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El misterioso caso del paper censurado: ¿Qué pasó realmente con el artículo de Hill y Tabachnikov?

El 7 de septiembre de 2018, la revista Quilette publicó un texto explosivo. Un artículo matemático había sido censurado no una, sino dos veces por el sencillo motivo de exponer un punto de vista «ofensivo» para el «activismo académico» feminista de Estados Unidos. La historia rápidamente se ha convertido en un ejemplo casi paradigmático de la lucha entre la ideología y la ciencia que esta última está empezando a perder. En los últimos días, el asunto ha vuelto al debate público como  contra la censura científica. 

Sin embargo, a poco que nos ponemos a indagar sobre lo que realmente sucedió con el paper de la discordia, nos damos cuenta de que las cosas no encajan. Sorprendente y inexplicablemente. Si nos encontramos ante un ejemplo tan claro de censura científica, es razonable pensar que habría sido estudiado con detalle para poder implementar medidas que impidan que vuelva a pasar.  No es el caso y eso, nos os voy a engañar, me intriga.

No es un interés nuevo. Llevo mucho tiempo preocupado por la capacidad de mecanismos académicos como el «peer review» para contener los incentivos perversos, los conflictos de interés y las llamadas ‘guerras culturales’. Por eso, el “misterioso caso del paper censurado” me viene como anillo al dedo para entender mejor qué está pasando. 

Un poco de contexto: ¿Qué es la hipótesis de la variabilidad y por qué nos interesa?

Evolution Natural Natural History Darwin Museum

Un supuesto tabú con 150 años

El “paper censurado” era un trabajo matemático sobre la ‘hipótesis de la gran variabilidad masculina’. Esta hipótesis puede resumirse en que, para una gran cantidad de rasgos (físicos, funcionales y conductuales), los hombres manifiestan una mayor variabilidad que entre las mujeres. Es decir, aunque en un rasgo concreto las medias entre mujeres y hombres sean exactamente iguales, los hombres se distribuirían de manera distinta (más extrema) que las mujeres. 

No es una idea nueva, ni mucho menos. Está con nosotros desde, al menos, 1868, cuando Darwin sugirió la idea en su ‘Variation in Animals and Plants under Domestication’. Un par de años después, en 1871, ’The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex’ ya lo daba como un hecho probado: “la causa de una mayor variabilidad general del sexo masculino frente al femenino es desconocida” (2ª edición, p. 224). 

No obstante, Darwin no prestó mucho interés ni a la variabilidad en sí misma, ni a sus consecuencias sociales. No hizo falta. Rápidamente, muchos investigadores empezaron a reflexionar sobre ello. No solo se fueron acumulando evidencias que apoyaban esta idea, sino que para la década de 1890, los pioneros de la psicología del desarrollo (como G. Stanley Hall, Patrick Geddes o J. A. Thomson) empezaron a utilizar estas hipótesis para explicar las desigualdades que se apreciaban a nivel social. Justo este tema, como señalaba Stephanie Shields, es donde más interés y debate ha suscitado la hipótesis de la variabilidad a lo largo de las décadas. Por este tema, de hecho, estamos aquí hoy.

En 1894, Havelock Ellis se convirtió en el primer científico en estudiar las diferencias entre hombres y mujeres en profundidad. De hecho, en su “Man and Woman: a Study of human secundar sexual characters” dedica un capítulo entero a la variabilidad de los hombres. Un año después, Pearson, en su ‘Note on regression and inheritance in the case of two parents‘ de 1895, ya introdujo modelos matemáticos para entender la selección natural que tenían en cuenta la variabilidad de los rasgos biológicos.

A partir de entonces, y sobre todo a partir del trabajo de Ronald Fisher (“el biólogo más importante desde Darwin”, según Dawkins), biólogos, estadísticos y biólogos matemáticos dedicaron muchos esfuerzos a entender cómo se distribuían los rasgos entre las distintas poblaciones. El resultado es que hay muchas formas distintas de entender lo que llamamos “mayor variabilidad masculina” y explicarla (independientemente de cual sea el rasgo que escojamos) supone un reto científico mucho más complejo de lo que podríamos pensar. 

El paper de la discordia

A principios de 2017, Theodore P. Hill, profesor emérito de matemáticas del Georgia Institute of Technology tuvo una idea intuitiva para explicar este fenómeno y convenció a Sergei Tabachnikov, profesor de Matemáticas de la Universidad Estatal de Pensilvania (PennState), para desarrollar el modelo matemático. En marzo de 2017, publicaron un borrador (preprint) del artículo.

