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Comienza la temporada

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Llega el verano y aunque alguno diría que empieza lo bueno, en realidad lo que empieza es la temporada de congresos, cursos y universidades de verano. Ains. Tanto volar.

El caso es que aunque no voy a estar más liado que de costumbre, los viajes, el depender de terceros, los problemas de aerolíneas y trenes, las largas tardes sin conexión a internet hacen que, como todos los veranos, no pueda dedicarle tanto tiempo al blog.

Por eso se me ha ocurrido un experimento. Durante Julio, al menos, aunque escribiré a diario de trivialidades para que no me echéis de menos, voy a concentrarme en sacar un post semanal más trabajado. Huyendo de la presión diaria, podré organizarme mejor. O no. Veremos.

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Harry Potter y la psicología

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Igual, después de leer esto, pensáis que no estoy en pleno uso de mis capacidades mentales. Pero un día, cuando vivía en Cambridge, fue a comprar al Tesco. Allí mientras buscaba las cosas de la lista de la compra me crucé varias veces con dos personas (una señora mayor y una más joven) que iban vestidas de una forma muy muy estrafalaria. Cuando pasé al lado de ellas, juro por Dios que escuché algo así como «¡Qué comida más rara comen estos muggles». Y me quedé, como dicen en mi pueblo, «to loco».

Las estuve siguiendo disimuladamente durante casi 40 minutos y me puse en la caja detrás de ellas, pero cuando salí del supermercado no había ni rastro de las mujeres estrafalariamente vestidas. «Muggle» para quien no lo sepa es la palabra que los magos del mundo de Harry Potter usan para referirse a la gente no mágica, así que después de comprobar que ninguna de las otras acepciones de la palabra encajaba en la conversación que acababa de escuchar, me puse a trabajar sobre el tema. Es decir, me descargué compré todas las películas y me las vi del tirón: una cosa es que escuche cosas raras en el súper y otra que me vuelva un conspiranoico que piensa que Rowling era simplemente una historiadora squib venida a más.

Este arrebato de sinceridad que puede acabar con mi imagen de serio bloger de la conducta, se debe a que como habrán visto, esta ha sido una semana algo floja en el blog. Y quería contaros el porqué.

El 30 de junio de 2017 se cumplirán 20 años de la publicación de Harry Potter y la Piedra Filosofal. Y, bueno, parece que en el Reino Unido al menos va a ser todo un evento.

Dentro de las muchas cosas que se están planeando están los libros de ‘ciencias y cultura popular’. En la línea de Harry Potter y la Historia se están empezando a preparar (¡con tres años de antelación!) libros que abordan la serie del mago más dicharachero desde la perspectiva de las distintas disciplinas científicas. Uno de ellos, será sobre el mundo de J. K. Rolling y la psicología y el coordinador del proyecto, un viejo conocido de la Universidad de Duke, me ha invitado a colaborar.

Mi problema es que aunque había visto las películas con atención (y ya sabéis por qué), no había leído los textos. Así que para no hacer demasiado el ridículo, antes de entregar mi propuesta de capítulo el 25 de junio tenía que leerme todos los libros (y bastantes comentarios sobre ellos). Y a eso me he dedicado durante estos últimos días.

Ahora estoy decidiéndome entre varios temas, pero me apetecía comentároslo y preguntaros qué tema relacionado con el mundo de el niño que sobrevivió creéis que puede ser más interesante a la luz de la psicología. Las ideas, y más si vienen de vosotros, siempre vienen bien.

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En busca de un columnismo científico

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Que ésto más que un blog quiere ser una columna, no lo he ocultado nunca. Aunque, a decir verdad, tampoco lo he dicho. Es todo un arte eso de ni confirmar, ni desmentir, no se crean. Por eso, una de las cosas que me apetecía hacer en esta nueva etapa era darle ronckandroll a mi vieja idea de columnismo científico.

Decía Jorge Bustos que si algo le ha enseñado Twitter es que la gente sigue consumiendo columnas. Estoy de acuerdo. Y que este tipo de escritura periodística no abunde en el mundo de la ciencia, no hace sino confirmarme que ésta es la línea a trabajar.

