Lo tuyo es puro teatro

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Las ‘vacaciones’, por definición, son ese momento de año en que tienes tiempo de leer un suplemento cultural publicado hace más de un mes. Aunque a decir verdad, para esta particular acepción de ‘vacaciones’ existe un sinónimo: retraso de 185 minutos en un vuelo de 2 horas.

Así que dadas las circunstancias propicias, comencé a leer el New Review del Observer y reconozco que estuve a punto de cerrarlo y ponerme a jugar al Angry Birds. La primera entrevista, a Rachel De-lahay, me pareció tan improbable que pensé que era una entrevista fake como las de la Quimera de Mora.

¿Quién creería probable que una dramaturga dijera, creyéndolas, estas palabras

«Yo quiero ser escuchada por todos, viejos y jóvenes, clase media y clase trabajadora. Quiero personas que se digan ‘Sí, a la mierda, voy a ir a la ciudad, al teatro y a tomarme unas copas después»

¡Qué envidia más insana! ¿Habrá algo más esperanzador que esa frase? Ya saben que mi respuesta, como la de Ester hace un par de días en un bellísimo post, es un ‘no’ sencillo y sin pretensiones. Nada nuevo para alguien que sólo quiere ampliar la imaginación moral de las personas.

Pd: Con este minipost queda inaugurada la ronda de microentradas veraniegas que este años he decidido llamar «Uno cortito», :p

Marcas de agua

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La sociedad impone sus marcas de agua a los individuos, los clasifica y marca . Me refiero a “la sociedad” para alejar mi culpa y quitarme responsabilidad, pero no es para nada así. Somos los individuos los responsables de estas situaciones. Por tanto todos tenemos que remar en el barco de respetar las libertades de los demás… incluso cuando el viento no es favorable. 

La clasificación social crea monstruos y perjudica inocentes en muchas ocasiones. Recientemente dos hechos han capturado mi atención. El primero es comprobar que una vez más que a la gente le gusta (nos gusta?) etiquetar a la personas que hacen gilipolleces, se comportan de manera mezquina o actúa de una manera fuera de lo habitual…como enfermo mental, como trastornados. El segundo asunto es que cualquier asunto sexual donde se vea implicada una mujer, esta será denigrada y catalogada continuamente de tal manera que se busca que se avergüence de sus actos [no pondré ningún ejemplo o enlace para no dar publicidad]. Ambos hechos están relacionados. 

El gerente de una compañía supuestamente triunfal se le viene el mundo abajo (y quizá la justicia) porque lleva años mintiendo en sus cuentas. Es un enfermo (mental se presupone que se refieren) dicen. Yo creo que se equivocan. La evaluación del estado patológico de una persona debe hacerla un profesional. La evaluación es una de las tareas más importantes que lleva a cabo un profesional cualificado. Cada vez que a cualquier comportamiento extremo que no nos agrada lo etiquetamos de patológico o enfermo estamos contribuyendo a estigmatizar a las personas que sufren de alguna patología mental. Nuestros estereotipos sobre la salud mental se forman gracias al constante goteo de información equivocada. 

Seguramente habrás visto en muchas ocasiones a personajes en medios de comunicación “dar su opinión profesional” sobre el “último psicópata asesino” que ha salido en la tele. Los habrás visto citar manuales de evaluación y que te describa perfectamente como encaja cada conducta con los patrones que indica el libro. Como ejercicio literario es estupendo, pero la evaluación psicológica es algo mucho más complejo si se cumplen los mínimos de calidad. El coste de estas malas costumbres es alejar a pacientes psiquiátricos de la normalidad, la aceptación social y que pierdan calidad de vida. Últimos estudios revelan que el común de la gente se equivoca en los estereotipos que tiene sobre la gente que sufre de algún problema mental. 
 
Otro caso donde esta semana he observado que se aplican estas marcas de agua de la sociedad es en la noticia sobre un local de Magaluf. No me refiero al hecho en si, que prefiero no comentar sino al trato que se le da a la protagonista.  El lector habrá podido notar cierta asimetría en el trato y comentarios que se generan cuando hombres y mujeres expresan su sexualidad.“Slut-shaming”: avergonzar a una chica por sus prácticas sexuales.

