Ayer soñé que el robot no se apagó. Sobre el origen de las enfermedades mentales

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Ayer soñé que el robot no se apagaba.

Hace poco, Helena Matute (para los despistados, catedrática de Deusto, amiga de la casa y oscuro objeto de fanboyismo en muchos de los antros cibernéticos que frecuento) nos contaba sobre un experimento. Los investigadores habían creado un robot precioso, o más que precioso, mono. Suave y de carácter tierno y entrañable.

Dejaban a los sujetos que jugaran con el robot un buen rato, hasta que en un momento determinado el investigados pedía a los sujetos que apagasen el robot. Témete ese momento. Porque el robot empezaba a pedir, a suplicar, a rogar con lágrimas en los ojos que no lo desconectaran.

Muchos sujetos se negaban a hacerlo, de hecho. Y la mayoría acababa haciéndolo tras un importante mal rato. La moraleja estaba en que si Tom Hanks pudo hacerse amigo del alma de una pelota, ¿qué no pasará con algo especialmente diseñado para generarnos lazos emocionales y estimular nuestra empatía?

Y yo ayer soñé que el robot no se apagaba. Que sus ojos dibujaban una decepción profunda y sincera (Ay, cómo odié a los diseñadores en ese momento) y que se daba la vuelta cabizbajo para volver al sitio de donde había salido. No hizo falta ni un «Javi, cómo me has fallado», no me salió ni un «Cariño-esto-no-es-lo-que-parece». Se dio la vuelta y se fue. Y yo me sentí el tío más mierda del universo.

En la misma charla de Matute, casi al final, en las preguntas, alguien, no sé quién, llámalo X, dijo algo que adquirió especial dramatismo ayer por la noche.

La pregunta no es «¿Quién podrá apagar el robot en el futuro?». La cuestión es que si los robots llegan a ser como nosotros, indistinguibles de nosotros; ya no serán robots, serán nosotros

La cita no es literal, perdonen mi mala cabeza.

Y cuánta razón tenía X. En su (independientemente-de-la-opinión-de-cada-uno) interesantísimo A defense of Abortion, David Boonin dedica mucho tiempo a repasar y examinar argumentos y contraargumentos sobre lo que significa ser humano. Cojo prestado sólo uno (a modo de muestra) que me parece relevante.

Sin embargo, el problema de identificar la ‘humanidad’ con el genoma o con la especie es desafía nuestra intuiciones morales. Imaginad que un día resulta que vuestro vecino (pero no el vecino que os cae mal, al que robáis la tetilla de la barra de pan cada vez que el panadero la ha dejado en el pomo de la puerta y llegáis pronto a casa; no, ese no, me refiero a EL vecino: el simpático, a esa persona que de entre todo el bloque – o el vecindario – podríais llamar amigo, que va a las celebraciones familiares, que se preocupa cuando algo va mal), resulta que vuestro vecino, digo, es un extraterrestre. Lo cierto es que, una vez pasada la conmoción y el miedo subsiguientes, no parece muy razonable dejar de considerarlo humano, privarle de todos los derechos legales y morales, dejar que sea pasto de una masa enfurecida y temerosa del fenómeno alien.

No podemos dejar cosas tan triviales como la calidad de lo humano en manos de la genética. Boonin imputa la humanidad a la capacidad de soñar y desear; o al menos, a una versión más técnica y menos poética de esa idea. Por ahora poco importa. El porqué que nos daremos para justificar la abolición de la propiedad robótica será tema de las tertulias del mañana.

Y aunque parezca un requiebro sin conexión, también hubo alguien que preguntó si los robots tendrían enfermedades mentales, ¿tendrán depresión, esquizofrenia? ¿habrá Papa Noeles robóticos locos campando a sus anchas por el futuro? Y, obviando la cuestión técnica, créeme cuando te digo que responder a esa pregunta es algo más serio de lo que parece. Porque las consecuencias de  conceder que la enfermedad (como la humanidad) es independiente del mecanismo es que un día nos despertemos dándonos cuenta de que, sin renunciar a la precición bien me conoces, lo que estuvo enfermo durante todo este tiempo era el contexto. Y, claro, eso es inconcebible. O no.

¿Por qué es buena idea cerrar todos los blogs de psicología y mandar a Siberia a los que protesten?

