Categoría: Sin categoría (página 1 de 32)

«Si no he de inspirar amor…»: Frankenstein y la reivindicación de la mirada

«How I, then a young girl, came to think of,
and to dilate upon, so very hideous an idea?»
– Mary Shelley

«Nací en Ginebra. Mi familia es una de las más ricas de la ciudad». Hace justo 200 años, el 1 de enero de 1818, la pequeña Lackington, Hughes, Harding, Mavor & Jones llevó a imprenta una gran historia de amor.

1. Un año sin verano

Una todavía niña de 18 años, Mary Shelley, y su amante (y luego marido) Percy Shelley visitaron a Lord Byron en su villa del Lago Lemán en Suiza. Como era un verano de mentira, meramente terminológico, la meteorología no ayudaba en absoluto y el grupo de invitados se veía obligado matar el tiempo en actividades de interior. Una noche, sentados frente al fuego, comenzaron a leer viejas historias alemanas de fantasmas. Al final de la noche, Byron cerró el libro y propuso que “cada uno escribiera una historia de fantasmas”.

Putas ocurrencias. Mary intentó escribir su historia, de verdad que lo intentó pero cuanto más lo intentaba, menos capaz era de conseguirlo. En su diario escribió «’¿Has pensando en una historia?’ Me preguntaban cada mañana y cada mañana me veía forzada a responder la misma mortificante negativa». Llegó a estar tan angustiada que pensó varias veces en volver a casa y si no lo hizo fue con la esperanza de que, poco a poco, la idea de Byron se fuera diluyendo, de que apareciera otro pasatiempo.

Otra noche, comenzaron a hablar del origen de la vida. “Quizás pueda reanimarse un cuerpo” comentó Mary, “el galvanismo había dado muestras de este tipo de cosas”. Mary había tenido una infacia extraña, rodeada de grandes poetas, científicos y pensadores. No era una idea absurda. En absoluto. Tanto que aquella noche, no pudo dormir.

Daba vueltas en la cama cuando, de repente, le sobrevino una visión, algo que poseyó su imaginación y la sumió en un estado a mitad de la vigilia y el sueño. Lo que hoy llamaríamos una alucinación hipnagógica, pero entonces todavía era indistinguible a la magia.

«Vi al pálido estudiante de artes impías arrodillado junto a la cosa que había reunido. Vi el horrible fantasma del hombre extendido y, luego, sobre el funcionamiento de un poderoso ingenio, mostrando signos de vida y agitándose con un movimiento incómodo»

En ese mismo momento, en plena alucinación, comenzó a escribir una historia, la historia que luego diría que supuso ‘el primer paso de la infancia a la madurez’, la historia que hoy conocemos como Frankenstein.

2. La señal de una añoranza

Si hiciéramos una lista de las obras literarias peor entendidas del mundo, habría muchas otras, pero sin lugar a dudas estaría Frankenstein. Porque, en realidad, no es una historia de miedo, no es una historia de ciencia ficción, no es fantasía.  Frankenstein es esencialmente una reflexión sobre el amor.

Nuestra tradición filosófica, desde Platón, habla de la fuerza de la mirada amorosa (erotikón ómma) porque «hace a los hombres perspicaces» y solo a través de ella (sólo en la intimidad) se puede conocer cómo es realmente una persona y cómo es uno mismo. «El amante se ve a sí mismo en el enamorado como si se reflejase en un espejo», dice Sócrates en Fedro.

Aristófanes, en El Banquete, explicaba que el amor era «la señal de una añoranza». Según ese pasaje, hace muchos años los hombres eran completamente redondos, como pelotas, y se movían girando. Se creían tan poderosos que intentaron escalar al cielo y atacar a los dioses. Y Zeus como castigo por su insolencia, decidió partir a cada uno en dos partes. Desde entonces, hemos añorado nuestra mitad original y buscado el complemento que nos faltaba.

Esta es una idea potentísima y, posiblemente, El Banquete ha sido uno de los libros que más han contribuido a educar la sensibilidad de occidente a lo largo de los siglos. Sustituyendo las dos mitades de Aristófanes por Dios, el cristianismo recoge la idea y nos dice que «sólo a través del amor a Dios podemos conocernos a nosotros mismos». Y se puede ver, por ejemplo, en la obra de Nietzsche, «que amar al hombre sin ninguna oculta intención santificadora es una estupidez y una brutalidad más».

Y aunque la idea se encuentra en los cimientos de nuestra cultura, ha tendido a olvidarse en los últimos años. Muchas veces, rechazar el cristianismo ha sido como ir a cambiar el agua de la bañera y tirar al niño con ella. En lugar de recuperar la mirada amorosa que palpitaba bajo la teología y pegarla al aquí y al ahora: simplemente la desechamos.