En su artículo en Quilette, Hill habla de un correo en el que un experto en variabilidad de la Universidad de Durham (Reino Unido) que elogiaba la calidad del artículo. Es «un excelente resumen de la investigación en este campo hasta la fecha», decía. No es cierto. El paper de Hill y Tabachnikov formaba parte de esos intentos que a veces hacen los expertos de un campo para abordar problemas de otro.

Es decir, lo que desarrollaron los autores es un modelo formal sobre la gran variabilidad que, aunque pudiera ser ocurrente matemáticamente hablando, era bastante trivial a nivel biológico y evolutivo. No incorrecto, ojo. Sencillamente obviaba hechos básicos (como que la variabilidad, en sí misma, es seleccionable) y no contemplaban las muchas otras posibles explicaciones (¿mutation-selection balance?) que han ido desarrollándose en los últimos 100 años de biología matemática.

Como señalaba Andrew Gelman, lo sorprendente del caso es que se trata de un trabajo «inocuo» y «bastante simple». Sí, el documento «está cargado de lo que me parecen ser afirmaciones irrelevantes sobre la biología y la sociedad», pero no es excesivamente polémico, ni demasiado novedoso. ¿Por qué iba el activismo académico a centrarse en este artículo mientras se publican otros mucho más problemáticos? La mejor forma de entender lo que pasó es ir en orden cronológico.

Primera parte: Mathematical Intelligencer

«Estoy feliz de suscitar controversias»

Una vez habían acabado el texto («An evolutionary theory for the variability hypothesis«), Hill y Tabachnikov decidieron enviar el trabajo a ‘The Mathematical Intelligencer‘. Era la mejor opción con mucha diferencia. No es probable que un trabajo así hubiera sido publicado en una revista de biología matemática o evolutiva; sin embargo, ‘Mathematical Intelligencer’ no es una revista académica al uso. Se trata de una publicación a medio camino entre un ‘journal’ técnico y una revista ‘cultural’ que habla sobre matemáticas en un tono informal y atractivo.

Como sus mismos editores reconocen, no son una revista solo para académicos y, de hecho, durante los últimos 40 años han publicado habitualmente humor, puzzles, poesía y ficción. Por eso, el trabajo de Hill y Tabachnikov encajaba bien en la revista. Además, ‘The Mathematical Intelligencer’ tiene un «sección» llamada Viewpoints pensada para «tratar cualquier asunto de interés de la comunidad matemática internacional. Desacuerdos y controversia son bienvenidos», como explicaba la editora en jefe de la revista Marjorie Senechal.

Fue la misma Senechal la que recibió muy positivamente la propuesta y les escribió asegurando que estaba «feliz de suscitar controversias y pocos temas generan más que este. Después de la refriega de Middlebury, en la que ninguno de los manifestantes había leído el libro contra el que protestaban, podríamos hacer una contribución real insistiendo en que se escuchen todos los puntos de vista». Es más, sugirió algunos temas de actualidad que podían ser incluídos en el texto (como la polémica de Larry Summers), aunque pedía «discutir el tema desapasionadamente”. Tras la revisión, el 3 de abril de 2017 el manuscrito fue oficialmente aceptado para su publicación. Todo iba sobre ruedas.

Hasta que el 5 de agosto de ese año, Gizmodo publicó extractos de un memo interno de Google firmado por James Damore.

Se desata el conflicto en la PennState

Eso lo cambió todo. El escándalo del memo de Damore lo inundó todo. De repente, todos los medios internacionales estaban hablando de las diferencias entre hombres y mujeres. No fue un debate sano, ni constructivo. Por desgracia para todos, el memo contenía una referencia (no demasiado exacta) a la hipótesis de la variabilidad.

El 16 de agosto de 2017, Tabachnikov recibió un correo de una colega de su departamento (y, según Hill, miembro de ‘Women in Mathematics‘, un grupo dedicado a apoyar a las mujeres en el campo de las matemáticas) a propósito del trabajo sobre la hipótesis de la variabilidad que había colgado, unos meses antes, en su página de la Universidad.

