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Ciencia de la Conducta

«Comunidad, personalidad y patología»: La crítica socio-histórica

Este post forma parte de una serie de entradas en torno a los Trastornos de Personalidad.

Para Juan Bautista Fuentes Ortega y Ernesto Quiroga, como decíamos, la cosa no está tan clara. Ellos sostienen que el concepto de ‘trastorno de personalidad’ forma parte de la idea más general de ‘campo antropológico’; los TTPP son, por así decirlo, ‘formas de vida social’ o como ellos dicen ‘conductas constitutivamente culturales o sociohistóricas que se caracterizarían por la desfiguración de la figura ético-moral de la persona‘.

Pero vayamos por partes.

1. ¿Qué es la personalidad?

Una de las cuestiones que más han preocupado a Fuentes Ortega durante mucho tiempo es cómo se produjo el paso de la zoología a la antropología; es decir, cómo se originó el hombre y cómo ‘evolucionó‘ hasta las sociedades actuales.

La idea general (y perdonen el trazo grueso) es que el salto de las sociedades prehistóricas a las históricas (o lo que es los mismo, la aparición de sociedades históricas producto de la confluencia en los mismos territorios de sociedades neolíticas – prehistóricas – previamente aisladas entre sí) conllevó un nuevo tipo de relaciones. La diversidad social y normativa tuvo un efecto corrosivo sobre las anteriores relaciones de ‘apoyo mutuo solidario’ obligando (en cuanto que el retorno a la ‘arcadia feliz’ es imposible) a la re-ordenación de éstas a través del nacimiento de las nuevas relaciones ético-políticas de la ‘ciudad’. Estas nuevas relaciones tienen como objetivo estabilizar las tensiones entre las partes sociales a través de una progresiva ‘igualación’ (Fuentes Ortega habla de ‘equivalencia’ en cuanto que las relaciones son simétricas, transitivas y reflexivas) de los individuos que forman las partes.

Claro que del dicho al hecho hay un trecho. La característica fundamental de las sociedades históricas es que están en continuo proceso de ‘estabilización’. Y es justo aquí donde nace la persona (sujeto de la personalidad) como ‘resultado-en-progreso de la resolución por un individuo en particular de los conflictos que se dan en la sociedad histórica’. En este sentido, y dado que como hemos dicho existen en las sociedades históricas numerosas formas de vida moral (más de las que detectara Maquiavelo en El Príncipe, de hecho), la identidad personal o personalidad sería la apropiación personal (ética) de dichas formas morales; o lo que es lo mismo, la opción por unas a costa de otras.

2. Los trastornos como disfunción apreciativa

Fuentes y Quiroga hablan constantemente de ‘valores objetivos’. Para ellos un ‘valor objetivo’, en su original lectura de Scheler, Spranger y Simmell, es un ‘sentimiento o afecto que se percibe de forma personal y dinámica en la realidad’, por un lado, y que se materializa en los ‘bienes’ que son valiosos en virtud de esa materialización, por otro. Estos valores están mutuamente engarzados entre sí y por lo tanto una vida valiosa conlleva ‘un entretejido dialéctico complejo de construcción y disfrute de bienes’ (por poner un ejemplo aunque sea algo burdo, para comer es necesario dormir y viceversa: son bienes u operaciones mutuamente engarzadas y se requieren las dos para una vida valiosa; o, ya puestos, una vida a secas).

La hipótesis de Fuentes y Quiroga es que los trastornos de personalidad ‘consisten, al menos en parte, en una disfunción apreciativa’. He de apuntar que como su trabajo está aún inconcluso no queda claro cómo es esa ‘disfunción’ pero parece que tiene algo que ver con las relaciones afectivas que se hayan tenido durante la infancia.

3. La fuerza semántica de los ejes de Millon

Para Fuentes y Ortega la originalidad y potencia del análisis psicológico de Millon es obvia, donde falla es en su meta-psicología, en cómo entiende los TTPP.

Por ello, tras reconocer la fuerza semántica de los ejes millonianos los reconceptualizan a la luz de su ‘teoría de la personalidad’:

  • El eje actividad-pasividad tendría que ver «con la «enajenación» o «alienación» de los bienes, o, lo que es lo mismo, la vulneración de los derechos morales, o con la privación ilegítima de determinados valores en una relación social». (‘Activación’ con vulneración o privación de los derechos de los otros; y ‘pasividad’ con dificultades para la defensa de los propios derechos frente a otros)
  • El eje placer-dolor tendría que ver «con la búsqueda de «valores objetivos» y la evitación de su pérdida».
  • El eje sí mismo-otros tendría que ver «con la tendencia predominante hacia la toma de decisiones éticas por uno mismo o a dejarse llevar por las decisiones que toman los demás.

4. La disolución de la psicología

En la contraportada de un libro de James Hillman, creo que era Re-imaginar la psicología, se decía que «quizás la rama más interesante del psicoanálisis es la que anuncia su disolución». Algo similar, salvando las distancias, le pasa a las propuestas de Fuentes y Quiroga: que anuncian la disolución de la psicología.

Para ellos la figura específica de la psicología es el ‘conflicto de normas personalmente irresuelto’. Me explico: cuando una persona se encuentra ante un problema ético-moral que no puede resolver se origina un problema psicológico que conlleva el oscurecimiento del problema original (que se convierta en un trastorno depende de la ‘flexibilidad adaptativa’, la ‘tendencia a producir círculos viciosos’ y ‘la estabilidad ante las dificultades’ como ya hablamos).

Entonces, como consecuencia lógica, si nos quedamos sólo en digamos una ‘terapia psicológica’ estaremos sustituyendo un problema psicológico por otro menos grave, esperando a que sea el cliente el que vea la luz bajo el Árbol de Bodhi y resuelva el problema ético-moral él solito. Por eso, lo que plantean Fuentes y Quiroga es que la relación terapéutica debe ser de un nuevo tipo; esto es, ético-moral.

En el próximo capítulo…

Acabo aquí la exposición resumida de la crítica socio-histórica de los trastornos de personalidad.  En las próximas entradas vamos a proponer una re-elaboración de las crítica socio-histórica para extraer todo lo que podamos de ella desde las nuevas categorías que nos ha traído el siglo XXI.

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