5 ideas preliminares para hacer ciudad

1. Las ciudades necesitan movimiento

Hemos de entender la esfera pública como un equilibrio basado en los flujos de información e intercambio entre las distintas comunidades.

2. las ciudades para todos son ciudades para nadie

Una lectura ligera de la diversidad podría llevarnos a pensar que el aumento de esta se resume en aumentar la población de las ciudades. Pero esto no en absoluto a lo que se refiere.

La masificación es un proceso análogo a la creación de zonas de anonimato y soledad en el seno de las ciudades. Y esto equivale a desconectar a parte de la población de la conversación cívica.

La masificación viene acompañada por serios problemas de “flujo” pues los nichos de población desconectada son el equivalente en nuestras redes al colesterol en el sistema circulatorio.

La solución a esto es que el aumento de población se correlacione con la capacidad real para conectar a esos nuevos ciudadanos con el cluster de la ciudad.

3. Las ciudades necesitan proyectarse al exterior.

La proyección es la estrategia fundamental de consolidación de las esferas públicas.
Es un objetivo principal adquirir valor social a través de una imagen sólida basada en la organización interna (“la forma de organización de un colectivo […] no es una cuestión técnica. Es la manifestación más clara y fuerte de su naturaleza política.” Fernando Flores) y en su posición “info-estratégica”.

4. Las ciudades las hacen los grandes políticos no los grandes gestores.

Las ciudades son, más allá de los servicios que presten a las comunidades, conversaciones cívicas. Son tareas políticas crear canales, buscar sinergias y facilitar la comunicación: los políticos son facilitadores y en eso deben basar su “poder” (no en el manejo de presupuestos o la confección de redes caciquiles).

5. «Las ciudades como fundaciones.»

Las ciudades son organizaciones que diseñan sus estrategias y definen sus valores de forma democrática: pero no se debe permitir que miembros de una ciudad (sean el número que sean) copen el poder y usen el entramado institucional en su beneficio. Esta es la muerte de las condiciones de diversidad social y de la conversación cívica.

En esto las ciudades son similares a las fundaciones en que tienen fines que deben beneficiar a grupos genéricos de personas.

En una entrevista para el “Correo de la Unesco”, Amy Otchet preguntó al filósofo Michael Walzer por las tensiones entre la izquierda y los grupos étnicos minoritarios. Walzer plantea que la izquierda tradicional se articula(ba) sobre la conciencia de clase que no es muy distinta a las identidades raciales actuales.

Lo que nos dice Walzer es que la ideología política se arma sobre identidades, sobre grupos concretos: el marxismo sobre la identidad de clase proletaria; el liberalismo clásico sobre la identidad burguesa; la democracia del bienestar sobre las clases medias de la posguerra.

Las reflexiones sobre el capitalismo que viene, y sus correlatos sociales, nos va dibujando un escenario en el que la proliferación de identidades hará insostenible el Estado-Nación; las comunidades políticas adquieren dimensiones distintas al de los estados actuales y comportándose como organizaciones transnacionales invalidan de facto las políticas nacionales.

Esto hará que las ciudades recuperen su poder convirtiéndose en nodos de intersección entre conjuntos identitarios. Así la pregunta de aquí en adelante será si las ciudades se convertirán en una mera aglomeración de guettos incomunicados o podrán retener su capacidad para crear y gestionar la esfera pública. De hecho, las ciudades desde Maquiavelo son tecnologías sociales para contener el conflicto político dentro de dicha esfera.

Me parece que se necesitan teorías (visiones) para regenerar las ciudades como espacio cívicos. Estas teorías deben partir de al menos dos ideas que considero fundamentales:

– Deben asumir como propia la separación comunidad-estado; La idea de libertad entendida como una dicotomía positiva-negativa se refiere en realidad a dos ámbitos organizativos diferentes (y que coexisten): la libertad negativa en el ámbito de la ciudad (Estado) y la libertad positiva en el ámbito de la comunidad.
– Deben tener como centro del entramando institucional a la persona como ser autónomo; esto es, se le debe reconocer al ciudadano el derecho de segregación para abandonar tanto la ciudad como la comunidad.

dosmilnueve

Me gusta pensar que siempre vamos a mejor (…citius, altius, fortius…); es simplemente esa extraña idea de progreso que a veces vuelve como amiga imaginaria. Sumemos, crezcamos, construyamos pero sobre todo, busquemos la felicidad. Contra el pesimismo y el «cualquier tiempo pasado» siempre nos quedará la inconmensurabilidad.