Nos abonamos a una lectura naïve de aquello que decía Spinoza, que «el deseo es la verdadera naturaleza del hombre»; sin darnos cuenta de que sin la mirada amorosa (que el mismo Spinoza experimentó mientras miraba a Clara María, primero, de van den Ende, y luego, de Kerckrinck) la verdadera naturaleza del hombre es un misterio dentro de un enigma dentro de un sudoku.

Es más, y aquí está lo realmente, lo que hace que la creación del doctor Frankenstein sea un monstruo no es que esté hecho de trozos y remiendos, ni que su corazón lata por una suerte de azar, galvanismo e ingenuidad científica; lo que lo hace un monstruo es precisamente que no haya nadie que quiera verse a sí mismo en su mirada.

No es una metáfora. Ni mía, ni de Shelley. Era una preocupación. Su marido, Percy, el que, según contaba ella en sus diarios, la animó a pasar del relato al libro y con el que tanto tiempo discutió los detalles de la obra, fue sin ir más lejos el traductor de El Banquete de Platón. Las mimbres estaban ahí porque, como diría Bloom, la literatura es un puro ejercicio de ansiedad donde no caben las casualidades.

Los Shelley temían que ese mundo que empezaba a cambiar acabara convirtiendo al amor en algo con «la única función de […] hacernos soportables las tardes del domingo, crueles e inconmensurables, que nos dejan heridas que nos duelen durante el resto de la semana -e incluso durante la eternidad» (como describió Ciorán en Historia de la decadencia); temían que ese mundo que empezaba a cambiar acabara por convertirnos a todos en monstruos de Frankenstein.

3. La densidad de la niebla

No se equivocaban del todo, pero sí que se equivocaban mucho. Hoy, para seguir con mi tendencia a no alargarme demasiado, te hablaré sólo de dos de sus equivocaciones: por un lado, subestimaron la capacidad de las personas para encontrarse incluso en la más densa de las nieblas.

Por el otro, presos de las figuras de la melancolía, olvidaron que las transformaciones de la historia podían traernos mundos nuevos. O, dicho de otra forma, el otro día discutía si, en esta época tecnológica de mil redes, asincronía y deslocalización, no era posible que la vieja definición de amistad de Homero (¿Recuerdas aquel «dos caminando juntos»?) esté perdiendo vigencia poco a poco y esté pasando a ser una gran definición de las nuevas formas del amor que se están creando. Borges, que estuvo equivocado en casi todo, así lo creía: “la amistad no necesita frecuencia, el amor sí, pero la amistad no”.

También defendía que, si ese fuera el caso, tampoco pasaría nada. Es más que posible que el amor cambie precisamente por la presión de mantener los bienes (la mirada amorosa) que el amor tradicional provee. Un cambiar todo para que nada cambie. Y que, en el fondo, es razonable pensar que los cuatro tipos de amor (storge, philia, eros y ágape – los cinco que si metemos la caridad) generen cada uno su propia mirada amorosa con lógicas, colores y texturas distintas.

¿Acaso solo el amor romántico nos da esa mirada? ¿No se puede conocer a alguien en las intermitencias de la amistad? ¿En la familia, pese a las mentiras y los conflictos, no se transparenta también quienes somos, aunque tratemos de fingir todo el rato otra cosa? ¿No es este el argumento central (aunque normalmente olvidado) del verdadero cristiano?

Yo, al menos, quiero pensar que sí. Y por eso vuelvo a reivindicar la mirada. La mirada, los amores y las historias escritas frente a la lumbre las noches de los años sin verano.

No quiero escribir en una lengua que puedas entender, quiero escribir en una en la que podamos conversar

“¡Más de cuarenta años llevo hablando en prosa sin saberlo!”, escribía Molière en ‘El burgués Gentilhombre’. Y es que la confusión entre habla y prosa es algo con una larga historia.

Leer más →

Popurrí semanal [1]

1. Imprescindible: Rewriting the Code of Life de Michael Specter en The New Yorker. Que se completa bastante bien con esto: 7 ways CRISPR, the powerful gene-editing tool, could change the world de Eliza Barclay y Brad Plumer  en Vox.

2. Iba a recomendaros este post en Médico Crítico, pero al final he cambiado de opinión y os voy a recomendar este otro: “No es la gripe, es que ya no te quiero” de Javier Padilla.

3. Esta semana ha muerto Derek Parfit. Una verdadera lástima. En serio, es uno de los filósofos más grandes de los últimos 50 años. Creo que lo más completo que he visto es esto de Vox.

