Comienza la temporada

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Llega el verano y aunque alguno diría que empieza lo bueno, en realidad lo que empieza es la temporada de congresos, cursos y universidades de verano. Ains. Tanto volar.

El caso es que aunque no voy a estar más liado que de costumbre, los viajes, el depender de terceros, los problemas de aerolíneas y trenes, las largas tardes sin conexión a internet hacen que, como todos los veranos, no pueda dedicarle tanto tiempo al blog.

Por eso se me ha ocurrido un experimento. Durante Julio, al menos, aunque escribiré a diario de trivialidades para que no me echéis de menos, voy a concentrarme en sacar un post semanal más trabajado. Huyendo de la presión diaria, podré organizarme mejor. O no. Veremos.

¿Sabías que este blog tiene una enciclopedia?

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Mientras preparaba el post de hoy (que iba sobre valores y se me ha ido alargando hasta que me he visto obligando a posponerlo al lunes) me he dado cuenta de que no os había hablado sobre la Pedia del blog. Básicamente es un repositorio conceptual que me ayuda a ir fijando términos con los que trabajo. Por supuesto voy cambiando de idea y he de reconocer que algunas de las entradas no están actualizada.

A día de hoy, tengo 92 términos que van desde el concepto de mensurabilidad conocida, campo interconductual, hasta el de estímulo. Falta mucho trabajo (mi lista preliminar de entradas pendientes ronda los setecientos) pero creo que es un esfuerzo interesante e importante a la hora de ir generando conocimiento accesible en la red.

Así que nada, me despido dejándoos con la última entrada que he añadido («la distinción emic/etic en el análisis de la conducta«) y deseando que tengáis muy buen fin de semana.

Emic/Etic

Aunque popularizada por Marvin Harris, la distinción emic/etic fue propuesta por Kenneth Pike, para diferenciar las dos perspectivas alternativas de interpretar los actos o productos de otros hombres o de otros grupos sociales. Parece ser que estudiando el idioma de los indios mixtekas, Pike (que no entendía ni papa) se dió cuenta de que podía transcribir su habla en alfabeto fonético para que más tarde fuera entendida por algún intérprete de la lengua mixteka.

Llamó etic (de fon-ética, phonetic) a las transcripciones fonéticas de ese idioma y emic (de fon-émica, phonemic) a los significados. Así la tradición se refiere por emic a una descripción en términos significativos del agente que los realiza y por etic a una descripción en términos objetivos.

En nuestro caso, emic hará referencia a las interpretaciones del sujeto sobre su propia conducta (o las interpretaciones de las prácticas culturales reforzadas de forma caraterística por una comunidad). Y cuando hablemos de etic nos estaremos refiriendo a la descripción funcional de la conducta de los sujetos.

Teaser de mi charla en «Formando micro-emprendedores»

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El mes que viene me he guardado unos días para ponerme hasta las trancas de arròs amb crosta, polp i missa y pan bendito. Con deciros que ya le he hecho un agujero extra al cinturón. ¿La escusa? Que el 10, el 11 y el 12 participo en un curso con lo más granado del nuevo emprendimiento del sudeste Formando micro-emprendedores en la nueva economía, se llama y creo que aún queda alguna plaza.

Sé que ya lo había comentado, pero es que me ha quedado tan mona la primera diapositiva que no me he podido resistir a compartirla. No voy a ser yo menos que Sinsajo. 

 

Hoy en la Universidad de Cranfield

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Hoy estoy en la Universidad de Cranfield. Estamos estudiando desarrollar un servicio online que permita a cualquier empresa acceder a pruebas psicométricas de forma sencilla y barata. Creo que es un proyecto muy interesante por dos motivos: el primero es que nos va a permitir trabajar y desarrollar las ideas de evaluación objetiva de la personalidad de la gente de la UAM y el segundo es que tendremos la oportunidad de pensar una interfaz sencilla que permita a personas sin formación técnica descubrir el perfil que buscan (y evaluar a los candidatos según ese criterio).

Esto da para startup. Pero ya sabéis que LoQAB es un sitio muy chiquitito y hay demasiadas cosas que nosotros solos aún no tenemos capacidad de asumir. Cruzad los dedos.

Muerte accidental de un nepotista: Tribunal de cuentas, universidad y la falta de consecuencias

Refri copy

El año en que Darío Fo ganó el Nobel todo el mundo pensaba que lo iba a ganar un portugues. Aunque fuera Sá de Miranda. Se cuenta que hubo más de un periodista que en el revuelo del momento (se pueden imaginar como eran las redacciones de entonces sin wikipedias ni google maps) situó Sangiano en la región del Baixo Alentejo. Pero nada de eso: al final, como la Dinamarca del 92, fue el viejo bufón italiano es que se llevó la copa a casa.

