«Como su nombre indica». Antisemitismo en la Historia de la psicología

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En los últimos días, a propósito del llamado caso Zapata, ha vuelto a los medios el tema del antisemitismo, la judeofobia y el antisionismo.

No es fácil combatir el odio de este tipo (la xenofobia, el machismo, la homofobia) y una de las dificultades claras es que sus límites son difusos. Ante las matanzas indiscriminadas, los abusos físicos o los campos de concentración, las manifestaciones más sutiles de odio o discriminación pueden pasar desapercibidas, pese a tener un impacto muy considerable.

Otro día hablaré sobre la discriminación de colectivos (mujeres, nativos en las colonias, afroamericanos en EEUU, etc.) en la psicología y de la salud mental. Pero hoy, aprovechando que el Pisuerga pasa por Dueñas y sin querer meterme en camisa de once varas, quería hablar del antisemitismo y de su posible impacto en el desarrollo de la psicología.

Al lío: ¿Sabéis dónde podemos encontrar un fenómeno importante de judeofobia en la historia de la psicología? En la psicología americana de principios del siglo XX.

«Rasgos judíos»

En el año 1870, un 9% de la población (unas 80.000 personas) era judía. Para 1915, ese porcentaje ascendía al 28%, es decir, un millón cuatrocientas mil personas. Y como respuesta a esto, la prensa neoyorkina de la época no escatimó en halagos hacia ese casi 30% de la población: avaros, criminales, deshonestos, codiciosos, especulativos, ostentosos, materialistas, feos, sucios, mal educados, tribales, autodefensivos, cobardes, antipatriotas, o poco dispuestos a asimilarse a la cultura americana.

Ambas cosas llegaron a las puertas de la Universidad de Columbia. Por un lado, la composición de los estudiantes pasó de un 11.35% de estudiantes judíos en el curso 1909-1910 a un 32.7% en en curso 1918. Por otro, tenemos documentos que evidencian un activa política institucional para poner trabas en su acceso a Columbia y enviarlos a los alumnos judíos al City College de la Ciudad de Nueva York (Abraham Maslow, por ejemplo, fue redirijido exitosamente al City College).

Aunque podemos encontrar otros casos generalizados de antisemitismo de este tipo en la academia norteamericana (como, por ejemplo, en los departamentos de literatura inglesa), el problema es que durante las primeras tres décadas del siglo XX, Columbia fue, en cierta forma, el centro institucional de la psicología norteamericana produciendo presidentes de la APA, directores de departamentos e investigadores prominentes.

Con Robert s. Woodworth a la cabeza, se instaló un ‘programa’ extenso e informal para bloquear el acceso de los judíos al trabajo en la Universidad. Woodworth, que fue miembro del claustro de Columbia durante casi 60 años, sirvió como director administrativo de psicología entre 1911 y 1926, fue presidente del APA en el 14 y primera medalla de oro de la asociación en 1956. Su longevidad, prestigio, poder e influencia hizo que la mayoría de los estudiantes de psicología en este centro pasaran por sus manos ya fueran en calidad de profesor, director o ‘recomendador’ para puestos de empleo.

Tenemos numerosas cartas de «recomendación» en las que desanima a posibles empleadores aduciendo precisamente los ‘rasgos judíos’ de los candidatos. Y es curioso porque, en los documentos de Woodworth, solo los judíos son identificados por criterios étnicos o religiosos. Una de esas cartas comienza directamente con esta frase (que da nombre al post y a un artículo muy interesante sobre el tema de Andrew Winston):

Dr. Aaron Nadel es, como su nombre lo indica, judío.

Ya estaba dicho todo.

Un mundo poco amigable para los judíos

En su autobiografía, Theodore Sarbin recordaba una reunión de ‘asesoramiento’ que mantuvo con en 1937 con el director del departamento de psicología de la Ohio State University, Harold E. Burtt.