4. Un hilo de twitter algo crítico con ‘Blackfish’, el documental. Bueno, algo no: brutalmente crítico y tela de entretenido. Muy recomendable ahora que ha muerto Tilikum, la orca que lo protagonizaba.

5. Why I hate Christmas de James Henry en New Republic. En texto es, originalmente, del año 1990, pero la revista lo ha publicado en la web esta navidad y la verdad es que tampoco hemos cambiado tanto.

6.Y hablando de cosas navideñas: Self-Driving Cars Will Make Organ Shortages Even Worse de Ian Adams y Anne Hobson en Slate.

7. El ocaso de la teoría de cuerdas de Arturo Quirantes en el Cuaderno de Cultura Científica

8. It’s Not Just All of the People Around You That Are Getting Fatter de Daniel Luzer en Pacific Standard.

9. History of philosophy with any gaps de Peter Adamson. Este podcast (al que llego muy muy muy tarde) es una cosa bestial y desproporcionada. Adamson está explicando la historia de la filosofía sin ningún hueco, a la manera de Rugde, “una jodida cosa tras la otra“: es decir, está intentando cubrir tooooda la filosofía sin importar la época, el género o la cultura del filósofo en cuestión.

Once

El 3 de abril de 2005 abrí un blog. Y ese blog ha estado once años haciendo de decorado de buena parte de mi vida. Once. Hemos atravesado etapas en las que nos veíamos todos los días y etapas en las que pasábamos meses sin hablarnos. Pero como con los viejos amigos, siempre que nos volvíamos a ver era como si no hubiera pasado el tiempo.

Es bonito saber que pase lo que pase siempre tenemos sitios a los que volver.

Que nuestro epitafio sean las inmensas praderas cubiertas de nieve

King-Kong asesinado. Como Zapata. ¿Por qué no, Maiakovsky? O incluso Pavese. La maldición. La noche de tormenta. Dies irae. La mentira de Goethe antes de morir. Las treinta monedas. La sombra del patíbulo. Marina Cvetaeva, tu epitafio serán las inmensas praderas cubiertas de nieve.

– LMP

¿Te mola la psicología económica? Igual esto te interesa.

8228640_921246eaa3_o
El martes, Dios mediante, os contaré cosas nuevas. Pero ahora, porque vamos ajustados con las fechas, os venía a proponer un proyecto nuevo por si alguien se quiere apuntar.

Dentro de la iniciativa de ‘u-labs’ del Impact Hub Madrid y el Media Lab, vamos a crear un equipo para trabajar temas de psicología económica. En esta primera experiencia, vamos a estudiar la relación entre el las personas y el dinero, las actitudes y como cambiarlas en el contexto de la nueva economía (digital).

Nos reuniremos durante 8 ó 10 semanas los jueves por la tarde cerca de Atocha (Madrid) para trabajar con la metodología u-lab desarrollada por Otto Scharmer para mejorar, mediante la presencialidad, el funcionamiento de los moocs del MIT.

Empezamos el 10 de septiembre, así que si te interesa o tienes alguna duda: Tell me more, honey.

Un neurocientífico en la corte del IBEX35

bbvainnovationcenter

La gente del Centro de Innovación del BBVA nos pidió a Guido y a mi que habláramos sobre cómo la neurociencia puede ayudar a los emprendedores. Es a la vez una introducción y una visión general de lo que las ciencias de la conducta en sentido amplio (con sus aspectos neuronales, económicos y conductuales) pueden aportar a el mundo de la empresa. ¡Enjoy!

Alguien entra a una tienda y, mientras se mueve por los pasillos, va buscando entre los expositores con la mirada. Al fondo, un dependiente mira atento . Ésta es una escena que ya sea en vivo o en digital se repite cada día millones de veces en todo el mundo. Y en cada una de esas veces ese tendero tiene la misma pregunta rondándole la cabeza: averiguar quién es esa persona, qué busca, qué estaría dispuesta a comprar, de qué manera podría darle eso que quiere aunque ni ella misma sepa (aún) que lo quiere.

Seguir leyendo >>

Lo más mejor de la semana que acaba

1780291760_dd45d50518_b

Esta semana hemos sacado del horno quince entradas. Hemos publicado unas 4115 palabras, de las que yo calculo (¡siendo optimista!) que al menos un 11% tenían algún sentido. Eso, son muchas entradas y por eso aquí os dejo las más leídas, para bien o para mal.

