No soy economista, soy psicólogo matemático. Y eso se notará.

Me ha parecido interesante la idea de Citoyen de traducir la teoría austriaca a un “lenguaje” neoclásico.

La economía austriaca parte del principio que la asimetría de información es el estado natural del mercado y me parece que sí es traducible. Mi intención es realizar un ensayo de dicha traducción. Espero que quien tenga ideas al respecto, las exponga: a ver si poco a poco podemos llegar a culminar el juego.

Perdonen los errores y disculpen las molestias.

1. De consumidor a agente
Mientras la economía neoclásica tiene como personaje central al consumidor, la economía austriaca tiene en su centro al agente.

El consumidor, las relaciones de preferencia y las funciones de utilidad
En el mainstream neoclásico el consumidor viene a ser, a fin de cuentas, una relación de relaciones. Habitualmente, los neoclásicos hacen tres asunciones básicas sobre las relaciones de preferencia de los consumidores:
– La relación de preferencia es coherente
– Los consumidores prefieren cuanto más, mejor.
– Los consumidores prefieren las mezclas de bienes.

Estas relaciones de preferencia son clasificaciones entre (infinitos) bienes de alternativos; y, por lo mismo, es bastante difícil trabajar con ellas. Las relaciones para ser operativa a nivel analítico se operan con una función (estrictamente creciente) llamada “de utilidad”.

El consumidor en la economía austriaca funciona como una caja negra por lo que no se pueden hacer ningún tipo de asunciones sobre su relación de preferencias; y aún en el caso de que pudiéramos definir una relación de preferencia como consecuencia de una elección de facto por parte del consumidor, tendría un carácter “histórico-biográfico” y no un carácter “normativo”. ¿Por qué?

El agente, el principal y la alineación.
Pues porque para acercarnos a una concepción equivalente a la neoclásica en la teoría austriaca vamos a tener que recurrir a la relación principal-agente propia de entorno de información asimétrica.
Ante una acción efectiva, podemos pensar al “yo contingente” del momento de la elección como un agente y al resto de “yoes futuros” que serían los principales. Cuando una persona actúa no tenemos forma de saber si los intereses y objetivos del agente y los principales están alineados.

Desde aquí se entiende que la definición de curvas de utilidad no sea pertinente; al no saber si principal y agente están alineados, definirlas sería inútil.

Lo que viene

Estoy devorando el libro recién impreso de Juan Urrutia (Michele Boldrin propone que el argumento fundamental del profesor Urrutia es que «la esencia del capitalismo que viene es disipar rentas»). Yo, por mi parte, voy a ir anotando las ideas que me vaya suscitando el texto.

1.- No sólo se disipan para las empresas, también para las ciudades. La globalización está haciendo que la posición estratégica no dependa de la geografía (las distancias se acercan, los problemas de movilidad se ven reducidos) sino de la estructura de la red en la que se inscriben.

2.- Las ciudades, entre otras cosas, se ofrecen como espacios de interacción social. En este sentido, el diseño de una ciudad puede generar, a través de la apuesta por la «democracia participativa» y similares, algo similar a facebook o, buscando mecanismos técnicos hacia la diversidad social, algo similar a el mar de flores.