De mis coqueteos libertarios en la juventud (trasformados hoy en un liberalismo irónico, desapasionado y progresista) me quedan muchas cosas que a modo de souvenirs ideológicos guardo a buen recaudo en el zurrón de las filias y las fobias: una nostálgica simpatía por Fo es una de ellas. Y me es inevitable acordarme de él ahora que la realidad ha adquirido ese persistente tono a misterio bufo.

Entre otras cosas, Darío Fo escribió «Muerte accidental de un anarquista» inspirado por una moda extraña (la defenestración en los 60 era casi tan popular como en la Praga del siglo XV) y, en concreto, por la muerte del ferroviario anarquista Giuseppe Pinelli. En esa obra de teatro, muy al final, se escucha algo que se me quedó marcado para siempre: la idea de que el escándalo no desestabiliza al sistema, sino que lo apuntala porque prueba que funciona. Idea cuyo corolario se expone muy crudamente en aquella película llamada «la vida de David Gale«.

Por eso, las revelaciones del diario El País, y más concretamente el escándalo que han desatado, me ha venido a confirmar la certidumbre de que en esta España nuestra está todo atado y bien atado. ¿En serio pretenden que creamos que esto es un enorme y gigantesco «upss»? ¿Que no saben lo infectado que está todo? ¿Que no conocen lo que pasa en las diputaciones, en las empresas públicas, en los ayuntamientos, en las universidades? ¿En serio no queda un sólo ápice de vergüenza en el país? ¿Aunque sea de bote?

Ayer comentaba medio en broma, medio en serio que iba a titular el post de hoy «El escándalo del Tribunal de Cuentas es un resfriado comparado con lo de las Universidades», pero a la hora de la verdad me ha entrado pereza. No hay nada en esta historia que exija un titular a 5 columnas. 

La historia es vieja y conocida. Aunque la versión más popular es la «disonancia cognitiva» de Leon Festinguer, yo estoy más de acuerdo con la tradición de la autopercepción de Bem: que la gente elabora sus opiniones y actitudes para ‘explicar’ lo que hace del mismo modo que lo hace para explicar lo que hacen otras personas. En román paladino, si hay corrupción habrá justifcación.

En la democracia representativa la aceptación de que es imposible diseñar un entorno que selecciones inequívocamente las conductas que queremos, se resuelve con el papel de la opinión pública exigiendo coherencia entre el discurso democrático y las acciones de los servidores públicos. ¿A qué vendría sino conceptos tan naïfs y sonrojantes como Pueblo, Soberanía o Bien Común?

Pero allá donde no llega la opinión pública, donde no hay contrapesos, donde las consecuencias negativas a la corrupción son improbables… allá hay poco que hacer. Me da pena que seguramente el caso que me pilla más cercano (la universidad y sus facultades de psicología) sea uno de esos sitios. Pero no voy a dejar que la pena me amargue el día: ya estoy curado de espanto.

Cuando hace nada hablaban Guido y Roberto sobre cómo mejorar la formación en psicología, yo me decía a mi mismo que el problema de fondo no es que falten ideas, es que sobran incentivos e inercias institucionales. Cabría esperar que a estas alturas hubiéramos aprendido las consecuencias de poner al zorro a cuidar de las gallinas pero no, eso nunca. No deja de ser de una deliciosa ironía que en una ciencia que puede mover el mundo con el punto de apoyo del aprendizaje, aprenda tan poco y tan mal.

Filosofía, psicología y hábitos de vida saludable

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En la Universidad de Exeter (una de mis jefazas aquí en LoQAB), hay un pequeño grupo de trabajo en el que el departamento de clásicas intenta estudiar la actualidad de la filosofía estoica y su relevancia dizque psicoterapeútica. No es un tema menor.

Uno de éstos profesores es Christopher Gill tiene un pequeño ensayo en el que plantea la posibilidad de que la práctica de las filosofías clásicas pudieran haber jugado el papel de una especie de psicología preventiva (o medicina conductual preventiva). Para ello usa como ejemplos un ensayo de Galeno (No apesadumbrarse) como representante de la tradición platónico-aristotélica y uno de Séneca (De la tranquilidad del alma) por parte del estoicismo y la verdad es que el argumento es sugestivo.

Julian Evans, otro miembro del grupo, explica en esta charla TED las afinidades entre la filosofía clásica y la terapia cognitivo-conductual. O mejor dicho, y este es su punto, plantea como la filosofía clásica adelantó algunas técnicas terapeúticas.

Esto que me recuerda tanto a Lou Marinoff y su prozac filosófico se suma a un grupo de iniciativas como The School of LifeThe Idler Academy (que pretenden ser un camino entre la filosofía práctica y cierta psicoterapia descafeinada) o las Philosophical Communities del mismo Evans.