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Pese a que no soy la persona más sagaz del mundo, durante la semana pasada y mientras trasteaba las entrañas del blog  me di cuenta de que había un puñado de preguntas que me perseguían por la calle.

¿De verdad necesitamos más blogs de psicología? De hecho, ¿Necesitamos alguno? ¿No será todo esto otra muestra más de ego rancio y presuntuoso? ¿No es mejor rendirse a la evidencia, admitir que la verdad es que no necesitamos más gente parloteando y cerrar el chiringuito?

Siempre he sido más rápido que mis preguntas (y sospecho que en eso reside mi relativa salud mental) pero he de reconocer que esta vez las preguntas han sido más testaduras y rápidas que de costumbre.

No sé si me explico:

No te quieres enterar…

…de que la psicología es una ciencia joven, dinámica, en expansión; de que Obama ha dicho que esta es la década del cerebro y de que cuando un grupo de científicos trata de mejorar el mundo, el universo entero conspira para ayudarles.

Es nuestra obligación cívica confiar en los psicólogos y los neurocientíficos. La ciencia, aunque haya gente que aún lo dude, es lo mejor que le ha pasado a la humanidad EVER. Y la neurociencia no es más que el siguiente e inexorable paso.

Al fin y al cabo, cuando una disciplina entra en ciencia normal (esto es, deja atrás las ‘cosas’ de la infancia como las escuelas y las peleas de patio de recreo) queda poco más que hacer posgrados en coaching o en la última innovación terapéutica, montar un (ciber)consultorio y dedicarse a vender consejos basados en el el último artículo trending topic. Eso, queridos, es el aburrimiento consustancial a la ciencia madura y formal. ¿Para qué vamos a querer un blogger? ¿Para repetir por enésima vez lo que es el condicionamiento clásico? ¿Para qué busque cualquier escusa para volver a repetirnos lo de la Cárcel de Stanford? ¿De verdad? Llega un momento en el que hay que decir basta y ponerse a otra cosa. Lo demás es perder el tiempo.

La clave de una sociedad sólida y civilizada es aceptar una sencilla verdad, que la religión busca salvar almas; la política, el bien común y la ciencia, el conocimiento.

#Jajajaj

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Soy un cachondo. Tenemos la sensación de que la ciencia es un lugar etéreo donde reina el fair play y el buen rollo; un montón de tipos muy serios buscando la verdad con microscopios, análisis de covarianza y aceleradores de partículas.  Pero eso es un cuento para que podamos dormir tranquilos.

Hablaré más sobre el tema, baste con decir que cuando cuando el viejo Otto von Bismark dijo aquello de «hay dos cosas que la gente nunca debería ver cómo se hacen: las leyes y las salchichas», se estaba refiriendo también (y sin saberlo) a las leyes científicas.

En psicología para no irnos muy lejos, un año y poco después del Primingate ya hay voces denunciando que con la excusa de la replicación se han iniciado ya más de una caza de brujas.  Y es que la ciencia es sangre, lodo y presupuestos de investigación aunque luego se vistan de frac y vayan a recoger el nobel. Esa es la belleza de lo humano aunque a muchos no acabe de gustarle.

La cruda realidad es que si tuvieran lo que hay que tener, la Editorial Laetoli sacaría un libro llamado «La ciencia, ¡Vaya timo!». Pero no lo harán. No hay huevos.

Y ante esto ¿Qué dice la blogsfera?

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Por deporte, me puse a ver cuales eran los blogs de psicología con más seguidores, más eco o más presencia en el algoritmo de Google. Y el resultado se puede resumir en ese neologismo que acuñó Daurmith: #Punsetadas Hay cosas dignas, claro, pero están en franca minoría.

Los que saben algo de esto dicen que hay tres niveles: el periodismo científico, la divulgación científica y  hacer el mamarracho confundiendo a la gente bajo un halo presuntamente científico. No voy a perder ni un segundo en clasificar cada uno de los blogs. Pero, ¿de verdad necesitamos una lista más sobre como los sentimientos positivos nos ponen en el camino de la felicidad y blablabla? ¿En serio?

