Una terapia nómada.

¿Está la depresión? Que se ponga…

En este blog optamos, como saben, por una psicoterapia contextual basada en relaciones. Una relación terapéutica, una relación con ascendiente es una cosa complicada, algo que se labra con el tiempo y el trabajo duro.

Pero, entonces… hay algo a lo que tenemos que adaptarnos: como dice Gutiérrez-Rubí, vivimos tiempos knówmadas. Un ‘knowmad‘ es alguien innovador, imaginativo, creativo, capaz de trabajar con prácticamente cualquier persona, en cualquier lugar y en cualquier momento. La ‘knowmadización’ de cada vez un mayor número de profesionales, conlleva que si queremos construir relaciones tendremos que desarrollar los mejores procedimientos de terapia on-line para crear una suerte de ‘gabinete ubicuo’.

Y por lo que sabemos hasta ahora podremos hacerlo sin que se resienta el proceso.

«Comunidad, personalidad y patología»: Un fenómeno curioso

Estoy teniendo algunos problemas para ordenar todos los materiales sobre el tema en una exposición divulgativa: por un lado, no quiere quedarme corto y, por otro, tengo miedo de aburrir a las ovejas. Pero bueno, entre la escila y la caribdis andas siempre muñeca.
  1. Un fenómeno curioso 

A partir de la 2ª Guerra mundial en los centros de asistencia psicológica y las clínicas psiquiátricas se produjo un fenómeno curioso.

En ese momento la población clínica, que se caracterizaba por su pequeño tamaño y gran gravedad, sufre un cambio y las consultas se empiezan a llenar de numerosos pacientes con problemas persistentes de relación interpersonal muy alejados de las enfermedades psiquiátricas clásicas (esquizofrenia, trastornos psicóticos y casos de depresión mayor).

En general, los nuevos pacientes se caracterizaban por responder a las responsabilidades cotidianas de una manera inflexible o desadaptativa y por poseer percepciones y comportamientos que daban lugar a un incremento de la incomodidad personal a la par que generaban dificultades de aprendizaje y crecimiento. A estos desórdenes se los denominó con el nombre de ‘Trastornos de Personalidad’.

Vale la pena pararnos un segundo para hacer una puntualización que, aunque a algunos pueda parecer básica, nos va a ahorrar muchos malentendidos. La expresión ‘Trastorno de Personalidad’ da a lugar a equívoco a nivel social y tiende a entenderse como sinónimo del ‘Trastorno de Identidad Disociativo’ (la ‘personalidad múltiples). Mientras el primero se refiere a desórdenes en el comportamiento interpersonal, el segundo se refiere a problemas de integración de la conciencia, la memoria y la identidad.

A principios de los 90 (menos de una década después de que el DSM-III consagrara este tipo de trastornos) se estimaba que el 40% de los pacientes ingresados tenían algún trastorno de personalidad. Teniendo en cuenta de que las modalidades leves de estos trastornos no conllevan internamiento psiquiátrico, se pueden hacer una idea de la importancia que tienen para la práctica clínica de la psicología.

La pregunta obvia es si esos trastornos son nuevos o, por el contrario, habían pasado desapercibidos por la psiquiatría del XIX y principios del XX.

Como los que nos dedicamos a ‘las cosas de la cabeza’ tampoco es que seamos muy perspicaces (ya saben que Freud, por poner un ejemplo, ganó el Goethe de Literatura pero no el Nobel – Aunque claro, el único que ha ganado el Nobel ha sido Kahneman y por subrayar que los economistas son menos perspicaces todavía), la cuestión es amplia y controvertida. Las explicaciones abundan, como la que se centra en el éxito de las «relaciones públicas psicológicas» (que habrían conseguido desvincular la psicoterapia de la imagen ‘sórdida’ que había tenido) o las que hablan de un posible ‘efecto Charcot’ (esto es, el fenómeno según el cual el psicólogo encuentra lo que él mismo propaga: la idea de que es el mismo despliegue de la psicología el que genera – ‘inventa‘ – los trastornos).

Algo de todo hay, debemos reconocerlo. Pero tras un análisis de la literatura clínica creo (aunque argumentarlo excede con creces este post) que hay evidencia para sostener que aunque estos trastornos pre-existían a la ‘gran ola’ de nuevos pacientes, sí parece que tras la segunda guerra mundial se da un aumento de casos.

La pregunta es, ¿Por qué?

«Comunidad, personalidad y patología»: presentación.