Esta práctica, este castigo social hacia las mujeres tiene posiblemente un origen evolucionista. Muchas de las diferencias entre hombres y mujeres vienen de las estrategias de selección sexual. En especial del desigual coste entre los sexos de engendrar un hijo. En resumen, a un hombre expandir sus genes le cuesta un mínimo de cinco minutos (ya me entendéis ;)… mientras que a una mujer le cuesta un gran riesgo para su vida, varios años y mayor probabilidad de sufrir enfermedades. Las formas de maximizar recursos para el hombre es inseminar la mayor cantidad de mujeres y evitar a toda costa que tu pareja sea inseminada por otro. En la batalla de los genes para un macho no hay peor estrategia que cuidar como suyos los genes de otro ni mayor beneficio que otro macho cuide de sus genes. 

Así el imponer costes sociales a las mujeres que expresan su sexualidad contribuyes a reducir la posibilidad de criar un hijo que no es tuyo. Eso explica por qué se actúa de manera diferente cuando el que es adúltero es un hombre en vez de una mujer o por qué se “premia” al hombre que tiene muchas relaciones y no a la mujer. Es castigar a la mujer para proteger tus genes. Es una situación totalmente injusta para la mujer que por desgracia tardará en verse erradicada

Es hora de involucrarnos en borrar los estigmas que imponemos a la gente. Ya sea por el bombardeo de los medios de comunicación o por formas de pensar anacrónicas… Es momento para involucrarnos en borrar las marcas de agua de la sociedad. 

Post de Guido Corradi, psicólogo y blogero en Conductual.es.

¿En qué momento se jodió la psicología? Lecturas para el verano

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El otro día me hicieron esa pregunta. Estábamos conversando en esa catedral que es la nueva Foyles y mirábamos los estantes dedicados a la psicología. Más de la mitad estaban dedicados al psicoanálisis (mucho Freud, mucho Jung, algo de Lacan) y otra buena parte estaban dedicados a las psicologías humanistas o existenciales. Pero esa era la parte aceptable: centenares de libros escritos por papanatas se agolpaban bajo los rótulos de psicología popular, wellbeing y, al final, autoayuda.

Como soy el Messi (cuando messi era Messi) del regateo conversacional, esquivé la pregunta y seguimos paseando por la librerías. Hasta que en la primera planta, habíamos subido hasta arriba en ascensor e íbamos bajando poco a poco, me di de bruces con la respuesta.

Miré a mi interlocutor, respondí con un «¿Que cuándo se jodió la psicología? Cuando los psicólogos dejamos de leer» y seguí caminando entre libros y anaqueles. Ay, qué dulce y traicionero es el sabor de la epifanía (y si no preguntarle a Jenaro García).

Luego caí en la cuenta de que la idea ni era nueva ni era mía, claro. En un artículo ya perdido, Santiago Navajas comentaba que lo ideal sería, «que no hubiera ningún psiquiatra o psicólogo que no conozca en profundidad la obra de Dickens, Tolstoi, Shakespeare o Galdós, Borges o Faulkner» y, aunque cito de memoria, en aquel librito de Cartas a un Joven Psicólogo, creo que había un psicólogo crítico que decía algo parecido.

Decir que consumir ficciones de baja calidad (o directamente no consumirlas) produce psicólogos de baja calidad (o directamente, ya ven por donde va el parison, no los produce). Leer no es condición suficiente para tener un buen psicólogo, eso es verdad; pero conforme pasan los años, creo que sí que es una condición necesaria.

No hará falta recordar que Freud, lector compulsivo de Shakespeare, no ganó el premio Nobel de Medicina, pero sí el premio Goethe. O que el Jung que llena las librerías es sobre todo alguien que explica y trabaja los símbolos y las historias.

No hará falta recordarlo porque en realidad no hablo de eso. Hablo de que, invirtiendo a Rorty, hoy toca denunciar la escasa imaginación moral de los psicólogos y reivindicar una lista de ficciones (de lecturas, de películas, de series de televisión) para hacer mejores psicólogos.

¿Hacemos una lista de lecturas para este verano? ¿Qué libro/película/serie crees que tendría que conocer todo psicólogo digno de ese nombre?

El gemelo malvado

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Ayer teníamos en el trabajo la reunión mensual de evaluación. Nada demasiado serio, la típica reunión que genera más estrés que resultados. En algún momento de la conversación me dijeron que igual debería tener mayor presencia en Internet en Inglés. Así que nada. He resucitado una antigua cuenta de twitter @JavierJCuadros y ya he empezado a hacer chistes en inglés. Dejo constancia del hecho.

Por cierto, ya sabéis que además de la página de facebook del blog, está la cuenta de twitter y la de facebook de LoQAB.