Pero no me interesa tanto el hecho de que el éxito popular del mindfullness (una técnica que había surgido también en occidente en el seno de la escuela estoica) y los coqueteos de algunas terapias conductuales de tercera generación con las filosofías orientales estén abriendo la puerta a un revival de las filosofías clásicas como que están dando dimensión social al «estilo de vida» como intervención de psicología preventiva. De hecho, como véis no me interesa ahora lo filosófico, sino lo psicológico.

Y es que es una posibilidad interesante que de tomar cuerpo podría ser una oportunidad clave. Sabemos que cosas una dieta equilibrada, hacer ejercicio o no abusar de ningún tipo de sustancias peligrosas son hábitos de vida saludables. Pero, ¿Existen hábitos de vida psicológicamente saludables? ¿Podemos diseñar programas preventivos que disminuyan la incidencia de trastornos y patologías?

El incremento de los problemas psicológicos y las dificultades que los servicios de salud mental van a tener para hacer frente a ello ya son lugares comunes. Por eso, tener enfoques nuevos (aunque haya que buscarlos entre textos de profesores de clásicas) resulta excitante y esperanzador.

Alguien ha escrito un libro sobre la ansiedad que me cuentan que va a ser la repanocha

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[Aviso: Igual hay ciertas dosis de autobombo en este post]. Como no todo en esta vida va a ser harrypotterismo desenfrenado, hoy toca otra buena noticia. Como os conté hace unos meses, Anxiety UK (la ong británica dedicada a los trastornos de la ansiedad) me pidió que colaborara con ellos. En esencia, el proyecto está formado por tres partes bien diferenciadas que se publican por separado: una de cariz más teórica explicando qué son estos trastornos; otra para terapeútas; y una última para pacientes.

Pues bien, me acaban de aceptar la primera parte, un pequeño texto de 60 páginas en el que explico con algo de detalle mi framework de trabajo que integra, como bien sabéis, el análisis de la conducta y la psicología comunitaria desde un enfoque bioconductual.

La idea es dar soporte a los siguientes dos libros donde exploro intervenciones comunitarias y ocupacionales frente a los trastornos de ansiedad (y la depresión).

Ahora toca traducirlo al español y ver qué voy a hacer con él.

Harry Potter y la psicología

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Igual, después de leer esto, pensáis que no estoy en pleno uso de mis capacidades mentales. Pero un día, cuando vivía en Cambridge, fue a comprar al Tesco. Allí mientras buscaba las cosas de la lista de la compra me crucé varias veces con dos personas (una señora mayor y una más joven) que iban vestidas de una forma muy muy estrafalaria. Cuando pasé al lado de ellas, juro por Dios que escuché algo así como «¡Qué comida más rara comen estos muggles». Y me quedé, como dicen en mi pueblo, «to loco».

Las estuve siguiendo disimuladamente durante casi 40 minutos y me puse en la caja detrás de ellas, pero cuando salí del supermercado no había ni rastro de las mujeres estrafalariamente vestidas. «Muggle» para quien no lo sepa es la palabra que los magos del mundo de Harry Potter usan para referirse a la gente no mágica, así que después de comprobar que ninguna de las otras acepciones de la palabra encajaba en la conversación que acababa de escuchar, me puse a trabajar sobre el tema. Es decir, me descargué compré todas las películas y me las vi del tirón: una cosa es que escuche cosas raras en el súper y otra que me vuelva un conspiranoico que piensa que Rowling era simplemente una historiadora squib venida a más.

Este arrebato de sinceridad que puede acabar con mi imagen de serio bloger de la conducta, se debe a que como habrán visto, esta ha sido una semana algo floja en el blog. Y quería contaros el porqué.

El 30 de junio de 2017 se cumplirán 20 años de la publicación de Harry Potter y la Piedra Filosofal. Y, bueno, parece que en el Reino Unido al menos va a ser todo un evento.

Dentro de las muchas cosas que se están planeando están los libros de ‘ciencias y cultura popular’. En la línea de Harry Potter y la Historia se están empezando a preparar (¡con tres años de antelación!) libros que abordan la serie del mago más dicharachero desde la perspectiva de las distintas disciplinas científicas. Uno de ellos, será sobre el mundo de J. K. Rolling y la psicología y el coordinador del proyecto, un viejo conocido de la Universidad de Duke, me ha invitado a colaborar.

Mi problema es que aunque había visto las películas con atención (y ya sabéis por qué), no había leído los textos. Así que para no hacer demasiado el ridículo, antes de entregar mi propuesta de capítulo el 25 de junio tenía que leerme todos los libros (y bastantes comentarios sobre ellos). Y a eso me he dedicado durante estos últimos días.

Ahora estoy decidiéndome entre varios temas, pero me apetecía comentároslo y preguntaros qué tema relacionado con el mundo de el niño que sobrevivió creéis que puede ser más interesante a la luz de la psicología. Las ideas, y más si vienen de vosotros, siempre vienen bien.