Ayer mismo, Juanma y yo conveníamos en que hace falta un meneo en el mundo de la divulgación. Últimamente parece que muchos han interiorizado que si divulgar es poner algo al alcance del vulgo, ellos deben ser la élite. ¡Ay, los fariseos que acechan tras de cualquier esquina! Idiotas. Lo que necesitamos es recuperar la salvaje anarquía de la ciencia, reivindicar las palabras como el pequeño pueblo en armas contra la soledad que son. Y ya conocen el dicho: a falta de napalm, buenas son columnas.

Por eso, por joder todo lo que sea posible y más y porque en las guerras necesitamos siempre aliados, el blog estará abierto a columnas y comentarios de terceros sobre el mundo de la ciencia (y de la psicología, en particular). Busco textos que nos hagan explotar la cabeza, que nos cabreen, que nos inspiren y que por h o por b no se puedan publicar en otro sitio.

¿Qué es una columna?

La columna es un pacto del estilo con la actualidad, y mientras su disfrute siga vigente no se extinguirá del todo la áurea edad del humanismo, pese a todas las decadencias bárbaras que nos acechan, con la telerrealidad, la disciplina de voto y los días mundiales contra la obesidad infantil a la cabeza.

¿Qué tipo de columna publicaremos?

Hace unos años, en el aniversario del Grupo Zeta, entregaron un libro en el que diversas personalidades hablaban sobre Interviú, Zeta y Antonio Asensio – the Godfather y fundador del invento. En uno de los artículos Jesús Hermida (creo) explicaba que lo que diferenciaba a un buen editor de uno malo era el estómago; esto es, el coraje de mantener su apuesta.

Yo soy un editor con estómago a diferencia de RBA. Así que no preocupen: si está bien escrito y es estimulante, lo publicaré (aunque tenga que hacer un post posterior explicando mi postura personal).

¿Cuándo empezamos?

¡Mañana por la mañana! Y a partir de ahí, cuando ustedes gusten, si gustan, claro.

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¿Por qué es buena idea cerrar todos los blogs de psicología y mandar a Siberia a los que protesten?

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Pese a que no soy la persona más sagaz del mundo, durante la semana pasada y mientras trasteaba las entrañas del blog  me di cuenta de que había un puñado de preguntas que me perseguían por la calle.

¿De verdad necesitamos más blogs de psicología? De hecho, ¿Necesitamos alguno? ¿No será todo esto otra muestra más de ego rancio y presuntuoso? ¿No es mejor rendirse a la evidencia, admitir que la verdad es que no necesitamos más gente parloteando y cerrar el chiringuito?

Siempre he sido más rápido que mis preguntas (y sospecho que en eso reside mi relativa salud mental) pero he de reconocer que esta vez las preguntas han sido más testaduras y rápidas que de costumbre.

No sé si me explico:

No te quieres enterar…

…de que la psicología es una ciencia joven, dinámica, en expansión; de que Obama ha dicho que esta es la década del cerebro y de que cuando un grupo de científicos trata de mejorar el mundo, el universo entero conspira para ayudarles.

Es nuestra obligación cívica confiar en los psicólogos y los neurocientíficos. La ciencia, aunque haya gente que aún lo dude, es lo mejor que le ha pasado a la humanidad EVER. Y la neurociencia no es más que el siguiente e inexorable paso.

Al fin y al cabo, cuando una disciplina entra en ciencia normal (esto es, deja atrás las ‘cosas’ de la infancia como las escuelas y las peleas de patio de recreo) queda poco más que hacer posgrados en coaching o en la última innovación terapéutica, montar un (ciber)consultorio y dedicarse a vender consejos basados en el el último artículo trending topic. Eso, queridos, es el aburrimiento consustancial a la ciencia madura y formal. ¿Para qué vamos a querer un blogger? ¿Para repetir por enésima vez lo que es el condicionamiento clásico? ¿Para qué busque cualquier escusa para volver a repetirnos lo de la Cárcel de Stanford? ¿De verdad? Llega un momento en el que hay que decir basta y ponerse a otra cosa. Lo demás es perder el tiempo.

