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Diez mil novecientos cincuenta y siete días

Hoy me han vuelto las ganas de cambiar el mundo.

En el Nueva York de la Mancha

Pues sí, este año va a estar lleno de miguelitos y galianos. Y vino, azafrán, queso y melón y cordero. Nos vamos a los interminables llanos de la Mancha donde suenan las tamborradas a lo lejos.

Por un año, al menos, tienen casa en Albacete. Y quién sabe qué nos deparará el futuro.

Año nuevo, blog nuevo

En realidad no es nuevo. Así, a ojo, en mayo cumplirá 12 años. Lo que pasa es que hoy, por una serie de catastróficas desdichas entre las que sobresalen mi torpeza absoluta, he destrozado el archivo histórico del blog.

En mi defensa diré que no está perdido del todo, pero (como para recuperarlo voy a necesitar muchas horas de trabajo) por ahora y durante los próximos meses, empezamos de cero.

Eso tiene cosas buenas y cosas malas: habrá secciones nuevas (como Clásicos), secciones renovadas (como Pedia) y otras que han desaparecido tan inmisericordemente que no recuerdo ni su nombre.

Además, aprovechando que no he encontrado la plantilla anterior, la he cambiado y, como podéis ver, corren nuevos tiempos estéticos. Ay, las modas.

Ya sabéis lo que dicen: año nuevo, blog nuevo… aunque sea por torpe.

1 de diciembre: Charla sobre «radicalización y prevención de la violencia» en Madrid

¡Se me olvidaba! El jueves 1 de diciembre hablaré de «radicalización y prevención de la violencia» en el Espacio Ronda Madrid invitado por la Asociación de Mujeres por la Paz Mundial. En general, hablaré de los sospechosos habituales: prácticas culturales,  tecnologías de la conducta y cosas así. Si queréis, nos vemos: a las 7 y media, entrada libre.

Más de cien subscriptores en dos semanas. Madre mía.

Ya sabéis que algunos días saco una recopilación de enlaces, comentarios y garabatos. Le llamé «Todo vale» por mi viejo amigo Paul Feyerabend y su famosa frase «el único principio que no inhibe el progreso de la ciencia es ‘Todo vale’».

Hace unas semanas, por sugerencia de un amigo activé la newsletter (os podéis subscribir aquí, por cierto). Y ha pasado algo curioso: a día de hoy, la newsletter ha superado los cien subscriptores con tasas de apertura, clicks e interacciones mucho mejores a las del blog. Sorpresas que da la vida.

Esto mu ha hecho reflexionar sobre lo que estaba haciendo y decidir que merece la pena hacer ‘Todo vale’ email-first. Una expresión que usan los periodistas para cuando se decide apostar primero por un medio de distribución. Se ha usado ‘online-first‘, ‘mobile-first‘, etc… O sea, una palabro pijo para decir que ahora los ‘todos vale’ van a orientarse al correo electrónico.

¿Por qué este cambio? Pues porque una newsletter ha de ser distinta a un blog. Michael B. Dougherty, que escribe una newsletter fantástica sobre baseball, dice que “una newsletter debe tener la personaldiad de una carta a un amigo y la profesionalidad de una revista”. Me parece un lema muy sensato y me apetece probar cosas nuevas y lenguajes distintos. Quicir, tengo zillones de ideas superchulas para hacer la newsletter más mejor del mundo (o bueno, al menos de mi bloque de pisos).

Por el momento, seguiré publicando las cosas en el blog. Pero a partir de ahora mi prioridad sois vosotros, newsletteros. Nos vamos a divertir.

Suspendemos todo por baja temporal

Ay. Pues sí, estos días, voy a dejar de hacer el ‘Todo vale’. El motivo fundamental es que ahora mismo, no doy de mí y, los próximos días, con la parte fuerte de la mudanza de por medio, va a ser peor.

La idea es volver pronto. Pero tengo que reorganizar un poco todo. Hay un número limitado de horas y hay otros proyectos (especialmente uno) al que le estoy dedicando menos tiempo del que quiero y del que se merece.

Y en fin, no se puede estar en misa y repicando.

Gacelas y casidas

De vez en cuando, se me va la cabeza en twitter y hago lo que, en el argot, llamamos un martindonato: una sucesión – potencialmente infinita – de tweets sobre algún tema en particular. Uno tras otro. Pim pam pum.

