Esta semana he estado en casa

A finales de primero de carrera ya había decidido dedicarme a la metodología. Ni ocho meses había tardado la psicología en deshacérseme entre las manos. «No se pueden hacer rascacielos en suelos de arcilla» o algo así me repetía por aquella época.

La de la metodología tampoco había resultado una decisión estúpida. Casi al final del curso, la profesora de ‘Análisis de datos’ ya me había ofrecido colaborar con su grupo de investigación. Era un buen plan.

Pero ese verano, por accidente, me di de bruces con ‘Contextos‘. En aquella época era poco más que un catálogo de artículos, de preguntas y de respuestas y de otros textos (más antiguos o más modernos) sobre conductismo e interconductismo. Aquella fue la primera piedra del camino.

Tiempo después, en la Librería Cervantes de Oviedo, compré por casualidad ‘Contingencia y drama’ de Marino Pérez. Solo he estado de acuerdo con Marino las siguientes dos semanas, pero qué dos semanas: en ese libro, se abordaban muchos temas de los que no se se solía escuchar una opinión conductista.

Después de aquello, como pasa después de cada experiencia iniciática, leí todo lo que pude encontrar. En mi cabeza, era alguna especie atípica de superhéroe: especialista en teoría de la generalizabilidad de día, analista de la conducta de noche.

No puedo decir que Skinner sea mi padre intelectual. Ni Ribes, ni Watson, ni nadie en realidad. Pero sí puedo decir que mi biografía sentimental está vinculada al análisis de la conducta y mi filosofía está impregnada de campos y funciones. Fue el camino que yo seguí para aprender a pensar como psicólogo y eso deja una marca de agua permanente en la mirada.

Nunca he sido un radical. Peck decía que los radicales son ‘los que ven el bosque tras los árboles’. Por eso sé que no lo soy. Soy capaz de ver el bosque, si me lo propongo; pero sobre todo, soy un romántico incorregible. No soy capaz de escapar de la belleza chica de las teorías y eso me vuelve una persona llena de contradicciones: no porque no tenga convicciones, sino porque las tengo todas. Siempre encuentro una excusa para demorar el bosque, sea una flor, un modelo, una historia o la ontoteología de Spinoza.

Por eso sé que no soy radical, porque ‘me distraigo con lo que otros ven como superficialidades’. Pero sé también que siempre seré un analista de conducta metido en muchas cosas, quizá en demasiadas. Y de vez en cuando viene bien recordarlo y volver.

El jueves estuve un suspiro en casa. Y qué ganas de no volver a irme.

¡Estreno casa!

Si hace nada os contaba que ‘tocaba escribir‘, hoy me incorporo al equipo editorial de Xataka como editor de ciencia. Xataka es el medio tecnológico de referencia en castellano con más de 5 millones de usuarios únicos al mes. Vamos, ¡Qué voy a decir yo!, pero me han ascendido a primera división.

Sólo queda dar las gracias al equipo de WSL por la confianza, aprender de los cracks que trabajan allí y ponerme a currar como si no hubiera un mañana.

El que se Pinker, ajos come.

 

Como es miércoles (día del espectador) y además es la Fiesta del Cine, os dejo una charla con Steven Pinker. El formato se centra menos en las opiniones y teorías de Pinker que en su carrera profesional. Por eso es más interesante de lo que podríamos pensar a primera vista. Ya sabéis que tengo cierta debilidad por la parte más humana y social de la ciencia.

https://www.youtube.com/watch?v=A1UDIL-0uPk

 

¿Cómo puede la psicología ayudar a las políticas públicas?

 

Publican en The Psych Report una entrevista muy interesante a Owain Service, el director general del Behavioural Insights Team (BIT).

El BIT nació hace cinco años para ser el equivalente a la ‘Oficina Económica del Presidente‘ en temas de ciencias del comportamiento y ha hecho aportaciones muy interesantes para mejorar el diseño de políticas públicas en temas como donación de órganos, impuestos o mercado de trabajo. Hablé de este enfoque en Politikon hace unos años.

Creo que podemos decir que hemos cambiado la forma en que la política se hace en Whitehall (NdelT: el gobierno británico). La gente piensa sobre las ideas de las ciencias de la conducta de una manera que hace cinco años casi nadie lo hacía.

Y parece que funciona: el BIT ya tiene sedes en Sydney y en Nueva York y se perfila como la gran consultora mundial de psicología aplicada a las políticas públicas. En fin, una entrevista muy interesante.

Suicidios en el mundo rural: ¿Qué está pasando?

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El New York Times nos trae hoy un reportaje terrible. Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos las tasas de suicidio llevan subiendo desde principio de siglo. Pero seguramente lo más dramático es que mientras las en las zonas urbanas el incremento ha sido del 7% en las zonas rurales ha estado en torno al 20%.

Según un estudio coordinado por Cynthia A. Fontanella, ya desde mediados de la década de los noventa la tasa de suicidios en zonas rurales dobla a la de zonas urbanas. Por lo que todo parece apuntar a que la brecha sigue aumentando. Es cierto que 4 de cada 5 jóvenes son hombres, pero esto no presenta diferencias, digamos, geodemográficas.

¿Qué está pasando en las zonas rurales? En el NYT apuestan, entre otras cosas, por los problemas del sistema de salud mental en las zonas rurales. Puede ser. La disolución de relaciones comunitarias unida a la dificultad de generar nuevas por la baja densidad de población constituye un problema serio en cuanto a la prevención que sin medios se vuelve un problemón.

Lo que está claro es que aquí hay algo que no funciona. Y más nos valdría echarle un ojo.

Sobre columnismo de ciencia

He hablado sobre el tema un par de veces (por ejemplo, aquí) y la verdad es que da gusto escuchar a gente ha pensado y se ha trabajado los temas.

Lo que nos cuenta Javi Salas me parece fundamental, perdonad el spoiler, pero la comunicación científica debe bajarse de la inocencia naif y empezar a asumir que ella también, para bien o para mal, hacen ciencia (sea lo que sea eso).