La clave de una sociedad sólida y civilizada es aceptar una sencilla verdad, que la religión busca salvar almas; la política, el bien común y la ciencia, el conocimiento.

#Jajajaj

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Soy un cachondo. Tenemos la sensación de que la ciencia es un lugar etéreo donde reina el fair play y el buen rollo; un montón de tipos muy serios buscando la verdad con microscopios, análisis de covarianza y aceleradores de partículas.  Pero eso es un cuento para que podamos dormir tranquilos.

Hablaré más sobre el tema, baste con decir que cuando cuando el viejo Otto von Bismark dijo aquello de «hay dos cosas que la gente nunca debería ver cómo se hacen: las leyes y las salchichas», se estaba refiriendo también (y sin saberlo) a las leyes científicas.

En psicología para no irnos muy lejos, un año y poco después del Primingate ya hay voces denunciando que con la excusa de la replicación se han iniciado ya más de una caza de brujas.  Y es que la ciencia es sangre, lodo y presupuestos de investigación aunque luego se vistan de frac y vayan a recoger el nobel. Esa es la belleza de lo humano aunque a muchos no acabe de gustarle.

La cruda realidad es que si tuvieran lo que hay que tener, la Editorial Laetoli sacaría un libro llamado «La ciencia, ¡Vaya timo!». Pero no lo harán. No hay huevos.

Y ante esto ¿Qué dice la blogsfera?

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Por deporte, me puse a ver cuales eran los blogs de psicología con más seguidores, más eco o más presencia en el algoritmo de Google. Y el resultado se puede resumir en ese neologismo que acuñó Daurmith: #Punsetadas Hay cosas dignas, claro, pero están en franca minoría.

Los que saben algo de esto dicen que hay tres niveles: el periodismo científico, la divulgación científica y  hacer el mamarracho confundiendo a la gente bajo un halo presuntamente científico. No voy a perder ni un segundo en clasificar cada uno de los blogs. Pero, ¿de verdad necesitamos una lista más sobre como los sentimientos positivos nos ponen en el camino de la felicidad y blablabla? ¿En serio?

Y ¡ojo! no lo digo desde una lejana torre de marfil. Yo puse en marcha una cosa llamada ‘Una Vida Interesante‘ que estaba en esa línea (al menos en cuanto a formatos). Me tragué punto por punto todas las tonterías sobre viralidad y ‘content marketing’. Lo que pasa es que al caerse del caballo unos se despiertan mientras otros parecen desarrollar importantes secuelas neurológicas.

Sé que decir banalidades vende pero tenemos que ir más allá. Es una cuestión ética. Hay una línea moral que no podemos cruzar.

El título del post es pura retórica e idealismo bonachón. Todos sabemos que ni hay suficiente napalm en el mundo para hacer justicia en la red, ni yo pretendo ser ese justiciero. Sólo pretendo levantar la mano y señalar que ¡Coño! El Rey está desnudo. No sé si es buena idea cerrar todos los blogs y abrir gulags en Siberia… de lo que estoy seguro es de que es el momento de reflexionar sobre lo que hacemos.

Yo solo pretendo hacer un poco de buen periodismo deportivo. Y no sólo porque me encantaría escribir el ‘Fiebre en las gradas‘ de la ciencia, sino porque creo que hace falta una visión alejada del romanticismo absurdo que ayude a darle una dimensión social adecuada a la ciencia. Y más aún, porque creo que escribir, si se sigue el consejo de Hank Moody, hace del mundo un sitio mejor.

Dos citas y una canción desesperada

O mejor dicho, dos citas y un coralario par acabar este post. Ayer mismo en twitter Juan Ramón Barrada decía que

La investigación en psicología está cambiando a un ritmo intenso y la transiciones suponen roces. Época interesante.