  1. Esa cosa llamada mindfulness (2): Repasábamos algunas cosas sobre uno de los temas de moda, la ‘atención plena’ o, como le dicen los ingleses, mindfulness.
  2. ¿Por qué se ha estancado el feminismo?: Algunas notas sobre los problemas de las tecnologías de cambio social desde el punto de vista de la psicología conductual.
  3. Está feo ‘de pedir’, pero más feo está no basarse en la evidencia para hacerlo: ¿Cómo puede ayudar la psicología no sólo a las empresas sino también a las iniciativas sociales (y a financiación)?
  4. Psiquiatras asesinos debidamente organizados: ¡Ay, el morbo!
  5. Los MOOCs se hacen mayores: Poco a poco vamos a prendiendo qué debe ser la formación por internet.

Magapsine Semanal (22-28/09/2014)

Hoy vamos algo tarde (y breves) por problemas técnico-eléctricos. Pero no podíamos faltar de ninguna manera a nuestra cita de los domingos. Disfruten, 😀

Magapsine

[1] Que una de las niñas bonitas de la psicología actual es la «economía conductual» lo sabe todo el mundo. Lo que no es dominio público es que aunque el nacimiento de la «economía conductual» se suele asociar al inmenso Kanheman (cuya optimista concepción de la mente [en] ha sido objeto de debate estos días), en realidad dio sus primeros pasos  en el seno de la psicología conductual y su reflexión sobre la economía de fichas de los años 60 [es].

Esta semana en Aeon se preguntan qué queda de la razón tras el descubrimiento mainstream de los sesgos [en] mientras que en Psychology Today,  Shahram Heshmat hace una buena introducción a qué tiene que decir esta joven rama en el estudio de las adicciones [en].

·

[2] Taylor&Francis, propietaria de Psychology Press, va a celebrar liberar todo su archivo desde 1996 durante el mes de octubre. El único requisito es registrarse en su web y, según nos cuentan, acceder desde una IP española.

Vamos, una oportunidad fantabulosa para acceder a ingentes cantidades de materiales de primera calidad. Wooo!

·

[3] Kristin Andrews, una de las mayores expertas en orangutanes del Reino Unido (y posiblemente del mundo), comienza en Philosophy of Brains una serie sobre el lenguaje animal [en] en la que va hablarnos de su trabajo pasado, presente y futuro. Ya lleva varios artículos la mar de interesantes: 1 y 2 [en].

Hablando de primates, en Slate tenía un artículo sobre por qué la promiscuidad femenina (tanto en primates como en humanos) es útil [en].

·

[4] Bajo el llamativo argumento de “usemos los principios de adiestramiento de animales con los alumnos de posgrado“, en NeuroPolarBear nos hablan brevemente de uno de los grandes problemas inadvertidos de la academia de hoy en día. El mismo problema, de hecho, del que hablaba Sydney Brenner hace unos meses.

·

·

[5] Un reciente estudio en el Journal of Applied Psychology [en] ha encontrado que, en general, las personas que viven en países más ‘liberales’ son más felices que las personas que viven en países más ‘conservadores’. Curiosamente, las personas que se definen como progresistas son menos felices que los que se definen como conservadores independientemente del país en el que vivan. En Neurobonkers hablan de las posibles causas de esa «brecha de felicidad» [en]

·

[6] Hace unos meses, el Ministerio de Sanidad español encargó una encuesta en el marco de desarrollo de su nueva Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención en el Sistema Nacional de Salud. Una estrategia que por lo demás tiene una brutal carga conductual en su intención de incidir sobre asuntos como la alimentación, la actividad física, el tabaco o el alcohol.

Acaba de hacerse público el informe de dicha encuesta [es]. En Infocop Online, por si no tenéis tiempo. hacen un resumen del informe [es].

·

[7] Cuestionan la interpretación Sam Harris (y otros neurocientíficos) de relacionar la actividad preparatoria del cerebro con la ausencia del libre albedrío [en]. Donde algunos ven que el debate sobre el libre albedrío se pone interesante, yo no dejo de ver un debate tremendamente mal planteado. Algún día haremos una lista de pseudoproblemas en la psicología y será muy muy larga.

·

[8] ¿Puede un recuerdo ser implantado y después eliminado? [en] Maria Konnikova hace un repaso desde los primeros trabajos de Pavlov hasta los últimos estudios sobre el tema. Es interesante, además porque en los últimos días hemos podido leer algunos artículos sobre la persistencia de las emociones vinculadas a eventos cuendo los recuerdos de esos eventos ya han desaparecido [en], en este caso a causa del Alzheimer.

Bueno, el CSIC acaban de dar algo de luz a como la memocia modifica la estructura y la función de los astrocitos [es]: lo que puede ser un paso muy importante en el conocimiento de la neurofisiología de la memoria.

