio de la alfombra roja se está trasladado a Instagram: las celebrities abren parte de su intimidad a las redes sociales, los contadores de likes revientan y las marcas acaban entrando al trapo con un contrato millonario para estar en la foto. Casi parece competencia desleal para los pequeños y medianos «influencers», esos famosillos nativos de las redes que se han construido una audiencia a base de compartir su vida y aficiones con todo el mundo.

En este artículo intentamos descascarar la psicología que se esconde detrás de ese perfil, cada vez más habitual en Internet. ¿Por qué hay usuarios compartiendo hasta los aspectos íntimos de su vida cuando otros ni siquiera se fían de publicar fotos de sus hijos?

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