A eso, sólo podemos añadir lo que escribía Andrew Sullivan en su genial ensayo «Why I blog»

Durante siglos, los escritores han experimentado con formas que evocaran la imperfección de pensamiento, la inconstancia de los asuntos humanos y el paso del tiempo que todo pone en su sitio. Pero a medida que evoluciona el blog como forma literaria, está generando un nuevo y esencial idioma posmoderno que permite a los escritores expresarse de formas que nunca se han visto o entendido antes. Sus verdades son provisionales y su ethos colectivo y desordenado. Sin embargo, la interacción que permite entre el escritor y el lector no tiene precedentes, es visceral y a veces brutal. Y no se equivoquen: anuncia una era dorada para el periodismo.

Así que, psicólogos del mundo, es hora de hacerse mayores. El siglo XXI ha puesto el mundo al alcance de nuestros teclados. Un mundo lleno de miedos, de sufrimiento y de desesperanza. Es hora de abrir uno, cien, mil blogs de psicología.

Es hora de ponerse a trabajar.

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La psicoterapia de la banana o cómo rediseñar un blog para conquistar el mundo

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Dicen que si hay que tener cerca a los amigos, a los enemigos hay que tenerlos muchísimo más cerca. Por eso, desde hoy Dronte lleva en portada a un plátano, banskiano y en terapia pero plátano al fin y al cabo. Los lectores habituales ya sabéis que bajo mi modesta pero meditada opinión el plátano debería estar en toda lista de aberraciones de la naturaleza que se precie; por eso, creo que la psicoterapia de la banana es el símbolo más claro de que he quemado las naves y de que hoy el blog comienza una etapa más guerrera, más auténtica y, sobre todo, más decida que nunca a comerse el mundo.

El pueblo ha hablado y (parece que) exige cambios. Ya sabemos que no son cambios estéticos y que con una página de facebook o una cuenta de twitter no arreglamos nada. De hecho, estoy seguro que los que he hecho y voy a hacer no serán ni los mejores ni los más recomendables pero, una cosa sí que les puedo asegurar, al menos serán divertidos.

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Volver a empezar

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Como ya sabéis, este blog que veis tan lozano y juvenil tiene más de nueve años de vida. Durante estos nueve años hay algo que me pasa de vez en cuando: de repente me doy cuenta de que el Javi que escribe el blog no soy yo y que la inercia y el escaso tiempo me ha llevado a hacer un blog distinto al que me quiero hacer.

No es preocupante. Como dice Philip Roth “escribir te convierte en alguien que siempre se equivoca”. Pero la verdad o tienes cuidado o a la larga hace que bloguear pierda todo el sentido. Así que es hora de decir adiós y empezar de cero.

Las guerras no son cosa de risa. Por eso me voy a meter en el taller, voy a hacer algo de i+d (rollo Tony Stark) y vuelvo en un segundo sólo que siendo un poquito más yo. No tardo mucho, no me echen demasiado de menos.

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Una pregunta al vuelo

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 Un día de estos llegará un Benzos, creará el Amazon de la psicoterapia y vendrán los lloros y los lamentos. Mientras tanto en LoQAB queremos aprender. Por eso estamos estudiando crear una plataforma gratuita para ayudar a los psicoterapeutas del mundo a trabajar por internet. ¿Qué creéis que esta plataforma debería tener?

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Planificando que es gerundio

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Como una guerra es una cosa muy seria, voy a intentar hacer un par de cambios en el blog; así, como concepto. En primer lugar, voy a intentar traer artículos más trabajados un par de veces a la semana: el plan es que los lunes y los viernes sean los días escogidos para ese menester. Los miércoles seguiré con las cartas de EmprendedoraMente (por cierto: se avecina – al menos – un taller de emprendimiento en Madrid, #hastaaquípuedoleer) y los domingos con las Charlas de la semana.

¿El resto de los días? El resto de los días además de las anotaciones al aire que se me vayan ocurriendo (esto no deja de ser un blog personal, 😉 ) quiero dedicar más tiempo a trabajar en «proyectos de guerra»: ya saben, psicología científica, abierta y exhaustivamente orientada a mejorar nuestro entorno.