·

[9] En Scientific American nos hablaban de los últimos trabajos que plantean como la diversidad está relacionada con una mejor toma de decisiones [en]. Estas ideas conectan muy bien con un reportaje que publicaban en el Boston Glove sobre el trabajo del jovencísimo Calvin Lai para emplear estrategias propias de la psicología social para luchar con el prejuicio [en].

Aunque estos hallazgos tienen una importancia clave para el campo de la gestión de equipos y volveré sobre el tema en el blog en otra ocasión . Su publicación estos días no es inocente.

Uno de los grandes debates que nos quedan que dar en algún momento es la relación entre la diversidad, la inteligencia y la estructura social. Veinte años después de The Bell Curve y con A Troublesome Inheritance en las librerías, el tema de la relación entre genes y cultura [es] es un viejo tabú que revuelve el río académico y sólo da ganancias, como dice el saber popular, a los que quieren algo que pescar.

·

[11] Esta semana en metodología hemos encontrado dos recursos interesantes: El primero es una serie de vídeos (casi un MOOC) sobre La Nueva Estadísitca [en] y el segundo un glosario de temas metodológicos que resultó ser psicológico en general [en]. La verdad es que no descarto usarlo para completar la pedia del blog.

·

[12] En los últimos meses, se están sucediendo los estudios que tratan de ‘diagnosticar’ (o al menos evaluar el riesgo de tener) una enfermedad. El nuevo test sanguíneo para predecir (el riesgo de) la esquizofrenia [en] es un ejemplo perfecto de esta tendencia de investigación.

Por eso me parece fundamental este post en Mind the Brain sobre la mala ciencia de una de los trabajo más famosos de esta línea en el campo de la depresión [en].

 ·

[13] Allen Frances sigue dando titulares [es] y llenando las portadas de Medios tradicionales, Twitter y Facebook [es]. Aunque no le falte razón en algunas cosas, el adjetivo que describe esta sucesión de entrevistas es sensacionalismo, marketing y aburrimiento.

 ·

[14] Y para acabar un artículo Médico Crítico sobre el papel del médico ante la enfermedad de un familiar [es]. Salvando las distancias creo que es un tema de interés para todos los psicólogos: porque eso es algo que nos acerca a las ciencias de la salud, el desinterés por las cuestiones éticas y filosóficas más allá de la filosofía de la ciencia [es]. Algo sobre lo que reflexionar y publicar activamente. Porque los sesgos que desafían nuestra práctica no habitan sólo en la investigación como a veces parece [es].

·

Bonus Track

Si no ha tenido suficiente, pueden seguir con la selección de enlaces de los amigos de Mind Hacks [en].

¿Sabías que este blog tiene una enciclopedia?

466935617_bb3e4d86de_b

Mientras preparaba el post de hoy (que iba sobre valores y se me ha ido alargando hasta que me he visto obligando a posponerlo al lunes) me he dado cuenta de que no os había hablado sobre la Pedia del blog. Básicamente es un repositorio conceptual que me ayuda a ir fijando términos con los que trabajo. Por supuesto voy cambiando de idea y he de reconocer que algunas de las entradas no están actualizada.

A día de hoy, tengo 92 términos que van desde el concepto de mensurabilidad conocida, campo interconductual, hasta el de estímulo. Falta mucho trabajo (mi lista preliminar de entradas pendientes ronda los setecientos) pero creo que es un esfuerzo interesante e importante a la hora de ir generando conocimiento accesible en la red.

Así que nada, me despido dejándoos con la última entrada que he añadido (“la distinción emic/etic en el análisis de la conducta“) y deseando que tengáis muy buen fin de semana.

Emic/Etic

Aunque popularizada por Marvin Harris, la distinción emic/etic fue propuesta por Kenneth Pike, para diferenciar las dos perspectivas alternativas de interpretar los actos o productos de otros hombres o de otros grupos sociales. Parece ser que estudiando el idioma de los indios mixtekas, Pike (que no entendía ni papa) se dió cuenta de que podía transcribir su habla en alfabeto fonético para que más tarde fuera entendida por algún intérprete de la lengua mixteka.

Llamó etic (de fon-ética, phonetic) a las transcripciones fonéticas de ese idioma y emic (de fon-émica, phonemic) a los significados. Así la tradición se refiere por emic a una descripción en términos significativos del agente que los realiza y por etic a una descripción en términos objetivos.

En nuestro caso, emic hará referencia a las interpretaciones del sujeto sobre su propia conducta (o las interpretaciones de las prácticas culturales reforzadas de forma caraterística por una comunidad). Y cuando hablemos de etic nos estaremos refiriendo a la descripción funcional de la conducta de los sujetos.