Lo que pasa es que twitter tiene la consistencia de los bancos de peces y hay muchos peces en el mar. Por eso, supongo, una multitud inmensa de fans (bueno, uno sólo y no está claro aún que sea fan ni nada) me han comentado que sería buena idea poner los martindonatos en un formato más “linkable”.

En definitiva, que he creado una de esas colecciones de Medium que no son más que carpetas para guardar las cosas que no caben en otro sitio: Gacelas y casidas. Perdonen la mitosis.

Tumbados en el suelo

No había nieve en las azoteas, ni mantecados en las alacenas, pero era fin de año. Estábamos los de siempre y alguno nuevo y alguno menos. Formábamos un círculo entre los árboles, sentíamos el frío afilado de la vaguada cerca del río, nos mirábamos como tratando de intuir las historias que contaban las arrugas, los cortes y las marcas de expresión.

  • “¿Y si despedimos el año tumbados en el suelo?”
  • “¿Por qué?”
  • “Porque así, por muy bueno o muy malo que haya sido este año, el año que viene sólo podremos ir hacia arriba”

Algún día tendré que dejar las tradiciones tontas producto de lunas largas y los recuerdos felices de la infancia, pero no será esta noche. Adiós, 2015; perdona que no me levante.

Esta semana he estado en casa

A finales de primero de carrera ya había decidido dedicarme a la metodología. Ni ocho meses había tardado la psicología en deshacérseme entre las manos. “No se pueden hacer rascacielos en suelos de arcilla” o algo así me repetía por aquella época.

La de la metodología tampoco había resultado una decisión estúpida. Casi al final del curso, la profesora de ‘Análisis de datos’ ya me había ofrecido colaborar con su grupo de investigación. Era un buen plan.

Pero ese verano, por accidente, me di de bruces con ‘Contextos‘. En aquella época era poco más que un catálogo de artículos, de preguntas y de respuestas y de otros textos (más antiguos o más modernos) sobre conductismo e interconductismo. Aquella fue la primera piedra del camino.

Tiempo después, en la Librería Cervantes de Oviedo, compré por casualidad ‘Contingencia y drama’ de Marino Pérez. Solo he estado de acuerdo con Marino las siguientes dos semanas, pero qué dos semanas: en ese libro, se abordaban muchos temas de los que no se se solía escuchar una opinión conductista.

Después de aquello, como pasa después de cada experiencia iniciática, leí todo lo que pude encontrar. En mi cabeza, era alguna especie atípica de superhéroe: especialista en teoría de la generalizabilidad de día, analista de la conducta de noche.

No puedo decir que Skinner sea mi padre intelectual. Ni Ribes, ni Watson, ni nadie en realidad. Pero sí puedo decir que mi biografía sentimental está vinculada al análisis de la conducta y mi filosofía está impregnada de campos y funciones. Fue el camino que yo seguí para aprender a pensar como psicólogo y eso deja una marca de agua permanente en la mirada.

Nunca he sido un radical. Peck decía que los radicales son ‘los que ven el bosque tras los árboles’. Por eso sé que no lo soy. Soy capaz de ver el bosque, si me lo propongo; pero sobre todo, soy un romántico incorregible. No soy capaz de escapar de la belleza chica de las teorías y eso me vuelve una persona llena de contradicciones: no porque no tenga convicciones, sino porque las tengo todas. Siempre encuentro una excusa para demorar el bosque, sea una flor, un modelo, una historia o la ontoteología de Spinoza.

Por eso sé que no soy radical, porque ‘me distraigo con lo que otros ven como superficialidades’. Pero sé también que siempre seré un analista de conducta metido en muchas cosas, quizá en demasiadas. Y de vez en cuando viene bien recordarlo y volver.

El jueves estuve un suspiro en casa. Y qué ganas de no volver a irme.

¡Estreno casa!

Si hace nada os contaba que ‘tocaba escribir‘, hoy me incorporo al equipo editorial de Xataka como editor de ciencia. Xataka es el medio tecnológico de referencia en castellano con más de 5 millones de usuarios únicos al mes. Vamos, ¡Qué voy a decir yo!, pero me han ascendido a primera división.

Sólo queda dar las gracias al equipo de WSL por la confianza, aprender de los cracks que trabajan allí y ponerme a currar como si no hubiera un mañana.