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Estamos en guerra

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En este Occidente que nos ha tocado vivir, la guerra tiene mala prensa. Si Mambrú se fuera hoy a la guerra, nos quedaríamos en el qué dolor, qué dolor, qué pena y se acabó; nada de sangre, ni veteranos, ni trincheras.  La guerra es algo muy otro que diría aquel, muy incómodo, muy impropio de gentes civilizadas.

Jus ad bellum

Aunque es justo decir que hay guerras que es necesario dar. Y por eso, incluso en nuestra cada-vez-más-pacifista tradición filosófica, existe la idea del jus ad bellum, el derecho a iniciar una guerra. Cosas como tener una causa justa, un buena intención, cierta probabilidad de éxito y la ausencia de otros recursos son cosas a tener en cuenta antes de coger el fusil.

Sería largo de explicar minuciosamente que es así, por eso voy a contaros una simple escena que se repite una y otra y otra vez. Esa situación proverbial en la que se dice algo así como «sabemos taaaaan poco de la mente» y te miran para que, en calidad de psicólogo titulado, certifiques que la psicología no tiene ni puñetera idea de nada de nada.

La psicología está adocenada, no porque sepamos poco. La psicología es mediocre y vulgar porque no hemos sido capaces de transformar la información en conocimiento, en una lógica ‘luminosa’ y llevarla a todos lados.

Nos hemos perdido por el camino. O si lo prefieren,

The confusion and barrenness of psychology is not to be explained by calling it a “young science”; its state is not comparable with that of physics, for instance, in its beginnings. (Rather with that of certain branches of mathematics. Set theory.) For in psychology there are experimental methods and conceptual confusion. (As in the other case, conceptual confusion and methods of proof.)
The existence of the experimental method makes us think we have the means of solving the problems that trouble us; though problem and method pass one another by.

Esta frase de la segunda parte de las Investigaciones Filosóficas resume la opinión de Wittgenstein sobre la psicología. En este extracto crítica un capítulo de Köhler (uno de los padres de la psicología de la Gestalt) en el que proponía, tomando partido por la neuropsicología frente al conductismo, que la psicología debía mirarse en las ciencias naturales; pero no en su estado de desarrollo actual sino en sus comienzos históricos.

Wittgenstein señalaba que el problema no eran los métodos o estrategias de investigación, el problema real era la confusión conceptual de la disciplina y eso es algo que pasa de un método a otro. Setentaytantos años después seguimos en una situación parecida: con una psicología presa de la esterilidad (barrenness).

Hace unos años (y durante un par de ellos) me hice cargo de un curso de elaboración de tests y escalas. Para explicar a aquellos estudiantes la ‘confusión conceptual’ a la que nos referimos Ludwig y yo, les pedía que, entusiasmados como venían de un curso anterior sobre psicoanálisis, operativizaran el ‘apego’ o las ‘relaciones objetales internas’. Reconozco que es muy divertido ver como pasan del entusiasmo a… maldecir a Bowlby y a Otto Rank en minutos.

En psicología nunca hubo un Paul Samuelson: alguien capaz de llevarse la disciplina tras de él y darnos un marco común sin familias sicilianas extorsionando gabinetes de psicología. Skinner (lo más parecido a Samuelson en psicología) estuvo a punto de conseguirlo, pero su promesa de ‘pax científica’ se escapó de la caja cual paloma supersticiosa.

Sin un marco común, todo se nos vuelve un diálogo de sordos más parecido a la izquierda radical donde hay más partidos que militantes que a una disciplina seria; todo se nos vuelve esterilidad y confusión.

Y no es sólo una cuestión científica (no es solo que necesitemos “disciplina, sistematicidad, exhaustividad, economía intelectual, ahorro de tiempo y esfuerzo, replicabilidad de resultados o explicitación clara de supuestos», que también). Es sobre todo una cuestión ética: la misma cuestión que separa a la medicina de la biología, la innegable certidumbre de que hay gente ahí fuera que sufre y que nuestro deber es intentar ayudar o, al menos, no hacer más daño.

Eso es lo que nos da derecho a ir a la guerra. Por eso, esta mañana, mientras tomaba un té con leche y medio cruasán con mermelada de ciruelas, he pasado a DEFCON 1 y he declarado el estado de guerra. Estoy en guerra. Quedan avisados.