Hace unos días anunciaba que íbamos a tratar temas con más espacio y tiempo. Hoy comenzaremos un serie de entradas (que luego, como dije anteayer y si Dios quiere, armaré en formato librito para leer del tirón) sobre uno de los temas fundamentales de la psicología actual: los trastornos de personalidad. Pero claro, desde una perspectiva propia.

Hablaremos, como también adelanté, sobre la idea de que en la raíz de estos trastornos haya un problema «comunitario».

Usaré el nombre inicial de ‘Comunidad, personalidad y patología‘ aunque bien podía haber usado ‘Explicando el comportamiento interpersonal’ o algo así. Pero de tantos guiños me iba a quedar bizco.

Así que nada… Empezamos mañana.

¿Pueden ser los Trastornos de la Personalidad una consecuencia de la descomposición?

Últimamente estoy trabajando sobre los trastornos de personalidad. Los TTPP son sin lugar a dudas uno de los tres problemas teórico-prácticos más importantes de la psicología contemporánea.

Estoy preparando una serie de entradas que exponen de forma sencilla los dos modelos explicativos más significativos: el bio-evolutivo de Millon y el socio-histórico de Quiroga y Fuentes.

Lo más interesante del asunto es que tras meses de investigación (y atar cabos sueltos en torno al ya mencionado modelo socio-histórico) empiezan a aparecer indicios bastante sólidos que trazan una relación causal entre la aparición de los TTPP como hecho sociológico significativo y la «disolución de las comunidades reales» y la quiebra de los modos comunitarios que se produjo tras la Segunda Guerra Mundial (y que hasta entonces sobrevivían en la mayor parte de las sociedades avanzadas).

Se abre una línea de investigación muy interesante. ¿Quién sabe si un libro?

El conocimiento tácito del terapeuta

He estado releyendo ‘El Artesano’ de Sennett y he recordado algunas cosas. Toda profesión está inmersa en toneladas de ‘conocimiento tácito’ que es difícilmente traducible en reglas o recetas de aplicación directa. Dice Sennett del taller de Antonio Stradivarius:

Lo que falta en estos análisis es una reconstrucción de los talleres del maestro, o, para decirlo con más precisión, un elemento que se ha perdido irremisiblemente: la absorción en el conocimiento tácito, no verbal y sin codificar en palabras, que allí se producía y que llegó a convertirse en hábito, a saber, los mil pequeños movimientos cotidianos que se agregan a una práctica.

[…]
Para expresar esta observación en lenguaje abstracto: en un taller en el que dominan la individualidad y la originalidad del maestro, es probable que también domine el conocimiento tácito. Tras la muerte del maestro, seguramente resulta imposible reconstruir todas las pistas, movimientos y conocimientos intuitivos reunidos en la totalidad de su obra; no hay ya manera de pedirle que haga explícito lo tácito.

Y contínuaba:

En teoría, el taller bien administrado debía equilibrar el conocimiento tácito y el explícito.

Los sistemas actuales de formación de psicoterapeutas cada vez son más parecidos a un máster cualquiera. Han cambiado el ‘modelo taller’ por el ‘modelo de la universidad napoleónica’. Algo genial si queremos generar ‘una industria educativa’ pero inútil si queremos crear (buenos) terapeutas. Esto es un problema que a la larga lleva al vaciamiento del proceso terapeútico.

Esto es un problema y, a la vez, como casi siempre, una oportunidad. Cuando en Storge hagamos nuestro itinerario de formación, no va a ser fácil, ni acomodaticio. Pero va a merecer la pena.

Modelos

La concepción de los tratamientos psicológicos a imagen del modelo médico o del modelo contextual se traduce en la práctica en procedimientos relativamente distintos. Mientras el modelo médico de psicoterapia tiende a centrarse en la eliminación de los síntomas, dada su conformación con el tratamiento psicofarmacológico, el modelo contextual se propone objetivos más abiertos, dada su perspectiva centrada en la persona (más que en el cuadro). Por su parte, lo que esperan los pacientes o clientes de la psicoterapia en los distintos momentos de ella suele ser, en primer lugar, la «remoralización» consistente en ver la manera de dar salida a su situación; en segundo lugar, el «alivio» de los síntomas y, en tercer lugar, la «rehabilitación» en el funcionamiento de la vida. En este sentido, los tratamientos conformados con el modelo médico puede que desvirtúen la naturaleza de los problemas psicológicos y destruyan la capacidad de los tratamientos psicológicos para proponer beneficios de más alcance que eliminar los síntomas en función de unas técnicas.