Pero, ¿Hay algo más importante que el fútbol?

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Hoy he llegado al trabajo y todo el mundo me miraba con cara de pena. De hecho, El señor Hodgson (un señor muy gris que se encarga de algo relacionado con los deportes) me ha invitado a un café con leche aunque sólo hemos hablado tres veces y dos de ellas fueron, sobre el tiempo, en el ascensor.

Y no sólo es eso. El día después del partido contra Holanda, el ruso que regenta la panadería de Midland Road y que ha vivido muchos años en Reus me decía que quería que ganara España, porque estaba la cosa muy mal y eso nos hubiera dado una bola extra.

Ya sabéis que a mi el fútbol ni fu ni fa. Pero cosas como éstas me reafirma en la idea de que el balompié es algo a tener en cuenta. Sé que en eso soy una minoría dentro de la minoría. Como he comentado en alguna ocasión, para demasiada gente siempre hay algo más importante. Siempre-siempre. Nunca falta algo más importante que la Semana Santa, que el Rocío , que las calçotadas o que San Fermín.

Pero, ¿eso es así? Quiero decir, ¿Hay algo más importante que el fútbol?

Yo soy de la minoría que respondería que no. Habrá cosas más urgentes, habrá cosas más políticamente correctas, pero no habrá cosas más importantes.

Se ha adherido a nuestra forma de ver el mundo la idea de que todas estas manifestaciones sociales son fruto de la catarsis. Yo cada vez más los veo como elementos de mitopoiesis, elementos e historias que dan contenido simbólico a las prácticas culturales y, en última instancia, permiten hablar de comunidad. Este tipo de mecanismos son los que han cimentado grupos humanos del tipo que sea.

En Borgen, una espectacular serie danesa, Birgitte Nyborg Christensen, la primera ministra, arma un discurso brutal sobre la eurocopa del 92. Aquel año, Dinamarca estaba fuera de la competición europea, pero con la exclusión de Yugoslavia (en plena guerra de los Balcanes) entró in extremis. Y aquel año en Suecia, la selección danesa venció a Alemania en la final y, por sorpresa, se proclamó campeona.

El fútbol está demasiado atravesado por elementos culturales como para dejar en manos de futbolistas y forofos. Ténganlo en cuenta.

¿Qué le pasa a la psicología con los hombres?

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Si algo tiene el Mundial es testosterona: es una oda al macho primigenio, una refutación del hombre sencillo.

Por eso me ha parecido simpático que el número de este mes de ‘The Psychologist’, la revista oficial de la BPS, hable sobre los hombres. Y desde un lugar distinto al que estamos acostumbrados, desde los problemas y las desigualdades que afectan al hombre.

La idea fundamental del número es mostrar «como los servicios de salud deberían evolucionar y comprometerse con la misma perspectiva de género que hoy ofrecen a las mujeres». O lo que es lo mismo, que necesitamos proveer y promover intervenciones y los servicios psicológicos que, basándose en la evidencia científica y epidemiológica existente y abordando las especificidades del hombre, se involucren de manera más eficaz en el tratamiento y la promoción de la salud de éste.

Pero, ¿por qué estudiar el género masculino? ¿en serio es necesario? Nos responden Martin Seager y David Wilkins en la introducción:

Dejando de lado el hecho de que los hombres representan la mitad de la población humana, la respuesta a esta pregunta debe ser claro en las siguientes estadísticas:
– Los hombres representan una gran mayoría de los suicidios en todo el mundo;
–  Los hombres representan la gran mayoría de los que tienen mayores problemas de adicción en el Reino Unido;
–  Los hombres representan una mayoría significativa de las personas sin hogar solteras en Inglaterra;
–  Los hombres representan el 95 por ciento de la población carcelaria y una gran mayoría de los presos tienen muy serios problemas de salud mental.
En «El tapiz de la opresión» Jennie Williams, David Stephenson y Dr. Frank Keating hablan de la complejidad de las relaciones de poder socializadas y exploran el impacto de las desigualdades sociales, raciales y culturales en la salud mental masculina. Peter Branney, Karl Witty y Ian Eardley explican en «Psicología, hombre y cáncer» el impacto psicológico de dos tipos muy específicos de cáncer (el de pene y el de mama) en los hombres que los sufren.
Hay más artículos que estudian la posible feminización de los servicios de salud mental (aquí en el Reino Unido sólo un 25 por ciento de los egresados son hombres), que investigan la oportunidad de desarrollar intervenciones o técnicas específicas para hombres o que analizan el problema desde una perspectiva histórica.
En general, el número es muy interesante, porque pone en el tapete (y en una de las revistas con mayor impacto dentro de los psicólogos ingleses) un tema sobre el que va siendo hora de hablar pausadamente.