Y ¡ojo! no lo digo desde una lejana torre de marfil. Yo puse en marcha una cosa llamada ‘Una Vida Interesante‘ que estaba en esa línea (al menos en cuanto a formatos). Me tragué punto por punto todas las tonterías sobre viralidad y ‘content marketing’. Lo que pasa es que al caerse del caballo unos se despiertan mientras otros parecen desarrollar importantes secuelas neurológicas.

Sé que decir banalidades vende pero tenemos que ir más allá. Es una cuestión ética. Hay una línea moral que no podemos cruzar.

El título del post es pura retórica e idealismo bonachón. Todos sabemos que ni hay suficiente napalm en el mundo para hacer justicia en la red, ni yo pretendo ser ese justiciero. Sólo pretendo levantar la mano y señalar que ¡Coño! El Rey está desnudo. No sé si es buena idea cerrar todos los blogs y abrir gulags en Siberia… de lo que estoy seguro es de que es el momento de reflexionar sobre lo que hacemos.

Yo solo pretendo hacer un poco de buen periodismo deportivo. Y no sólo porque me encantaría escribir el ‘Fiebre en las gradas‘ de la ciencia, sino porque creo que hace falta una visión alejada del romanticismo absurdo que ayude a darle una dimensión social adecuada a la ciencia. Y más aún, porque creo que escribir, si se sigue el consejo de Hank Moody, hace del mundo un sitio mejor.

Dos citas y una canción desesperada

O mejor dicho, dos citas y un coralario par acabar este post. Ayer mismo en twitter Juan Ramón Barrada decía que

La investigación en psicología está cambiando a un ritmo intenso y la transiciones suponen roces. Época interesante.

A eso, sólo podemos añadir lo que escribía Andrew Sullivan en su genial ensayo «Why I blog»

Durante siglos, los escritores han experimentado con formas que evocaran la imperfección de pensamiento, la inconstancia de los asuntos humanos y el paso del tiempo que todo pone en su sitio. Pero a medida que evoluciona el blog como forma literaria, está generando un nuevo y esencial idioma posmoderno que permite a los escritores expresarse de formas que nunca se han visto o entendido antes. Sus verdades son provisionales y su ethos colectivo y desordenado. Sin embargo, la interacción que permite entre el escritor y el lector no tiene precedentes, es visceral y a veces brutal. Y no se equivoquen: anuncia una era dorada para el periodismo.

Así que, psicólogos del mundo, es hora de hacerse mayores. El siglo XXI ha puesto el mundo al alcance de nuestros teclados. Un mundo lleno de miedos, de sufrimiento y de desesperanza. Es hora de abrir uno, cien, mil blogs de psicología.

Es hora de ponerse a trabajar.

La psicoterapia de la banana o cómo rediseñar un blog para conquistar el mundo

mi peor enemigo

Dicen que si hay que tener cerca a los amigos, a los enemigos hay que tenerlos muchísimo más cerca. Por eso, desde hoy Dronte lleva en portada a un plátano, banskiano y en terapia pero plátano al fin y al cabo. Los lectores habituales ya sabéis que bajo mi modesta pero meditada opinión el plátano debería estar en toda lista de aberraciones de la naturaleza que se precie; por eso, creo que la psicoterapia de la banana es el símbolo más claro de que he quemado las naves y de que hoy el blog comienza una etapa más guerrera, más auténtica y, sobre todo, más decida que nunca a comerse el mundo.

El pueblo ha hablado y (parece que) exige cambios. Ya sabemos que no son cambios estéticos y que con una página de facebook o una cuenta de twitter no arreglamos nada. De hecho, estoy seguro que los que he hecho y voy a hacer no serán ni los mejores ni los más recomendables pero, una cosa sí que les puedo asegurar, al menos serán divertidos.

Volver a empezar

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Como ya sabéis, este blog que veis tan lozano y juvenil tiene más de nueve años de vida. Durante estos nueve años hay algo que me pasa de vez en cuando: de repente me doy cuenta de que el Javi que escribe el blog no soy yo y que la inercia y el escaso tiempo me ha llevado a hacer un blog distinto al que me quiero hacer.

No es preocupante. Como dice Philip Roth “escribir te convierte en alguien que siempre se equivoca”. Pero la verdad o tienes cuidado o a la larga hace que bloguear pierda todo el sentido. Así que es hora de decir adiós y empezar de cero.