La invención de trastornos mentales

Storge: bienvenidos a la psicoterapia hacker y artesana

Un día me puse a estudiar psicología. No tengo muy claro el porqué.

Cuando llegué, estábamos (me incluyo por ‘corporativismo’, porque lo que se dice yo… acababa de entrar por la puerta de la facultad) en plena movilización contra la LOPS. Una ley que dejaba a los psicólogos fuera del club vip de las ‘profesiones sanitarias’.

Por aquellas fechas, también, a un lumbrera del decanato se le ocurrió que la respuesta a todos nuestros problemas era hacer un referendum en la facultad para demostrar que para los psicólogos la psicología era una ciencia de la salud. La dinámica fue sencilla: había cuatro opciones (ciencias e ingenierías, ciencias de la salud, ciencias sociales y humanidades) y cada miembro de la facultad tenía que marcar una. Los resultados fueron un 80 por ciento ciencias de la salud y un 20, ciencias sociales; humanidades, cero votos; e ingenierías, uno. El mío.

Mi idea (medio provocación, medio idea genial) es que teníamos más que ver con la ingeniería (el estudio y aplicación, por especialistas, de las diversas ramas de la tecnología) que de cualquier tipo de ciencia (el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales).

Tardé mucho tiempo en entender las consecuencias del asunto. En el fondo, la psicología (sea en su avatar psicopedagógico o en el psicoterapéutico) es el lenguaje con el que nos programamos a nosotros mismos. O, si se me ponen puristas, el metalenguaje con el que hablamos de esos lenguajes de programación. Esto lo cambia todo.

Estoy convencido de que en el nudo de la ética del trabajo del terapeuta tiene que estar el hambre de conocimiento. O es hacker o no es terapeuta. Decía Erick Raymond que una característica del ‘ethos hacker’ es que «El mundo está lleno de problemas fascinantes que esperan ser resueltos». Para mi esos ‘problemas fascinantes’ son las personas y ‘resolverlos’ es darles sentido, significado; ayudarles a afrontar y reducir el sufrimiento.

Por otro lado, tomar partido por el modelo contextual de psicoterapia conlleva ser consciente de la trama socio-histórica de las técnicas de evaluación y tratamiento, del trasfondo ético-moral del problema psicológico y de la centralidad de la relación intensa y curativa en el proceso terapéutico  Conlleva, en esencia, reconocerse y repensarse como artesano (+).

Esto es Storge, la primera célula, la vindicación explícita del espíritu hacker y artesano para entender la psicoterapia. Veremos.

¿De qué puñetas vive un investigador ‘a la comunal’?

Esta mañana comentaba con unos conocidos la idea de ‘comunalizar el conocimiento, el aprendizaje y la investigación‘ sobre la que llevamos trabajando. Su respuesta es la esperada… «Todo muy bonito, pero pufff».

Y es que cuando uno se plantea dedicarse a la investigación ‘a la comunal’ se encuentra con algunos problemas obvios: en el actual estado de cosas, ganarse la vida, como diría Zuckerberg, es complicado.

Al auto-exiliarse del mundo de las becas (porque a nivel práctico todas están bajo la lógica del «Índice H» y sus amigos) las vías de financiación a corto casi desaparecen. Y en el ámbito ‘comercial’, gran parte de la investigación en teoría social o ciencia básica es in-explotable.

Los investigadores jóvenes tiene un problema extra: no tienen el ‘prestigio‘ necesario para vender ‘charlas, cursos o cosas así’. Más aún de espaldas al mainstream institucional. Lo único que se puede hacer es empezar a publicar y esperar a que llegue dicho prestigio y/o reconocimiento.

La opción más evidente es el buscar lo que los escritores llaman un ‘trabajo alimenticio’. Los gastos de un investigador joven no son muchos, pero esto tampoco supone un consuelo: buscar un trabajo que te permita dedicar tiempo a otra cosa (al menos el tiempo necesario para ser ‘competitivo’) hoy por hoy es difícil.

¿Se os ocurren formas viables de auto-financiación?

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En mi caso particular, estoy intentando crear – con bastante ayuda – una pequeña célula que me de algo de aire ‘financiero’. Pero, claro… aunque mis gastos son irrisorios, veremos.

Por lo pronto, en la línea clara de ir cogiendo ‘relieve intelectual’ este blog va a sufrir algunas re-estructuraciones: sin perder el carácter personal, trabajaremos muchos más temas relacionados con las intersecciones entre psicología, sociología y filosofía.