La tecnología está acabando con la psicoterapia

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Hace unos días David Bonilla y Diego Mariño lanzaron públicamente camaradasdelmetal.com. La idea era crear un foro que articulara a la comunidad de “gente que se gana la vida honradamente en una empresa de base tecnológica”. Y leyendo ese foro he aprendido más sobre el negocio de la psicología que en los 3 años anteriores.

Soy un tipo raro, lo sé. Soy de los que piensan que si quieres dedicarte a la psicología dentro de 10 años más te vale aprender a programar. Hace un mes más o menos me llamaban ‘extravagante’ por preguntarme:

¿Es ese el futuro? ¿Está avocadas todas las empresas a dejar de ser empresas de X que usan tecnología para convertirse en empresas tecnológicas que producen X? ¿Tenemos que cambiar todo lo que sabemos sobre las empresas de psicología para poder enfrentarnos al futuro? Parece que la respuesta a todas esas preguntas es sí. Hay que cambiar el chip.

Seré raro y extravagante pero no soy tonto. O no mucho. Como me he cansado de repetir en este blog, la tecnología ha cambiado hasta la médula muchísimos sector y va a cambiar el nuestro. Y hay que prepararse. Por eso, y aprovechando la llegada de PsyBlogogy, vamos a hacer un repaso de esos factores de cambio en la psicoterapia y de qué podemos hacer para adelantarnos. #Futureiscoming.

‘¿Podemos hacerlo mejor?’ o un plan para revolucionar la psicoterapia

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Hace unas semanas Karlos Diaz escribió

Todas las respuestas que le siguieron iban incrementando poco a poco el tanto por ciento. Yo y otros tantos lo retwiteamos. Tweets que se perderán en el timeline como… lágrimas en la lluvia. Activismo de sofá y adsl. No lo tomen como una crítica. No lo es. En todo caso, es una autocrítica.

La clínica es un terreno donde existe una tensión entre la necesidad de paliar el sufrimiento humano y la ‘ceguera’ en torno a las eficacia terapéutica de lo que hacemos. Cohabitamos con una psicología hecha unos zorros, pero, siendo realistas, ¿qué podemos hacer? Ese es el corazón de la alcachofa.

Otro modo de enfocar el problema

La verdad es que miro a los programadores con envidia y no de la sana. Unos tipos escribiendo líneas en un procesador de texto plano han conseguido cambiar el mundo más de lo nunca nadie hubiera sido capaz de imaginar. Y más aún, esos tipos fueron capaces de cooperar y hacer cosas increíbles: la mayor parte de la web, los móviles y las entrañas de la informática mundial dependen, de una forma u otra, de algún tipo de floss.

¿Se puede trasladar esa lógica a otros entornos? Y no me refiero a construir tractores o edificios, ya sabemos que se puede. Sino a si se podría desarrollar un framework terapéutico como si fuera software libre. Un framework basado en la evidencia pero diseñado de tal forma que fuera susceptible de ser adoptado por el grueso de los psicólogos, psicoterapeútas y consejeros. Un framework que permitiera no sólo encontrar un lenguaje común (como intenta el Common Language for Psychotherapy project) sino desarrollar un verdadero ‘vademecum psicoterapéutico’ que permita un abordaje experto. Un framework, en definitiva,  que nos permita hacerlo mejor.

¿Revolucionamos la psicoterapia?

Es verdad que este post está escrito apresuradamente y que la envergadura del proyecto es quizá demasiado grande pero. qué queréis que os diga, tengo una idea. Y tengo un plan. ¿Alguien se apunta?

Nace psyblogogy.com

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Me llegó un correo: Oye, Javi, tengo una idea. Los que me conocen bien saben que para mi esas cinco palabras son droga dura. No estoy seguro de que las ideas puedan cambiar el mundo, lo que sé a ciencia cierta es que las ideas pueden cambiar mi vida. Lo hacen, lo han hecho y supongo que tendré hacerme a la idea de que lo harán en el futuro.

