Seis semanas en casa

Voy a explicarlo, sí. No porque vaya a leerlo mucha gente; al contrario, espero. Más bien porque es una manera de explicármelo a mí mismo (por si me da por flaquear). Durante unas seis semanas (día arriba, día abajo) voy a «estar fuera». Metafóricamente, claro. No está la cosa como para «estar fuera» literalmente, ya me entendéis.

La razón más inmediata es que mañana empiezo lo que me queda de baja de paternidad. Prestación, lo llaman. Mi mujer es médico y, aunque hasta ahora ha estado de maternidad, tiene que incorporarse ya, mes y medio antes de lo previsto. Cosas de la pandemia, ya sabéis. De hecho, mucho ha tardado porque, hace meses ya, que se puso a disposición del servicio. Afortunadamente, habíamos guardado mis días.

Lo que pasa es que mi «estar fuera» va a ir un poco más allá. He estado dándole muchas vueltas y he decidido que voy a aprovechar para intentar desconectar. No recuerdo la última vez que lo hice, de verdad, y tampoco estoy muy seguro de que me vaya a servir de mucho. Pero siento que es algo que tengo que hacer (porque, además, tampoco voy a tener muchas más oportunidades de hacerlo).

No tendría mucho sentido ocultar que todo esto de la epidemia me ha dejado un poco tocado. Quizás no tanto a nivel personal (aunque también, pero, en fin, mi carácter ayuda a sobrellevar las estocadas), como a nivel profesional. Estoy muy contento del trabajo que hacemos en Xataka, ojo; no hablo de eso.

Es algo más profundo: sobre la confianza en las instituciones, sobre el papel de la prensa en un mundo como el nuestro, sobre lo que sucede como oportunidad para entender mejor lo que somos y lo que queremos ser. Si logro formularlo de una forma sintética, vuelvo y os lo cuento.

Así que, aquí me tenéis, a punto de borrar las apps de redes sociales, con el podcast de vacaciones y la voluntad de concentrarme en las cosas pequeñas. Volveré, supongo, en cuatro o cinco semanas para preparar mi reéntre. Ya veremos qué utilidad tiene todo esto. Si es que la tiene, que ya es mucho decir.

Se buscan cosas

Pues ya estamos a primero de septiembre. Es decir, faltan cuatro meses para fin de año y, sinceramente, viene cargado de posibilidades e incertidumbres.

En los últimos años, he estado compaginando mi trabajo en Xataka, Magnet y el resto de WSL con el trabajo como asociado en la(s) Universidad(s). A partir de ahora (y por un tiempo), lo universitario va a estar más complicado por una mera cuestión lingüística – parece. Ho estic solucionant, clar, però (ara com ara) encara estic lluny del C1.

He presentado algunas candidaturas, pero no soy muy optimista. Así que me he decidido a ver otras opciones, proyectos y propuestas. A ver qué secretos esconde Barcelona.

Hay que ponerse en serio

Ayer, a propósito de la enésima polémica de twitter, leí a alguien reflexionar sobre la dificultad de trabajar en temas de actualidad y mantener, a la vez, proyectos de largo aliento. A mi me pasa. Contínuamente. Mi carpeta de proyectos arrumbados en las carpetas del desván de dropbox tienen el tamaño del Gran Cañón del Colorado.

No es bueno. Uno acaba siendo «esclavo» de la actualidad y ve, como poco a poco, esos proyectos apenas pespuntados se convierten en historia antigua. Al final, como siempre, va a haber que recurrir a la psicología… el cambio conductual nunca es fácil, pero, a veces, es más que necesario.

En el Nueva York de la Mancha

Pues sí, este año va a estar lleno de miguelitos y galianos. Y vino, azafrán, queso y melón y cordero. Nos vamos a los interminables llanos de la Mancha donde suenan las tamborradas a lo lejos.

Por un año, al menos, tienen casa en Albacete. Y quién sabe qué nos deparará el futuro.

Año nuevo, blog nuevo

En realidad no es nuevo. Así, a ojo, en mayo cumplirá 12 años. Lo que pasa es que hoy, por una serie de catastróficas desdichas entre las que sobresalen mi torpeza absoluta, he destrozado el archivo histórico del blog.