Las guerras no son cosa de risa. Por eso me voy a meter en el taller, voy a hacer algo de i+d (rollo Tony Stark) y vuelvo en un segundo sólo que siendo un poquito más yo. No tardo mucho, no me echen demasiado de menos.

El Programa de Emprendedores de EmprendedoraMente

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Hoy os presento brevemente el Programa de Emprendedores que vamos a poner en marcha. La noticia de hoy es que hemos llegado a un acuerdo con dos incubadoras para ponerlo en práctica a partir de septiembre. Cuando tengamos la presentación oficial habrá mucha más información.

Como vengo diciendo los últimos meses, la gran ventaja de nuestro programa es que está totalmente personalizado y que combina nuestros conocimientos de psicología y gestión conductual con expertos externos de cada sector para crear la killer app de los programas de incubación y aceleración empresarial.

Estamos buscando colaboradores externos que quieran convertirse en tutores de proyectos (tenemos bastantes, pero aún nos quedan sectores que poder tocar) y empresas de servicios que crean en nuestra metodología y quieran ayudar a nuestros emprendedores con precios especiales y mucho cariño. Si te atrae la idea, escríbenos y te contamos.

Vamos al tema.

¿Qué es?

Nuestro Programa de Emprendedores es un programa online, personalizado, totalmente práctico y orientado por los valores de los emprendedores. Un programa para proyectos de pequeña escala tengan la forma que tengan (empresas, ongs, intraemprendimiento, etc). Pero sobre todo es un programa pensado para la gente que quiere dejar de hablar y comenzar a hacer.

¿Cómo funciona?

El Programa de Emprendedores tiene 3 fases. La idea es que cada uno pueda escoger lo que necesite, por eso hemos separado el programa en módulos:

  1. La primera fase está centrada en soñar, contrastar y decidir. Consiste es una o varias reuniones en las que evaluaremos, con ayuda de nuestros colaboradores externos, si el proyecto es abordable y si nuestra metodología es la indicada para abordarlo.
  2. La segunda está dedicada a la planificación: En ella desarrollaremos el «plan de trabajo«. Normalmente conlleva de 16 a 18 horas de trabajo para definirlo, diseñarlo y dejarlo listo para comenzar a trabajar.
  3. En la tercera fase, la más larga, nos centraremos en llevar a cabo y adaptar el plan: la duración estimada son de 6 y 9 meses con reuniones quincenales para realizar un seguimiento del emprendimiento y ajustar el plan de trabajo al desarrollo del mismo.

¿Y cuánto vale?

Lo que quieras pagarnos. Sí, como lo oyes. Podría decir que estamos tan seguros de nuestro Programa que nos da igual cuando nos paguen, pero no es verdad. En realidad, no tenemos varitas mágicas y no hay forma humana de que sepamos si nuestra metodología es para ti. Lo justo es que cada persona pague por el valor que ha recibido.

Un Programa como el nuestro está valorado en unos 900 euros (100+400+400) pero puedes pagarnos menos, puedes pagarnos más o puedes no pagarnos en absoluto.

¿Qué os parece?

Estamos en fase de diseño así que cualquier opinión o crítica será recibida como agua de mayo.

Hablemos de robots

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Estos días Helena Matute con «Hola, soy tu nuevo vecino y soy robótico» y Javi Pastor con «¿Debería tu coche autónomo ponerte en peligro en caso de accidente si así se salvan más vidas?» han sacado a la luz un tema muy interesante. De hecho, el tema está de moda desde medios mainstream como TVE a blogs especializados como Motorpasión están tratando también el tema.

La ética de la inteligencia que lleva media década en el imaginario colectivo (gracias a las leyes de Asimov) y al menos una década de trabajo académico empieza a pasar de ‘idea friki’ a problema social ad portas.

Antes de abrir mi enorme bocaza, me esperaré a ver (o a que me cuenten) la charla que Matute dará hoy en la Cátedra de Cultura Científica de la UPV-EHU. Si estáis por Bilbao ni se os ocurra perdéosla. Aquí podéis escuchar un avance.

Aunque claro, un leve apunte que enfatiza la importancia del trabajo que está haciendo la catedrática de Deusto. Para empezar mi opinión es más pesimista que la de Helena. Dice:

Adaptarnos y organizar adecuadamente este nuevo mundo que se nos viene encima requiere anticipación y requiere sobre todo un enorme consenso. Un consenso como nunca antes se ha dado en la especie humana. Debemos ser nosotros quienes decidamos los detalles de este viaje conjunto con robots. Cuál es la meta, el destino, la ruta, la velocidad del viaje, deberían ser decisiones nuestras.