Así que cuando llegó el correo de Guido, solo quedaba arremangarse y ponerse a trabajar.

Hoy empezamos un experimento. El proyecto de construir, como me decía Querolus ayer en un mail un punto de encuentro de gente con backgrounds diversos pero interesados en las mismas cuestiones; una buena forma de, como dicen los americanos, cross-polinate.

Hemos reunido (y seguimos buscando, reuniendo y dando visibilidad) a los mejores bloggers en castellano sobre el mundo de la mente, el cerebro y la conducta. No están todos los que son, pero todos los que están son las cabezas más importantes de nuestro idioma: Manuel VadilloHelena Matute, Roberto ColomAntonio Crego, Juan ramón Barradala gente del Grupo ColumbusIván Lerma, QuerolusPaco TraverPablo Malo o Manuel Sebastián son algunos de los miembros del dream team de la psicología que hemos conseguido reunir en PsyBlogogy.

Esta década será la década del cerebro, así que disfrutémosla.

«Ánimo, pequeñines» y otras cosas sobre la libertad de expresión

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Estos días hay en España una polémica muy curiosa. En un partido, Jonathan Mejía decidió celebrar un gol enseñando una camiseta interior que tenía escrito «¡Ánimo Pequeñines!». Era el Día Internacional del Cáncer Infantil.

Aunque Mejía había obtenido la autorización del árbitro, el Comité de Competición de la Liga Española de Fútbol decidió aplicar el articulo 91 del código disciplinario (en el que se prohíbe expresamente «cualquier clase de publicidad, lema, leyenda, siglas, anagramas o dibujos, sean los que fueren su contenido») y sancionarlo con 2.000 euros.

La prensa deportiva ha pasado días diciendo poco menos que el Comité es un nido de mortífagos, trolls y desalmados con toda la cuerda dada. ¿Cómo era posible que un mensaje de ese tipo fuera sancionado? ¿Qué clase de monstruos despreciables habitaban las mazmorras de la Liga? ¿Cómo es que nadie pensaba en los niños?

No voy a entrar en si este caso concreto merecía la sanción o si no. Al final la cuestión es si quitar del artículo 91 el «sean los que fueren su contenido». Y yo lo que me pregunto es si no es peligroso.

Porque si lo importante es la nobleza de la causa, ¿la camiseta de Villa a su familia cuenta o no? ¿y la de Darío Silva a favor del andalucismo? ¿y la de Kanuté apoyando la causa palestina? Si valen los mensajes políticos, ¿serían aceptables todos los mensajes políticos o sólo los ‘políticamente correctos‘? ¿Defenderían los medios un causa menos fotogénica?

En esto pensaba cuando leía ayer, gracias a la Revolución Naturalista, la idea de limitar la libertad académica para incluir criterios de justicia en la práctica académica que publican en el Crimson (el periódico de la Universidad de Harvard). Por ‘justicia académica’ Justiniano cerró la Academia, expulsaron a Spinoza y y quemaron la biblioteca de Alejandría. ¿Que podría salir mal?

En fin. Como decía ayer en Twitter, este tipo de cosas nos recuerdan que la Academia no es una arcadia bucólica habitada por buscadores de la verdad, es un campo de batalla en el que se mezclan numerosas agendas. No es algo que nos debiera sorprender, uno de los grandes puntos de inflexión de la historia de la psicología (el Chomsky contra Skinner) se resolvió sin que mediara un sólo argumento científico válido. Aunque esto también nos ayuda a recordar, como pasa con House of Cards, que «un sistema lleno de sociópatas integrales no tiene por qué ser un sistema inoperante». En el caso de la ciencia, la energía nuclear, los aviones o Internet están ahí de testigos.

Es más, tenemos que buscar ese sistema en el que aun cuando todos los actores sean unos malnacidos no les quede más remedio que hacer ciencia (y cuanto más revolucionaria, mejor). Esa, al menos, es mi opinión. Aunque claro yo también soy de los que piensan que lo mejor que nos ha dado Estados Unidos son los m&m’s, la coca-cola y la primera enmienda.