Dronte

Psicología y algunas cosas más

Lo tuyo es puro teatro

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Las ‘vacaciones’, por definición, son ese momento de año en que tienes tiempo de leer un suplemento cultural publicado hace más de un mes. Aunque a decir verdad, para esta particular acepción de ‘vacaciones’ existe un sinónimo: retraso de 185 minutos en un vuelo de 2 horas.

Así que dadas las circunstancias propicias, comencé a leer el New Review del Observer y reconozco que estuve a punto de cerrarlo y ponerme a jugar al Angry Birds. La primera entrevista, a Rachel De-lahay, me pareció tan improbable que pensé que era una entrevista fake como las de la Quimera de Mora.

¿Quién creería probable que una dramaturga dijera, creyéndolas, estas palabras

«Yo quiero ser escuchada por todos, viejos y jóvenes, clase media y clase trabajadora. Quiero personas que se digan ‘Sí, a la mierda, voy a ir a la ciudad, al teatro y a tomarme unas copas después»

¡Qué envidia más insana! ¿Habrá algo más esperanzador que esa frase? Ya saben que mi respuesta, como la de Ester hace un par de días en un bellísimo post, es un ‘no’ sencillo y sin pretensiones. Nada nuevo para alguien que sólo quiere ampliar la imaginación moral de las personas.

Pd: Con este minipost queda inaugurada la ronda de microentradas veraniegas que este años he decidido llamar “Uno cortito”, :p

El chiste y su relación con el inconsciente (VIII)

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Vía Fabrizio Ferri

Marcas de agua

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La sociedad impone sus marcas de agua a los individuos, los clasifica y marca . Me refiero a “la sociedad” para alejar mi culpa y quitarme responsabilidad, pero no es para nada así. Somos los individuos los responsables de estas situaciones. Por tanto todos tenemos que remar en el barco de respetar las libertades de los demás… incluso cuando el viento no es favorable. 

La clasificación social crea monstruos y perjudica inocentes en muchas ocasiones. Recientemente dos hechos han capturado mi atención. El primero es comprobar que una vez más que a la gente le gusta (nos gusta?) etiquetar a la personas que hacen gilipolleces, se comportan de manera mezquina o actúa de una manera fuera de lo habitual…como enfermo mental, como trastornados. El segundo asunto es que cualquier asunto sexual donde se vea implicada una mujer, esta será denigrada y catalogada continuamente de tal manera que se busca que se avergüence de sus actos [no pondré ningún ejemplo o enlace para no dar publicidad]. Ambos hechos están relacionados. 

El gerente de una compañía supuestamente triunfal se le viene el mundo abajo (y quizá la justicia) porque lleva años mintiendo en sus cuentas. Es un enfermo (mental se presupone que se refieren) dicen. Yo creo que se equivocan. La evaluación del estado patológico de una persona debe hacerla un profesional. La evaluación es una de las tareas más importantes que lleva a cabo un profesional cualificado. Cada vez que a cualquier comportamiento extremo que no nos agrada lo etiquetamos de patológico o enfermo estamos contribuyendo a estigmatizar a las personas que sufren de alguna patología mental. Nuestros estereotipos sobre la salud mental se forman gracias al constante goteo de información equivocada. 

Seguramente habrás visto en muchas ocasiones a personajes en medios de comunicación “dar su opinión profesional” sobre el “último psicópata asesino” que ha salido en la tele. Los habrás visto citar manuales de evaluación y que te describa perfectamente como encaja cada conducta con los patrones que indica el libro. Como ejercicio literario es estupendo, pero la evaluación psicológica es algo mucho más complejo si se cumplen los mínimos de calidad. El coste de estas malas costumbres es alejar a pacientes psiquiátricos de la normalidad, la aceptación social y que pierdan calidad de vida. Últimos estudios revelan que el común de la gente se equivoca en los estereotipos que tiene sobre la gente que sufre de algún problema mental. 
 
Otro caso donde esta semana he observado que se aplican estas marcas de agua de la sociedad es en la noticia sobre un local de Magaluf. No me refiero al hecho en si, que prefiero no comentar sino al trato que se le da a la protagonista.  El lector habrá podido notar cierta asimetría en el trato y comentarios que se generan cuando hombres y mujeres expresan su sexualidad.“Slut-shaming”: avergonzar a una chica por sus prácticas sexuales.

Esta práctica, este castigo social hacia las mujeres tiene posiblemente un origen evolucionista. Muchas de las diferencias entre hombres y mujeres vienen de las estrategias de selección sexual. En especial del desigual coste entre los sexos de engendrar un hijo. En resumen, a un hombre expandir sus genes le cuesta un mínimo de cinco minutos (ya me entendéis ;)… mientras que a una mujer le cuesta un gran riesgo para su vida, varios años y mayor probabilidad de sufrir enfermedades. Las formas de maximizar recursos para el hombre es inseminar la mayor cantidad de mujeres y evitar a toda costa que tu pareja sea inseminada por otro. En la batalla de los genes para un macho no hay peor estrategia que cuidar como suyos los genes de otro ni mayor beneficio que otro macho cuide de sus genes. 

