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¿Qué son los valores? Humanismo secular, psicología y otras divagaciones biográficas de fin de semana

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Un día, tomando unas pintas, unos compañeros del laboratorio me preguntaron que por qué leía ese mamotreto de las obras completas de Georg Simmel. Aquella, supongo, fue una de las cosas que les llevó a dejar de preguntarme por las cosas que leía.

Simmel me lo había recomendado Ernesto Quiroga para entender mejor la tradicion axiológica alemana de la que ellos (Fuentes Ortega y él) tomaban la idea de ‘valores objetivos’. Pero leyéndole se me había ocurrido algo: que los ‘valores’ eran el reverso emic de las funciones que ciertos bienes (materiales, éticos o sociales) tienen en una comunidad verbal determinada.

La idea era que ya sea por la progresiva atomización social o por la desactualización de las comunidades tradicionales, conlleva la desaparición de ciertos bienes sociales que permitían lo que llamaba hace un tiempo «hábitos de vida psicológicamente saludable». No estoy de acuerdo con el nuevo ‘catolicismo’ de Fuentes Ortega, pero me planteaba qué pasaría si interveníamos mediante un lenguaje emic (ético) más que etic (psicológico).

Otro día si a alguien le interesa desarrollo el argumento, pero por no extenderme demasiado (y porque este post es para explicar cómo la psicología comunitaria me llevó al humanismo) pasaré a la acción: Convencí a los chicos (que, todo hay que decirlo, me llevaban varios litros de cerveza de ventaja) de que podía ser una buena idea poner esa tesis en práctica en los servicios psicológicos de la Universidad.

Hablamos con un buen número de los capellanes de la universidad (que tampoco eran muchos) para iniciar un programa en el que crear ‘grupos terapeúticos’ que bajo el discurso religioso estuvieran dirigidos por analistas de la conducta. La idea no cuajó: los capellanes se tomaban muy en serio su religión.

Queríamos usar un entorno ‘espiritual’ porque, como dice Hemant Mehta en el video de acá abajo, creíamos que hay cosas que las iglesias hacen muy bien.

Y nosotros queríamos aprovecharnos de ello: uno no se encuentra un arsenal retórico-persuasivo tan amplio todos los días. Así que ante la negativa, decidimos tirar para adelante y creamos, por nuestra cuenta y riesgo y a modo de piloto, un ‘grupo terapeútico humanista’. Os preguntaréis por las actividades que desarrollábamos:

– Acogíamos conferencias, talleres y debates abiertos al público sobre humanismo y cuestiones relacionadas.
– Organizábamos eventos y dinamizabamos espacios de participación social tanto entre humanistas de la zona como con el resto de la comunidad humanista de Cambridge.
– Promovíamos el «desarrollo personal» – por llamarlo de alguna manera-, desarrollando estrategias que vayan desde el apoyo personal persona-a-persona a programas comunitarios.
– Y organizábamos programas de servicio e intervención social.

Como ven, nada demasiado serio. De hecho, deliberadamente, tratamos de no psicologizar demasiado el grupo y basarnos en textos humanistas clásicos. Aún así los resultados del grupo piloto fueron BRUTALES, francamente buenos, vaya; mejoramos con mucho los resultados del resto de los grupos que trabajaban en el servicio.

Tras una acusación de «promoción encubierta de una confesión particular», decidimos cerrar el proyecto pero, a pesar de que la experiencia no dejaba de ser anecdótica, empecé a mirar y a interesarme por el movimiento humanista. Incluso a verlo con simpatía.

Desgraciadamente, aquella era la época del Nuevo Ateísmo y poca gente estaba interesada en «hacer vida comunitaria» más allá de criticar a la religión. Algo que por lo demás no me parecía mal: yo mismo fui miembro de Europa Laica. Pero no era lo que buscaba.

Hasta que de unos años a esta parte esto ha empezado a cambiar. Como decía hace un par de días, están surgiendo organizaciones y experiencias interesadas precisamente en reformular las ‘comunidades éticas’ en términos de ateísmo, agnosticismo y otras formas de increencia (desde la perspectiva de que no es algo para todos, pero sí para algunos).

Harían falta toneladas de investigación para afirmar que, al modo estoico o aristotélico de antaño, este humanismo secular de hoy podría actuar con una suerte de psicología preventiva para un importante número de personas. Por eso no lo afirmaré; pero esa es mi intuición. Toca seguir trabajando, pues.

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El humanismo secular sigue organizándose.

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Ya he contado alguna vez como la psicología comunitaria me llevó al mundo del humanismo secular. Pues por lo visto, el humanismo sigue organizarse en Estados Unidos. Siguiendo el ejemplo de Harvard y su capellán, el señor Greg Epstein, van tomando protagonismo las capellanías universitarias: la última en arrancar con fuerza es la de la Universidad de Yale. Supongo que es una vía interesante esta de normalizar las comunidades humanistas en la universidad para acabar por establecer una red a nivel general.

Medios como On Faith, dedicados al mundo religiosidad, ya incluye muchos artículos humanistas y parece que la blogosfera va creciendo poco a poco. Igual soy yo que la semana pasada fue el Congreso Humanista Internacional en Oxford y me dejó muy buen sabor de boca, pero parece que esto va cogiendo fuerza.

