87grados: ¡Al abortaje!

La semana pasada estuve hablando con algunas personas sobre la posibilidad de desarrollar el curso que viene un seminario o curso sobre los aspectos filosóficos de ‘la interrupción voluntaria del embarazo’ con el título, lleno de guiños, de ‘Una defensa del Aborto’. Y es que he estado muy implicado en este debate desde hace años.

Curiosamente, ayer 87grados publicó en su web un artículo de hace unos meses que contestaba, con toda la retranca y mal gusto posible, al progresismo del ministro Gallardón sobre la legislación del aborto.

Desengáñense no estamos hablando de una operación de anginas, estamos hablando de la educación cívica y constitucional de la Humanidad; del futuro de la civilización, si me apuran.

Por eso debemos conseguir que “abortar” sea para las mujeres su Bar Mitzvá, su rito iniciático, su ‘ir de putas’. Es la última frontera, la última defensa frente a la barbarie o, lo que es peor, frente a llamar progresismo a lo que es simple y pura misoginia.

La idea del Estado en la embate actual

Argentina es el único país importante que ha abandonado el Primer Mundo. Durante años se ha presentado su extravagante y melancólica peripecia durante el s.XX como una aberración en la era del crecimiento. Sin embargo, en mis noches de insomnio Argentina es la primera democracia avanzada del mundo, y las demás tarde o temprano se irán desplomando hacia un equilibrio oligárquico-demagógico, que es de esperar que a largo plazo conduzca a la tiranía, y a un nuevo ciclo político aristotélico (democracia-tirania-oligarquia-democracia). Al fin y al cabo, Aristóteles consideraba la monarquía un régimen político superado, y creía inevitable la universalización (entre los griegos) de los sistemas constitucionales, probablemente al tiempo que educaba a Alejandro Magno.

(PeronistasKantor)

De hecho, haciendo una reflexión arendtiana, aunque quizás no del todo descabellada, cabría preguntarse si no nos hallamos en un momento histórico similar al Imperio. Un momento en el que el bienestar material de las masas, confiadas a un sistema de representación no absoluta pero insidiosamente difusa, ha sustituido al proyecto ilustrado de libertad y autonomía del que procede nuestra cultura política.

(La constitución romanaJorge San Miguel)

Las ideas importan.

Michael Walzer rastrea en su libro, la Revolución de los Santos, como la idea de estado (fijándose en las metáforas que se usaban para conceptualizarlo) cambió con la aparición histórica del puritanismo calvinista.

La tesis del Walzer es que hugonotes, exiliados marianos y otros grupos de matriz calvinista desarrollaron una de las grandes innovaciones políticas del mundo moderno, ‘la organización disciplinada y revolucionaria orientada a la reconstrucción social’. Este ‘desarrollo organizacional’  va de la mano del cambio histórico que progresivamente cambió la idea medieval de estado como ‘cuerpo político’ por la idea moderna de ‘nave del estado’.

Pensar el estado como un barco conllevaba la idea de destino, de puerto al que llegar. Y es alrededor de esto, de la superación de la concepción escolástica (que pensaba la sociedad como reunión para la vida buena, para una vida adecuada a la dignidad del hombre), donde las distintas ideologías modernas van construyendo su operatividad política. De hecho, un punto central de toda ideología moderna, como señaló Popper, es definir el fin del estado.

Hay muchas lecturas de la posmodernidad pero, al final, es ese ‘destino’ el gran bicho a batir. Al quitar el lugar de llegada, el estado se convirtió en una suerte de Holandés Errante y sin proyecto socio-político vimos el resurgir de movimientos ‘moralistas’ que corroen la trama política a la par que movimientos ‘para-despóticos’ que corroen la trama socio-comunitaria.

Reconstruir la idea de estado

Por eso el reto hoy es construir un discurso que pueda mantener ambas tramas (la política y la comunitaria), conectarlas y ponerlas a trabajar juntas. Por ejemplo, la propuesta confederal de Juan Urrutia trata de volver de la idea ‘teleológica’ del estado a una más orgánica, buscando un cierre no trascendente basado en la auto-organización y la evolución ciega. En esta línea, está también la catolicidad política de la que hablamos hace un tiempo o el Partner State de Bauwens.

Eso es el ‘nuevo relato’; en un universo en el que las ideas importan, diseñar un mecanismo ‘intelectual y narrativo’ que nos permita llegar a un mundo bueno.

P2P contra el status quo

Una nota al margen, aunque vinculada: Creo que hemos de ser conscientes de que si realmente queremos una salida p2p a la descomposición institucional no debemos caer en el ‘buenismo’; esto es, en pensar que ‘el cambio está en nuestros corazones’ o lemas extraídos de Paulo Coelho. Debemos trabajar por crear un entorno en el que la conducta racional (la conducta que mejor nos permita cumplir nuestros objetivos) sea la p2p. Digo.

Hacia el CAL de Granada

Como decían ayer en el blog de Las Indias poco podremos aprender sobre el debate de las escuelas del procomún si no tocamos ya suelo y empezamos a llevar a cabo el proyecto. Eso requiere apostar los las ‘Escuelas’ (los centros de investigación) pero también por los ‘nodos locales’ (los centros de aprendizaje).

Este fin de semana volví a Granada hasta mediados de julio y he empezado a hablar con gente sobre la organización de un centro de aprendizaje local en la ciudad con el lema ‘deja de estudiar y empieza a aprender’. La existencia de nodos locales autofinanciados es básico para conseguir un ecosistema p2p resilente y con capacidad de cambiar las reglas del juego.

