Por no ver solos el telediario

Era agosto del 51 y Heidegger paseaba por el jardín de la casa del arquitecto municipal de una pequeña ciudad alemana. Allí, en mitad de una fiesta, se encontró con Ortega sentado en el jardín. Estaba solo, con su sombrero y una copa de vino.

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Y un día, de repente, dejé de opinar

Así son las cosas. Ya no podréis decir que nadie os ha avisado. Un día amaneces y la alhacena de la cocina se ha llenado de cereales, bollos y patatas fritas. Otro en cambio, estás contando calorías con la precisión de un detector de ondas gravitacionales. En un momento colgarías a noséquién en la verga mayor del mástil de mesana y, al siguiente, estás mirando en wikipedia qué es eso de vergas y mesanas porque, reconozcámoslo, no eres ni Melville, ni Jack London. Tampoco, gracias a Dios, eres Pérez Reverte.

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Por qué hay que ir a Naukas

Decía Italo Calvino que «las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos». Y de ciencia.

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En el Nueva York de la Mancha

Pues sí, este año va a estar lleno de miguelitos y galianos. Y vino, azafrán, queso y melón y cordero. Nos vamos a los interminables llanos de la Mancha donde suenan las tamborradas a lo lejos.

Por un año, al menos, tienen casa en Albacete. Y quién sabe qué nos deparará el futuro.

Sí que se puede ganar la «guerra» contra las pseudociencias

Hoy Javier Yanes ha publicado un artículo muy interesante sobre «por qué no se puede ganar la guerra contra las pseudociencias«.  Como os podéis imaginar viendo el título de esta entrada,  yo no estoy del todo de acuerdo. Nada grave, cuestión de matiz.

Sinceramente no tengo datos para saber si estamos ganando o no esa «guerra» y aunque tiendo a pensar que vamos ganando, coincido con Yanes en que, en el mejor de los casos, se está haciendo de forma pírrica.

Me voy a repetir, pero la clave precisamente es que no es una guerra. O sea, entiendo perfectamente la metáfora bélica igual que la entiendo en el caso de la salud, pero en ninguno de los dos es una metáfora productiva. Y, oye, yo la uso mucho.

La superstición (y su desarrollo institucional como ‘pseudociencia’) no nace de la nada. Desde mi punto de vista (por lo demás, nada sorprendente) las pseudociencias son conductas como todas las demás que están mantenidas y modeladas por las consecuencias que tienen en el entorno en el que se desarrollan.

Siempre pongo el mismo ejemplo: claro que el cólera se puede «combatir» educando a la gente sobre cómo purificar el agua y cocinar bien los alimentos. Pero como mejor se «combate» el cólera es creando un buen sistema de saneamientos públicos. Las pseudociencias son, sobre todo, un problema social y las herramientas más útiles son las políticas públicas y las reformas sociales.

Se puede ganar la «guerra» contra las pseudociencias, lo que no se puede es matar moscas a cañonazos.

Sí, la ciencia es política

Tenía pensando esperar a la recopilación del domingo para recomendaros leer este artículo de Elizabeth Lopatto en The Verge. Pero creo que hoy es el día.

No estoy de acuerdo con todo lo que dice Lopatto, pero sí con lo esencial: la ciencia es una actividad profundamente política. Si algo hemos aprendido de las «guerras de la ciencia» de los 90, es que la ciencia se sostiene en dos ideas centrales: la esperanza de que, al final, la verdad prevalecerá y la convicción de que, eso por sí mismo, es un bien social.

Sin esas ideas, la ciencia (con todos sus hechos, teorías y tecnologías) se deshace como un azucarillo en agua tibia. Sólo hay que mirar ahí fuera para que antivacunas, negacionistas climáticos o charlatanes nos recuerden lo frágil que es la cosa científica.

Lo que pasa es que hay una diferencia fundamental entre decir que «la ciencia es la política» y «usar la ciencia para fines políticos». La larga tradición china de colgar mandarines de la Gran Muralla no se debía a que los mandarines fueran intelectuales, se debía sobre todo a que eran intelectuales gubernamentales. Si queremos ciencia, hagamos política, no politiqueos.

Por qué no voy a ir al III Congreso Nacional de Psicología

No se si sabéis que este años se celebra en Oviedo el III Congreso Nacional de Psicología. Y, oye, yo iba a ir. Llevo tantos años escuchando hablar de las Convenciones de la APA que, claro, cuando organizan un sarao en España, apetece.

No obstante, no voy a ir. Este asunto me parece lo suficientemente importante como para quedarme en casa (o, si la cosa se tuerce mucho, en la calle Gascona). Que la psicología española es un chiringuito lo sabíamos de antes, pero, yo que sé, podían intentar ocultarlo.

Por lo demás, una pena: los congresos en Oviedo siempre han sido mi debilidad.

Popurrí semanal [1]

1. Imprescindible: Rewriting the Code of Life de Michael Specter en The New Yorker. Que se completa bastante bien con esto: 7 ways CRISPR, the powerful gene-editing tool, could change the world de Eliza Barclay y Brad Plumer  en Vox.

2. Iba a recomendaros este post en Médico Crítico, pero al final he cambiado de opinión y os voy a recomendar este otro: «No es la gripe, es que ya no te quiero» de Javier Padilla.

3. Esta semana ha muerto Derek Parfit. Una verdadera lástima. En serio, es uno de los filósofos más grandes de los últimos 50 años. Creo que lo más completo que he visto es esto de Vox.

4. Un hilo de twitter algo crítico con ‘Blackfish’, el documental. Bueno, algo no: brutalmente crítico y tela de entretenido. Muy recomendable ahora que ha muerto Tilikum, la orca que lo protagonizaba.

5. Why I hate Christmas de James Henry en New Republic. En texto es, originalmente, del año 1990, pero la revista lo ha publicado en la web esta navidad y la verdad es que tampoco hemos cambiado tanto.

6.Y hablando de cosas navideñas: Self-Driving Cars Will Make Organ Shortages Even Worse de Ian Adams y Anne Hobson en Slate.

7. El ocaso de la teoría de cuerdas de Arturo Quirantes en el Cuaderno de Cultura Científica

8. It’s Not Just All of the People Around You That Are Getting Fatter de Daniel Luzer en Pacific Standard.

9. History of philosophy with any gaps de Peter Adamson. Este podcast (al que llego muy muy muy tarde) es una cosa bestial y desproporcionada. Adamson está explicando la historia de la filosofía sin ningún hueco, a la manera de Rugde, «una jodida cosa tras la otra«: es decir, está intentando cubrir tooooda la filosofía sin importar la época, el género o la cultura del filósofo en cuestión.