Él quería que supiera que le sería prácticamente imposible encontrarme un trabajo académico porque era judío, a pesar de que era la política del departamento encontrar puestos de trabajo académico para todos los estudiantes de doctorado. Que él conociera, sólo dos o tres miembros de la APA eran judíos [NdT: hasta la 2ªGM la APA era una asociación fundamentalmente de investigadores]. Luego pasó a asegurarme que, personalmente, él no tenía prejuicios, pero los departamentos de psicología solían reclutaban a gentiles, hombres blancos, sobre todo desde que los trabajos eran escasos debido a la Gran Depresión. Él quería que yo supiese los hechos y que no albergara muchas ilusiones de convertirme en académico. Por eso, pensando en mí, me instó a considerar otras opciones «.

Así, Sarbin (que a la larga sería uno de los teóricos más importantes de role theory y de la hipnosis) empezó su carrera como psicoterapeuta. Y, como él, tantos otros.

Por poner solo otro ejemplo del impacto de este fenómeno, se conserva una carta de Boring a Jacob Levine fechada en 1936 en la que le avisa, antes de empezar a estudiar, de sus problemas para colocar a estudiantes judíos y le recomienda que, si finalmente se decide ir a Harvard, lo haga como «una aventura intelectual» sin esperanza de encontrar empleo académico.

Y Boring (que desde su despacho de Harvard había seguido la política oficiosa de ‘desmotivar’ a los, según sus propias palabras, malos judíos) sabía de lo que hablaba de primera mano. Tanto así que fue uno de los que alentaron la crítica a estas prácticas.

Edwin Boring conoció a Kurt Lewin en el Congreso Internacional de Psicología del 29 en Cambridge, aunque desde bastantes años antes seguís su trabajo en Alemania. En 1930, cuando tuvo problemas para que la Universidad de Stanford aceptara a Lewin como profesor visitante, se empezó a dar cuenta de que la definición de ‘mal judío’ era más subjetiva de lo que parecía.

Aún así, el verdadero infierno tuvo lugar cuando, ya en 1933 y ante la necesidad imperiosa de salir de Berlin, fue imposible encontrar alguna universidad que le contratara. Conservamos al menos 26 cartas de las que envió Boring a sus colegas en los principales (y no tan principales) departamentos de psicología del país. El resultado fue que Kurt Lewin (¡Kurt Lewin!) solo consiguió una plaza temporal en la Facultad de Económicas de la Universidad de Cornell.

Si a un psicólogo prestigioso, consolidado y, todo hay que decirlo, encantador como Lewin le era imposible encontrar trabajo en ningún departamento de EEUU, ¿qué podía esperar un joven estudiante de psicología de la academia?

¿Qué impacto tuvo el antisemitismo en la psicología americana?

Descubrir este fenómeno relativamente desconocido permite hacernos muchas preguntas: ¿Qué impacto tuvo esta marginación sistemática en la psicología académica americana?

No podemos olvidar que estamos hablando de la discriminación de un tercio de los universitarios en Columbia y otros muchos en el resto de las universidades americanas. Graduados a los que se les animaba a buscar salidas profesionales lejos de la academia (como la psicoterapia) y se les cerraban, sin grandes sutilezas, las puertas hacia la investigación.

¿Fue este tapón una de las causas que el psicoanálisis norteamericano gozara de su periodo de esplendor entre las décadas de los cuarenta y los ochenta? ¿Podemos achacar a este fenómeno el distanciamiento entre la psicología clínica y la de investigación? ¿Su incapacidad tradicional para entenderse?

En la historia oficial se asocian el ascenso del psicoanálisis en EEUU (y el posterior de las terapias humanistas) a la llegada masiva de inmigrantes europeos tras la Segunda Guerra Mundial, pero poco se habla de el caldo de cultivo tan propicio que se encontraron: centenares de psicólogos asqueados con el sistema científico-académico que les había expulsado.

En resumen, y ya os dejo, ¿fue el antisemitismo un factor importante que retrasó décadas la aparición de una psicología clínica científica y basada en la evidencia? Y hasta aquí puedo leer.