En la sucesión de correos, la colega comentaba lo que a su juicio parecían algunos de los problemas del artículo. Tabachnikov le dijo que iba a tener en cuenta sus comentarios y reconoció que el ‘timing’ estaba siendo muy malo: «este tema ya estaba políticamente cargado y lo está mucho más ahora debido a los eventos de Google (no es necesario decir que es pura coincidencia: nuestro trabajo estaba escrito mucho antes del Memo de Google)». Pero, por eso mismo, lamentaba que se mezclaran ambas cosas. «¿Estás leyendo entre líneas algo que no está? Los autores somos matemáticos, no biólogos, ni científicos sociales y no lo pretendemos».

Esto ya no era preciso. Tras la revisión por parte de ‘The Mathematical Intelligencer’ (que recordemos, estaban interesados en generar debate y controversia en torno al tema), los autores introdujeron bastante material que va más allá de la pretensión inicial de quedarse solo en las matemáticas. La situación se encona.

Poco a poco, el tono de los correos se va haciendo más crispado y agresivo. El 4 de septiembre, Tabachnikov escribe a Hill y le dice que «el escándalo en su departamento no muestra signos de desaparecer». Tanto es así que el conflicto llevó al Director del Departamento a hacer una reunión y tratar de calmar los ánimos. No sirvió de mucho. El clima estaba ya muy deteriorado. Esto es crucial para entender lo que pasó unos días después.

La NSF pide retirar las referencias a ella del artículo

Reunión de ‘Women in Mathematics’

En medio de este conflicto, alguien se había percatado que en el artículo de Hill y Tabachnikov aparecía un reconocimiento al apoyo de la ‘National Science Foundation‘. La NSF es una agencia gubernamental norteamericana dedicada a impulsar la investigación en todos los campos científicos que no son estrictamente sanitarios. La mañana del 8 de septiembre, dos integrantes de ‘Women in Mathematics‘, Diane Henderson y Nate Brown escribieron a la Fundación «preocupándose» por el tema.

«Nuestra preocupación es que el artículo parece promover ideas pseudocientíficas que son perjudiciales para el avance de las mujeres en la ciencia y que están en desacuerdo con los valores de la NSF», decían. Pero ese no era el asunto clave.

En el correo, las dos profesoras también denunciaban que, aunque en el artículo de Hill y Tabachnikov se reconocía explícitamente el apoyo de la NSF, no parecía que Tabachnikov tuviera ningún proyecto de investigación financiado sobre el tema. Se preguntaban si, como señalaban los autores, la fundación daba soporte a la investigación sobre variabilidad masculina porque, en caso negativo, «pensaban que deberían estar al tanto» del hecho.

Como consecuencia, ese mismo 8 de septiembre, Tabachnikov recibió un correo de su director pidiéndole que retirara el «reconocimiento de apoyo de la NSF». Tabachnikov reconoció que, efectivamente, la investigación no estaba relacionada con ningún proyecto financiado por la NSF y admitió que había incluido su reconocimiento por ‘hábito’. Explicó que lo añadía en todas sus investigaciones rutinariamente, que no era algo específico de ese artículo y que, por supuesto, no había ninguna intencionalidad oculta.

Sea como sea, el reconocimiento se retiró del borrador público. Hill dice en Quilette que «nunca antes había escuchado que la NSF solicitara la eliminación del reconocimiento de fondos por ningún motivo». Parece que sí hay más casos como este, aunque pocos. La explicación oficial es que la fundación no busca este tipo de ‘falsos reconocimientos’ de oficio, sólo ante una denuncia directa se toman medidas de este tipo.

Rechazo en The Mathematical Intelligencer

El mismo 8 de septiembre, Marjorie Senechal escribió a los autores explicándoles que había decidido «rescindir su decisión de aceptar» el artículo. Senechal explicaba que «el objetivo de promover el desacuerdo y la controversia es incrementar el entendimiento y ampliar el diálogo. Eso presupone que el debate se expresará y conducirá en términos razonables y cívicos y con respeto mutuo».

Senechal explicaba a los autores que varios colegas le habían hecho notar que, dado el contexto (recordemos que poco antes estallaba en EEUU el caso de James Damore y su «Google’s Ideological Echo Chamber»), las reacciones podían ser extremadamente fuertes. También señalaba su preocupación ante la posibilidad de que los «medios de derechas» pudieran «cogerlo [el estudio] y exagerarlo intencionalmente».

Sin embargo, Senechal pensaba que el tema merecía ser discutido y, en el mismo correo, les proponía llevar el debate a una mesa redonda presencial y publicar las actas de las mismas en un futuro número especial de la entrevista. La editora es bastante sincera en los correos y explica que, ante el escándalo internacional tenía miedo a que el asunto se les fuera de las manos y quería buscar formas para discutir el trabajo de Hill y Tabachnikov de la forma más controlada posible. La reacción de los autores, tras meses de enfrentamientos y el mismo día en que la NSF les llamaba la atención, no fue buena.