Y en España seguimos sin tener una organización digna de ese nombre. En fin: algún día tendré que ponerme a bloguear en serio sobre el tema.

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¿Qué es el humanismo secular?

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Sigo investigando sobre el humanismo secular. Es interesante ver como distintas formas de increencia, escepticismo, agnosticismo y ateísmo se organizan por el mundo; algunas veces siguiendo el calco de la religión institucionalizada, otras buscando formas originales.

Me decía Pablo que una de las cosas que le preocupaban del humanismo secular es que se convirtiera en «un secularismo más o menos uniforme y sustitutivo de la religión que redunde en el mismo problema, que con mi visión es la negación de la heterogeneidad». La preocupación es más que razonable.

Hay una frase de Baden-Powell que me gusta especialmente y que, además, se adapta bien a esta cuestión:

«Primero tuve una idea. Más tarde vi un ideal. Ahora tenemos un Movimiento, y si algunos de ustedes no están atentos terminaremos teniendo solo con una organización«.

Si lo pensáis un momento veréis las similitudes. Una idea (la de que en el mundo sólo existen causas físicas), un ideal (el de hacer posible una vida ética basada en esa idea) y un movimiento (el humanista). Lo que comenta Pablo es eso: el peligro de que el movimiento (diverso, salvaje, amorfo) se transforme en una organización (monolítica, ordenada, uniforme).

Pero ¿corre peligro real el humanismo secular? ¿Ese «aire de familia» que tienen los humanistas es más propio de un movimiento o de una organización?

En general, el humanismo secular se puede definir como «el proyecto de organizar una visión positiva del mundo, inspirada en la razón científica y en las grandes tradiciones del pensamiento humanista». Dicho así parece muy amplio; fundamentalmente porque lo es.

Tenemos relativistas morales (en castellano, Jesús Zamora Bonilla es un brillante y divertido ejemplo) y realistas morales (como, por poner un ejemplo, Shafer-Landau). Hay grupos que pese a ser ‘humanistas’ filosóficamente, piensan que las religiones son ‘formas de expresión cultural’ y practican su religión como si de creyentes se tratase. Y hay incluso ateos veganos que no quieren definirse como humanistas porque les parece sencillamente demasiado antropocéntrico.

Por eso voy a dedicar los sábados a hablar de estos temas. Y quién sabe…

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¿Por qué es buena idea organizar el humanismo secular?

atheismComo decíamos ayer, no hay ningún grupo español en la IHEU, la unión mundial de organizaciones humanistas. Eso se debe a que virtualmente el humanismo secular no está organizado más allá de algunos grupos laicistas y/o escépticos. Pero, ¿es eso malo? ¿hay algún problema?

Empecé a estudiar al movimiento humanista para ver como los no-creyentes podían organizar ‘comunidades de valores compartidos’. Sabéis que suelo reivindicar los valores desde un punto de vista psicológico. La moral es, en palabras de Paco Traver, «un almacén de posibilidades interpersonales de convivencia con cargas de prohibición/tolerancia que se encuentran dispersas en la cultura y que cada individuo introyecta «para sí» de acuerdo con sus preferencias de vida o concepción del mundo». Pero es que pertenecer a una ‘comunidad moral’ que te pide ser mejor persona, no sólo te convierte en una mejor persona (como dice Epstein en el vídeo de abajo), sino también te hace más sano: en esas «posibilidades introyectadas» (con comunidad o sin ella; aunque parece que la comunidad ayuda) se encuentran buena parte de las claves de la salud psicológica.

Así que ante la pregunta de ‘¿por qué es buena idea organizar el humanismo secular?’ Se me ocurre que, más allá de la interlocución social, la principal razón es la de ofrecer apoyo moral, comunitario. Hace unos años Eduardo Zugasti comentaba en un artículo (cuyo título, me acabo de dar cuenta, es muy parecido al de éste post) que

Asociarse con fines solidarios es un hecho humano natural, independiente de la religión. Además, hoy sabemos que muchas de las ventajas atribuidas a participar en una comunidad religiosa no derivan de las creencias religiosas mismas, o de los ritos, sino de las redes de apoyo y amistad. El hecho de dejar atrás las creencias religiosas no significa que las necesidades sociales desaparezcan.

En ese mismo sentido, podemos escuchar al capellán humanista de Harvard, Greg Epstein,

o al filósofo suizo Alain de Botton

Es evidente que no todo el mundo necesitan la vida comunitaria. Afortunadamente no todos somos iguales. De lo que nos estamos dando cuenta es que crear y reforzar comunidades de valores compartidos tiene consecuencias sociales tan positivas que nunca lo hubiéramos imaginado.

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No God? No poblem

En Vice dedican un reportaje muy interesante al revival ateo/humanista, extraigo vía James Croft una parte interesante:

La idea detrás de las congregaciones sin-Dios, como se conoce a los grupos como el Sunday Assembly, es bastante simple: las iglesias van tanto de construir comunidades basadas en valores compartidos como de la adoración. Los estudios realizados en los últimos años han demostrado que los feligreses son más felices, más optimistas y más saludables que la población «pagana» general. Ser parte de una congregación significa tener más oportunidades de hablar con la gente, de conocer nuevos amigos, de tener pareja y de hacer conexiones profesionales.

No hay ninguna organización española en la IHEU, ¿no va siendo hora de darle una vuelta?