De cooperativista a emprendedor artesano: ¿»Los libros del Dronte»?

[Reconozco que todo lo que sigue es un poco caótico, faltan enlaces… pero estoy de viaje y aunque tengo que postear los avances – ‘un blog sirve para saber qué carajo es lo que pienso’ – no tengo demasiado tiempo.]

Durante cuatro años, trabajé en una universidad española; he experimentado casi todo lo bueno que puede darte y he padecido casi todo lo malo con lo que la vieja academia puede agradecerte tu trabajo. Hay una cosa clara, no es vida para mi.

Durante cuatro años, trabajé en esencia en ‘relaciones públicas’ tratando de aumentar la influencia y el reconocimiento de la Institución entre sus propios estudiantes (un público, para los más quisquillosos, con características propias de público interno y características de público externo). Y tengo que reconocer, que pese a lo enriquecedor a nivel personal, ha sido un tiempo exquisítamente desaprovechado.

Muchas veces he pensado que a finales de 2008 tenía que haber cogido las maletas y haberme ido a Las Indias y hoy estaría tomando mate en Uruguay. Pero me quedé… En el fondo, porque tengo un carácter más cercano a monje benedictino que a un ‘pies polvorientos

El caso es que he acabado una fase de mi vida y ahora empieza otra.

¿Y hacia dónde voy?
Una vez que queda claro dónde estoy, voy a tratar de explicar a dónde voy… pero será en el próximo capítulo.

Este último año, me he enrolado en un montón de cosas raras. La que más fuerza tubo fue Skatha. Ahora, no sé si skatha va a algún sitio, pero va lenta y desproporcionada. Así que he decidido construir por otro lado.

Para eso, para construir por otro lado, he de reconocer que me encantan las dos características que en LasIndias identifican con el ‘emprendedor artesano’: a) «Crean empresas para trabajar en ellas y no para especular con ellas haciendo de las rondas de financiación un verdadero modelo de negocio y de la venta de participaciones a un futuro gran comprador el objetivo último de su trabajo.» Y b) «Enfocan su trabajo entendiendo que los objetos y servicios que se ofrecen en el mercado son portadores de mundos, de proyectos sociales y visiones morales.»

Artesano, vale… pero ¿De qué?

La idea nace de una reflexión del siempre estimulante David de Ugarte [“El negocio del libro electrónico está en la suscripción individual o colectiva, no en la venta de ejemplares individuales. Lo lógico es que yo me suscriba a colecciones o editoriales completas pagando una tarifa plana a cambio de un derecho de descarga.”] y viene a ser algo así como un ‘Netflix de libros’ (o un Spotify Premium o un Digital + para los menos avezados): una editorial basada en repositorio on-line bajo suscripción (mensual o anual, está por decidir; aunque supongo que anual) con derecho de descarga en todos los formatos imaginables. Barajamos una longitud que oscile entre 15.000 y 30.000 palabras.

Además, para cada libro (porque haya gustado, porque se quiera regalar o por lo que sea) existirá la opción de adquirirlo en papel (via print-on-demand) y recibirlo en casa a un precio muy ajustado.

El sistema se articulará en colecciones temáticas (en principio, ensayo y ficción; luego poesía, género negro-criminal, sci-fi, fantasía, infantil-juvenil, divulgación, colecciones de autor, etc…) y permitirá llegar a acuerdos con otras editoriales que quieran usar este sistema para comercializar sus productos.

Creo que en un futuro cercano las editoriales aligerarán su estructura productiva y se dedicarán a buscar autores y a ayudarles a dar lo mejor de si mismos. En eso tiene razón Jeff Jarvis, «dedícate a lo que sabes hacer». Esa es la idea

Pero ¿es la edición suficiente?

Lo cierto es que no. Tristemente mientras las librerías pierden la centralidad en la distribución necesitamos nuevos espacios de divulgación y dinamización artístico-literaria [En otro artículo comenta De Ugarte que “la posibilidad a medio plazo de consolidar un negocio alternativo al de la industria de la mal llamada propiedad intelectual depende de la capacidad para crear espacios culturales de socialización de nuevo tipo: salas que dinamicen el entorno presencial y generen conversación sobre las artes.”].

Nuestra idea es combinar la puesta en marcha de convenios y acuerdos con instituciones y empresas (crear circuitos culturales donde buenamente podamos, siguiendo el modelo de la ‘Biblioteca de Indias’) con, a más largo plazo, crear espacios propios en los nodos culturales más activos.