No creo que esa sea una decisión que vayamos a tomar. A menos que pongamos muchísimo de nuestra parte. Y no sabéis cuánto me gustaría equivocarme. Tiene toda la pinta de que esta decisión es algo que se va a cocinar muy lejos de cualquier nosotros colectivo que podamos articular. Más bien, imagino una pendiente resbaladiza a final de la cual tendremos a los robots perfectamente integrados en la sociedad (con mayor o menor resistencia por parte de esos segmentos filo-luditas de la población).

A bote pronto, el único precedente de tecnología controlada por un consenso ético ha sido, que sepamos, la clonación humana. Y la verdad algo así requeriría un debate público y una acción política a nivel internacional que, creo, está muy lejos de producirse. Y mucho menos con las grandes corporaciones frotándose las manos para explotar ese nuevo mercado.

¿Deprimente? En ningún caso. Todo esto nos muestra que es hora de emplear las dos grandes herramientas que nos ha dado el siglo XXI: asegurar el desarrollo de esa tecnología bajo la lógica del FLOS y comenzar un intenso y potente debate gracias a las redes distribuidas.

¿Podemos aplicar los «patrones de diseño» a la psicoterapia?

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La primera vez que escuché hablar de los «patrones de diseño» y los «lenguajes de patrón» fue en el blog de Ester Gisbert. Y la verdad es que son una idea muy sugerente.

Desarrollados por Christopher Alexander, el primer doctorado por Harvard en arquitectura, con la idea inicial de hacer accesible la arquitectura a los profanos. Ha demostrado ser una herramienta de gran utilidad en el diseño de cualquier tipo de procesos.

Los patrones son «descripciones de un problema que ocurre una y otra vez en nuestro entorno, para describir después el núcleo de la solución a ese problema, de tal manera que esa solución pueda ser usada más de un millón de veces sin hacerlo ni siquiera dos veces de la misma forma«. Cada patrón «da un nombre al mismo, describe el problema que trata, ofrece una solución y, finalmente, habla de las consecuencias, ventajas e inconvenientes, que tiene esta solución«.

Así, un lenguaje de patrón es un método estructurado para describir una serie de buenas prácticas de diseño en un área particular.

La idea es 1) descubrir y nombrar los problemas más comunes en el campo de interés, 2) describir las características principales de las soluciones efectivas para llegar al objetivo marcado, 3) ayudar al diseñador a moverse de un problema a otro de una forma lógica y 4) permitir diferentes caminos en un mismo proceso de diseño.

Más allá de las ingenierías

Los ‘patrones de diseño’ han tenido mucho éxito en arquitectura (donde nacieron), pero sobre todo en informática. A priori, displinas algo alejadas de la psicoterapia. Pero en los últimos años se han sucedido los intentos de extender los patrones a lugares más cercanos como por ejemplo, la pedagogía.

Según Joseph Bergin, el principal desarrollador de este proyecto,

la intención [de los patrones pedagógicos] es capturar la esencia de la práctica en una forma compacta para que pueda ser comunicada fácilmente a aquellos que lo necesitan. Presentar esta información de forma coherente y accesible puede significar la diferencia que permita una fácil transferencia de conocimiento de la enseñanza dentro de la comunidad

La pregunta es evidente. Si se puede hacer en pedagogía, ¿qué nos impide hacerlo en psicología?

«Patronizando» la psicoterapia

Estos meses hemos hablado mucho de la necesidad de combinar los enfoques de un «Lenguaje Común en Psicoterapia» con los de la psicología basada en la evidencia (RCTs mediante) para tratar de desbrozar la situación en que nos encontramos. Y lo más probable es que las metodologías de desarrollo de patrones de diseño sean una forma excepcional para acometer ese proyecto. No sólo nos da un framework sencillo y robusto, sino que está exhaustivamente orientado a su aplicación práctica y su facilidad de transmisión.

¿Recuerdan que dije que pensaba dedicar mi tiempo a «proyectos de guerra«? Aún estoy buscando, pero este tiene buena pinta.