En su correo de respuesta, Hill aceptaba la celebración de la mesa redonda y, bajo ciertas condiciones (como su celebración en Penn State), ofrecía 10.000 dólares de su bolsillo para su celebración. Sin embargo, dejaba claro que se trataba de un «ENORME error». El enfado es comprensible: era la misma Senechal la que había sugerido hacer más polémico el artículo y ahora sentían que los estaba dejando de lado.

Como se ve en la correspondencia, el conflicto en el departamento de Tabachnikov había hecho mella en el ánimo de los autores. Eso hace que Hill no entienda la propuesta de Senechal como una forma de «rescatar» la idea inicial en pleno caso Damore, sino como la gota que colmó el vaso.

Al final del correo, Hill ‘amenazaba’ a la Senechal con ir él mismo a los medios con la historia del rechazo. Según Hill solo había tres formas de solucionar el problema a) readmitiendo el trabajo, b) anunciando inmediatamente el número especial que proponía Senechal ahora (en el que tendría que ir el artículo íntegro y no solo las actas de la mesa redonda) o c) llevando el tema a sus superiores de la editorial Springer Math para que desautorizaran a la editora bajo riesgo de exponer a la empresa a un escándalo.

Creo que es importante señalar que en su artículo de Quilette, Hill señala que «en mis 40 años de publicación de trabajos de investigación, nunca había escuchado sobre el rechazo de un artículo ya aceptado». Sin poner en duda que esa sea su experiencia personal, esa experiencia no coincide con la realidad. Rechazar artículos ya aceptados no es habitual, pero ocurre.

La ¿intrahistoria? del rechazo

Ya a la defensiva y en lo que parece un intento por justificar su decisión, Senechal (la editora de »Mathematical Intelligencer’) les facilitó un correo desfavorable de Leland Wilkinson. Wilkinson es un peso pesado de la psicometría y la estadística muy conocido por su ‘The Grammar of Graphics‘ que luego Hadley Wickham implementaría en R para crear ggplot2. En él, a petición de su hija (Amie Wilkinson, profesora de matemáticas de la Universidad de Chicago) que ya había escrito a Senechal por cuenta propia, Wilkinson planteaba sus dudas sobre el artículo.

Leland Wilkinson

El problema es que ese correo había llegado después de que Senechal escribiera a los autores comunicando su decisión de no publicar el artículo. Mi impresión personal es que la editora de ‘Mathematical Intelligencer’ intentaba presentar el caso más sólido en favor de su decisión. Fue una mala estrategia que complicó, aún más, la situación.

Aunque el correo de Wilkinson tiene algunas frases gruesas («Este artículo sobresimplifica los problemas vergonzosamente»), es un texto argumentado y, en general, parece correcto teniendo en cuenta el contexto en el que se redactó: una comunicación privada. En él, además, reconocía que la decisión era compleja y le recomendaba consultar con otros académicos con mayor conocimiento de la materia.

Pero como digo, el correo de Wilkinson era posterior a la decisión de Senechal, por lo que en realidad esto solo consiguió caldear más los ánimos. Bajo el punto de vista de los autores, Senechal (que rehusó hacer públicos más correos) estaba tratando de justificar lo que les parecía una censura por motivos ideológicos.

No creo que se pueda concluir eso de la correspondencia que se ha publicado. Se puede discutir la propuesta inicial de Senechal, pero no deja de ser una forma de gestionar una crisis que ninguno de ellos habían ocasionado. Es la reacción de los autores (muy quemados por el conflicto de la PennState y la llamada de atención de la NSF) lo que hace escalar la situación.

Segunda parte: el ‘New York Journal of Mathematics’

Un correo inesperado

El artículo parecía estar en vía muerta. Tabachnikov, en esas circunstancias, retiró su nombre del mismo, pero Hill (que ya estaba retirado) decidió seguir con él. Para entonces, el asunto del rechazo se había hecho popular en los círculos matemáticos y el 13 de octubre de 2017 Igor Rivin (uno de los 24 editores del New York Journal of Mathematics y alguien relativamente activo en las denominadas ‘guerras culturales’) le escribió proponiéndole publicarlo en «su» revista.