En mi defensa diré que no está perdido del todo, pero (como para recuperarlo voy a necesitar muchas horas de trabajo) por ahora y durante los próximos meses, empezamos de cero.

Eso tiene cosas buenas y cosas malas: habrá secciones nuevas (como Clásicos), secciones renovadas (como Pedia) y otras que han desaparecido tan inmisericordemente que no recuerdo ni su nombre.

Además, aprovechando que no he encontrado la plantilla anterior, la he cambiado y, como podéis ver, corren nuevos tiempos estéticos. Ay, las modas.

Ya sabéis lo que dicen: año nuevo, blog nuevo… aunque sea por torpe.

1 de diciembre: Charla sobre «radicalización y prevención de la violencia» en Madrid

¡Se me olvidaba! El jueves 1 de diciembre hablaré de «radicalización y prevención de la violencia» en el Espacio Ronda Madrid invitado por la Asociación de Mujeres por la Paz Mundial. En general, hablaré de los sospechosos habituales: prácticas culturales,  tecnologías de la conducta y cosas así. Si queréis, nos vemos: a las 7 y media, entrada libre.

Más de cien subscriptores en dos semanas. Madre mía.

Ya sabéis que algunos días saco una recopilación de enlaces, comentarios y garabatos. Le llamé «Todo vale» por mi viejo amigo Paul Feyerabend y su famosa frase «el único principio que no inhibe el progreso de la ciencia es ‘Todo vale’».

Hace unas semanas, por sugerencia de un amigo activé la newsletter (os podéis subscribir aquí, por cierto). Y ha pasado algo curioso: a día de hoy, la newsletter ha superado los cien subscriptores con tasas de apertura, clicks e interacciones mucho mejores a las del blog. Sorpresas que da la vida.

Esto mu ha hecho reflexionar sobre lo que estaba haciendo y decidir que merece la pena hacer ‘Todo vale’ email-first. Una expresión que usan los periodistas para cuando se decide apostar primero por un medio de distribución. Se ha usado ‘online-first‘, ‘mobile-first‘, etc… O sea, una palabro pijo para decir que ahora los ‘todos vale’ van a orientarse al correo electrónico.

¿Por qué este cambio? Pues porque una newsletter ha de ser distinta a un blog. Michael B. Dougherty, que escribe una newsletter fantástica sobre baseball, dice que «una newsletter debe tener la personaldiad de una carta a un amigo y la profesionalidad de una revista». Me parece un lema muy sensato y me apetece probar cosas nuevas y lenguajes distintos. Quicir, tengo zillones de ideas superchulas para hacer la newsletter más mejor del mundo (o bueno, al menos de mi bloque de pisos).

Por el momento, seguiré publicando las cosas en el blog. Pero a partir de ahora mi prioridad sois vosotros, newsletteros. Nos vamos a divertir.

Suspendemos todo por baja temporal

Ay. Pues sí, estos días, voy a dejar de hacer el ‘Todo vale’. El motivo fundamental es que ahora mismo, no doy de mí y, los próximos días, con la parte fuerte de la mudanza de por medio, va a ser peor.

La idea es volver pronto. Pero tengo que reorganizar un poco todo. Hay un número limitado de horas y hay otros proyectos (especialmente uno) al que le estoy dedicando menos tiempo del que quiero y del que se merece.

Y en fin, no se puede estar en misa y repicando.

Gacelas y casidas

De vez en cuando, se me va la cabeza en twitter y hago lo que, en el argot, llamamos un martindonato: una sucesión – potencialmente infinita – de tweets sobre algún tema en particular. Uno tras otro. Pim pam pum.

Lo que pasa es que twitter tiene la consistencia de los bancos de peces y hay muchos peces en el mar. Por eso, supongo, una multitud inmensa de fans (bueno, uno sólo y no está claro aún que sea fan ni nada) me han comentado que sería buena idea poner los martindonatos en un formato más «linkable».

En definitiva, que he creado una de esas colecciones de Medium que no son más que carpetas para guardar las cosas que no caben en otro sitio: Gacelas y casidas. Perdonen la mitosis.