¿En qué consiste un Centro de Aprendizaje? La labor investigadora de estos centros impacta sobre el territorio a través de una red de centros de aprendizaje locales autofinanciados y autónomos pero «señalizados» por las «Escuelas del Comunal» cuyo objetivo no es «enseñar» ni señalizar, sino dar la base para que quien quiera aprender aprenda. [+info]

Esquematizando el aprendizaje P2P

Como estoy más perdido que la sede física de Partenia (por motivos de trabajo que me alejan de las conexiones a internet), os hago un par de recomendaciones. No dejéis de mirar el esquema del ecosistema p2p que suple las funciones que hasta ahora tenía la Universidad que creo que han hecho las buenas gentes de Arrsa!

Tampoco tiene perdón del cielo que no le echéis un ojo al informe que han elaborado en Las Indias. Esto marcha.

Recopilación del debate sobre Aprendizaje P2P

Me despisto un par de días y por poco me pierdo la inauguración del curso académico de la ‘Escuela de Economía del Comunal‘. Las cosas van tan rápido que estoy pensando montar una página con SemanticScuttle o P2 para ir agrupando todo lo que se está produciendo en el debate que iniciamos hace unos meses.

Por ahora si quieren estar al día:

Por una Escuela del Procomún (o SSoSE)

¿Qué significa que el conocimiento sea ‘comunitario’?

La geometría, que muchos consideran la primera ciencia constituida, surgió de los agrimensores griegos. No os podéis imaginar hasta que punto, por lo que sabemos, para ellos no existía una diferencia sustantiva entre un teorema (el de Tales o el de Pitágoras, por ejemplo) y un instrumento de nivelación.

Cuando se reivindica una versión no-relativista de la posmodernidad lo que se está haciendo es reconocer que el conocimiento además de su dimensión semántica y sintáctica tiene al menos una pragmática en la que es estrictamente comunitario. Un concepto es tan ‘herramienta’ como cualquier instrumento material y por ello adquiere sentido en el seno de una disciplina, de una comunidad.

La Universidad actual y el problema del participacionismo

La Universidad se fue desenvolviendo para formar un ‘capital humano’, una élite social alejada del trabajo manual cuyo dominio técnico fue la política en sentido lato – Cambridge sólo coge fuste cuando la Corona huye de la eclesiófila Oxford y busca un lugar donde poder formar funcionarios afines. En muchos sentidos como dice David, la Universidad anglosajona es la que más fiel se mantuvo a esto; la nuestra primero se hizo francesa y luego teutona. En Alemania en efecto, surge la Universidad moderna como hipertrofia de la napoleónica.

No está de más recordar que en el XIX había 4 ó 5 facultades. Durante este siglo y poco la universidad usurpó bajo la complaciente mirada estatal a cada comunidad su potestad formativa-educativa. Al desligarlo, dando prioridad al proceso antes que a la comunidad cayó de forma irremediable en el problema del participacionismo.

Por eso la ‘formación p2p’ se constituye una devolución  del ‘monopolio estatal’ a las comunidades.

No son las similitudes, son las diferencias

Los ‘nuevos centros’ no son pues, universidades reconvertidas; son nodos expertos en formación (esto es, soportan el desarrollo técnico de los programas) y dinamizadores que trabajan con cooperativas y asociaciones empresariales.

La idea de crear plataformas que permitan a los usuarios organizarse para crear cursos no es nueva. Pero en general estas iniciativas caen siempre, como la universidad, del lado del ‘participacionismo‘. Una SSoSE es ante todo una ‘creadora de comunidades’ (o una ‘empoderadora de gente para crear comunidades’): sin ese matiz estamos haciendo raíles perpendiculares.

¿Queremos empezar una SSoSE (o varias, al estilo de la Universidad de California)? Pues ya tenemos hoja de ruta.

Ale, a trabajar.

Universidad, capital humano y gastronomía valenciana

Se me ha amontonado el trabajo y entre una cosa y otra no doy abasto. De hecho, mientras se publica esta entrada estoy impartiendo una clase de Paella en condiciones muy ventajosas… No como las de la Universidad de Valencia. Pero ese es otro tema.

Vía MarginalRevolution llego a un artículo que defiende la idea de que ‘la Universidad va de capital humano’. Propone que no sirve ni para aprender ni para señalizar sino para crear capital humano; esto es, que tiene que motivar (en lo personal), dar perspectiva (en lo académico) y generar redes (en los social).

No entro ni a comentarlo, lo aporto al debate 😉

Cosas sueltas sobre formación p2p

a. Mi humilde propuesta de esquema universitario p2p sigue dando vueltas por la red, en este caso  es Ester Gisbert la que matiza y amplia la propuesta. Muchas gracias.

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y b. Hace unos días, un compañero me hacía notar que las Universidades tienen muchas veces incentivos contradictorios entre dos de sus funciones: la docencia y la certificación del conocimiento.  Así, según su tesis, el gran problema de la proliferación de academias, centro e institutos es la dificultad para saber si un ‘título x’ (la certificación) se corresponde con la docencia que insinúa o no. Vamos, algo que ya sabíamos, que el valor de señalización de la educación superior tiende a cero.

La propuesta que improvisamos es que si muchos se dedican a ‘ofrecer docencia’ quizás lo idóneo sería crear instituciones dedicadas a la evaluación y certificación de conocimientos; algo parecido a Cambridge Assessment y especialmente OCR. Pero que también podría tomar la forma de un sello de calidad para cursos, módulos o titulaciones.

Un planteamiento interesante que habrá que pensar.