Así que pasemos al ataque

Psychologists have a tendency to endow obsolete techniques with obscure interpretations

En 2005, Denny Borsboom, profesor de la Universidad de Ámsterdam, habló en el Congreso Internacional de la Psychometric Society como ganador de su Dissertation Prize. Fruto de aquella exposición, al año siguiente publicó en Psikometrica (quizás la revista más importante del área) “The attack of the psychometricians” un polémico paper (del que extraigo la cita de arriba) que podía haberse titulado “Elogio y refutación de la psicometría” y en el que arremetía con fuerza contra el aislamiento existente entre los psicólogos y los psicómetras.

Para que se hagan una idea es como si los economistas ignoraran completamente a la econometría; vamos, es como si todos los economistas fueran austriacos o astrólogos. Por suerte eso, en economía, no pasa (+).

Donde sí que pasa es en psicología. Y mucho.

Borsboom es, no lo voy a ocultar, un tipo polémico. Ya en 2004 (con “The concept of validity“) se había recorrido media Europa diciendo que todo lo que se había hecho en ‘estudios de validez‘ hasta el momento estaba equivocado. Aunque no le faltara razón, la mayor parte de los psicómetras se hicieron los suecos y el asunto no trascendió demasiado; recuerdo las tardes discutiendo sobre el artículo con mi profesor de Psicometría II y todavía creo que en aquel despacho fue donde más en serio se tomaron sus ideas.

Pero independientemente del gusto de Borsboom por la polémica (y de que en algunas partes su análisis fuera tendencioso), con ‘The attack of the psychometricians’ ponía el dedo en la llaga: algo pasaba en la psicometría cuando ninguno de los avances de los 40 últimos años habían pasado al mainstream de la psicología. Más aún, en qué estábamos pensando para que los avances científicos más importantes de los últimos años sólo habían tocado a la psicología más que para maquillar el dualismo tomista y darle un look neurocientífico.  Los motivos son complejos y combinan, como de costumbre, problemas teóricos, sociológicos e, inevitablemente, biológicos. Pero, y en eso estoy de acuerdo con Borsboom, la complejidad hace la cuestión más interesante.

Javi cogió su fusil

“Escribir buenos manuales introductorios”, “leer y publicar salvajemente” y “enfangarse hasta arriba en el trabajo sustantivo” fueron los tres frentes que el profesor holandés propuso en su trabajo para conseguir que la Revolución Psicométrica (la deseable integración entre logía metría) tuviera lugar. Pero, en realidad, esas son también las tres batallas de la Revolución Científica que estamos esperando.

Así que a partir de hoy queda confiscado este blog. Desde aquí, y ahora explícitamente, trataremos de mejorar la psicología peleando en el primer frente: escribiendo buenos manuales introductorios. O lo que es lo mismo, tratando de explicar de forma sencilla e interesante qué es esa cosa llamada psicología y haciendo agit-prop en favor de esa Revolución Científica que, como todas, nunca llega.

Pero personalmente también voy a pelear las otras dos batallas. Y soy un tipo duro. Estos días, tras la muerte de Gary Becker he sentido, una vez más, una envidia mal sana de la economía (+). Becker decidió escudriñar la realidad con lo mejor de su disciplina, la lógica económica: supongo que es poner el listón demasiado alto pero si me recordasen por llevar la lógica conductual (esa lógica luminosa de la que hablaba más arriba) a todas partes, sería feliz. Inmensamente feliz. Y esta guerra habría merecido la pena.

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Esta semana toca… Mudanza

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Pues sí, señores. Esta semana empieza la primera fase de ‘toma de posesión’ de las nuevas oficinas de LoQAB (primera fase, porque el ‘laboratorio’ y el resto de los espacios no estarán operativos hasta, como pronto, la primera quincena de septiembre). Y por eso, estoy hasta arriba y sin (mucha) conexión a internet. La semana que viene si todo va bien retomare la ‘anormalidad’ que me caracteriza.