A diferencia del ‘Mathematical Intelligencer’, el NYJM no parece una buena revista para ese artículo. No tiene el carácter distendido, polémico y cultural de la primera, sino, más bien, una revista técnica al uso. Pero según Rivin, Mark Steinberger, el editor jefe se había mostrado muy positivo ante la idea.

Y así debía de ser porque el artículo se revisó en dos días y se publicó en la web de la revista en menos de un mes. Esto no es habitual: solo se entiende gracias al interés de Rivin y bajo la premisa de que el paper «había sido censurado». El 6 de noviembre ya estaba online.

El paper desaparecido

Ahí fue cuando (de nuevo) empezaron los problemas. Sabemos que tres días después de su publicación, Benson Farb (profesor de la Universidad de Chicago y otro de los 24 editores del NYJM) pidió explicaciones a Steinberger. Farb, además, es el marido de Amie Wilkinson y, por lo tanto, el yerno de Leland Wilkinson.

En su correo, Farb exponía muy brevemente su rechazo al artículo: la primera razón era la agenda ideológica de Rivin y la segunda, los argumentos de su suegro contra la consistencia psicométrica del trabajo. Para terminar, Farb recomendaba eliminar el paper de inmediato. Steinberger consultó con otros editores y suspendió ‘temporalmente’ el artículo.

El 14 de noviembre, Hill escribió a Rivin y a Steinberger para preguntar cómo era posible que el artículo hubiera desaparecido. Y Steinberger le confirmó que el equipo de editores había amenazado con irse de la revista (y boicotearla) si la publicación seguía en el aire. En el fondo, los editores ponían en cuestión la inclusión de un artículo ya muy polémico (y que, según ellos, podía llegar a serlo mucho más afectando a su reputación) sin haberlo consultado antes.

Algunos comentaristas llegan a decir que Rivin «secuestró» la revista para mover su propia agenda ideológica. Es más probable, en cambio, que Rivin, considerando injusto lo que había pasado en Mathematical Intelligencer, tratara de ‘desfacer el entuerto’ con los medios que tenía a su mano.

Sea como sea, el artículo, explicó Steinberger a Hill, estaría offline permanentemente. Pero tampoco fue cierto. Sorprendentemente, acabó sustituido por otro.

Una reacción extremadamente irregular

Esto sí que es muy irregular. Las normas éticas más básicas en lo que a investigación se refiere dictan que no se puede hacer desaparecer un artículo. El editor jefe tenía la obligación de, al menos, haber publicado en su lugar una rectificación debidamente argumentada. No lo hizo y no sabemos por qué. Lamentablemente Steinberger murió el 15 de septiembre y su estado de salud le impidió aclarar el asunto cuando estalló el escándalo.

Sintiéndose víctima de una persecución, Hill inició una investigación propia para esclarecer toda la historia. Con todo ello, acudió a la Universidad de Chicago con la esperanza de que tomaran medidas disciplinarias contra Amie Wilkinson y Benson Farb por «mala conducta académica». Al no obtener respuesta, el 7 de septiembre de 2018, Hill publicó su versión de la historia en Quilette.

¿Qué pasó realmente?

Esta es, resumidamente, la historia del artículo de Hill y Tabachnikov. Tras leer los correos electrónicos, las declaraciones y los comentarios, no creo que exista base real para afirmar que se trata de una conspiración de activistas académicos para hundir un estudio crítico con el feminismo hegemónico. Falta información, claro. Pero con lo que hay encima de la mesa a mi me cuesta verlo.

Está claro que las motivaciones ideológicas han jugado un papel muy importante y que la historia está plagada de irregularidades. Por ambas partes. Sin embargo, también es una historia que tiene explicaciones sencillas, humanas y razonables. ¿Reprobables? Sí. Profundamente reprobables en muchos casos. Pero eso no da carta blanca para embarrar aún más el terreno de juego.

Hill tiene todo el derecho del mundo a reivindicarse como víctima de una conspiración y, desde su punto de vista tras meses de rifirrafes desagradables, es hasta comprensible. Pero mi impresión general es que Hill interpreta como maldad, censura e ideología lo que se explica más fácilmente como ineptitud, desafortunadas coincidencias y torpeza.

Es absurdo negar que las guerras culturales están poniendo en aprietos muchas de las prácticas institucionales de la ciencia contemporánea. Este es un buen caso para reflexionar sobre muchos problemas, pero me temo que no para convertirlo en el ejemplo canónico de conspiración ideológica para censurar resultados científicos.