Bad writing #2

Hoy, justo mientras mi mujer me preguntaba si sabía algo de los trozos de patata frita que había en la ropa seca, he sentido que era un buen momento para dar un paseo.


«Ojalá estuvieran muertas todas, me caso en la hostia» [Manresa out of context]


Ya terminé «La uruguaya» de Mairal y he empezado «Poeta chileno» de Zambra. Lo he apuntado en Goodreads (donde no sé por qué he hecho reset y cuenta nueva).

Yo, en realidad, quería leer a C. E. Feiling, pero solo tengo ‘El mal menor’ que es una novela de terror y, como ya sabéis, las cosas de miedo no me gustan. Me dan miedo. Y si luego por lo que sea dejo la novela a medias (como me pasó con ‘Nuestra parte de la noche’ de Enriquez), me siento fatal porque el libro está muy bien, pero yo soy un miedica.

Feiling, por lo demás, escribió un artículo muy interesante («¿Por qué escribo tan mal?«) en el que atacaba el ‘relato’ oficial (pigliano) de la historia de la literatura argentina y arma otro que conecta relativamente bien con lo que tengo yo en la cabeza ahora mismo: huir de esa «literatura asfixiante, que se desvive por inscribirse en esa misma historia y sólo se ocupa de ella», que «prescinde por completo del placer y el gusto» e ir más allá.

Aunque, claro, para eso hay que terminar. Terminar las cosas. En general. Acabar algo. Aunque no como Feiling, que el pobre se murió con 36 años.


Posdata: hoy la cosa ha ido mejor. Solo he intenta encontrar la app de Twitter 25 veces.

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