Así el imponer costes sociales a las mujeres que expresan su sexualidad contribuyes a reducir la posibilidad de criar un hijo que no es tuyo. Eso explica por qué se actúa de manera diferente cuando el que es adúltero es un hombre en vez de una mujer o por qué se “premia” al hombre que tiene muchas relaciones y no a la mujer. Es castigar a la mujer para proteger tus genes. Es una situación totalmente injusta para la mujer que por desgracia tardará en verse erradicada

Es hora de involucrarnos en borrar los estigmas que imponemos a la gente. Ya sea por el bombardeo de los medios de comunicación o por formas de pensar anacrónicas… Es momento para involucrarnos en borrar las marcas de agua de la sociedad. 

Post de Guido Corradi, psicólogo y blogero en Conductual.es.

¿En qué momento se jodió la psicología? Lecturas para el verano

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El otro día me hicieron esa pregunta. Estábamos conversando en esa catedral que es la nueva Foyles y mirábamos los estantes dedicados a la psicología. Más de la mitad estaban dedicados al psicoanálisis (mucho Freud, mucho Jung, algo de Lacan) y otra buena parte estaban dedicados a las psicologías humanistas o existenciales. Pero esa era la parte aceptable: centenares de libros escritos por papanatas se agolpaban bajo los rótulos de psicología popular, wellbeing y, al final, autoayuda.

Como soy el Messi (cuando messi era Messi) del regateo conversacional, esquivé la pregunta y seguimos paseando por la librerías. Hasta que en la primera planta, habíamos subido hasta arriba en ascensor e íbamos bajando poco a poco, me di de bruces con la respuesta.

Miré a mi interlocutor, respondí con un «¿Que cuándo se jodió la psicología? Cuando los psicólogos dejamos de leer» y seguí caminando entre libros y anaqueles. Ay, qué dulce y traicionero es el sabor de la epifanía (y si no preguntarle a Jenaro García).

Luego caí en la cuenta de que la idea ni era nueva ni era mía, claro. En un artículo ya perdido, Santiago Navajas comentaba que lo ideal sería, «que no hubiera ningún psiquiatra o psicólogo que no conozca en profundidad la obra de Dickens, Tolstoi, Shakespeare o Galdós, Borges o Faulkner» y, aunque cito de memoria, en aquel librito de Cartas a un Joven Psicólogo, creo que había un psicólogo crítico que decía algo parecido.

Decir que consumir ficciones de baja calidad (o directamente no consumirlas) produce psicólogos de baja calidad (o directamente, ya ven por donde va el parison, no los produce). Leer no es condición suficiente para tener un buen psicólogo, eso es verdad; pero conforme pasan los años, creo que sí que es una condición necesaria.

No hará falta recordar que Freud, lector compulsivo de Shakespeare, no ganó el premio Nobel de Medicina, pero sí el premio Goethe. O que el Jung que llena las librerías es sobre todo alguien que explica y trabaja los símbolos y las historias.

No hará falta recordarlo porque en realidad no hablo de eso. Hablo de que, invirtiendo a Rorty, hoy toca denunciar la escasa imaginación moral de los psicólogos y reivindicar una lista de ficciones (de lecturas, de películas, de series de televisión) para hacer mejores psicólogos.

¿Hacemos una lista de lecturas para este verano? ¿Qué libro/película/serie crees que tendría que conocer todo psicólogo digno de ese nombre?

El gemelo malvado

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Ayer teníamos en el trabajo la reunión mensual de evaluación. Nada demasiado serio, la típica reunión que genera más estrés que resultados. En algún momento de la conversación me dijeron que igual debería tener mayor presencia en Internet en Inglés. Así que nada. He resucitado una antigua cuenta de twitter @JavierJCuadros y ya he empezado a hacer chistes en inglés. Dejo constancia del hecho.

Por cierto, ya sabéis que además de la página de facebook del blog, está la cuenta de twitter y la de facebook de LoQAB.

Comienza la temporada

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Llega el verano y aunque alguno diría que empieza lo bueno, en realidad lo que empieza es la temporada de congresos, cursos y universidades de verano. Ains. Tanto volar.

El caso es que aunque no voy a estar más liado que de costumbre, los viajes, el depender de terceros, los problemas de aerolíneas y trenes, las largas tardes sin conexión a internet hacen que, como todos los veranos, no pueda dedicarle tanto tiempo al blog.

Por eso se me ha ocurrido un experimento. Durante Julio, al menos, aunque escribiré a diario de trivialidades para que no me echéis de menos, voy a concentrarme en sacar un post semanal más trabajado. Huyendo de la presión diaria, podré organizarme mejor. O no. Veremos.

¿Sabías que este blog tiene una enciclopedia?

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Mientras preparaba el post de hoy (que iba sobre valores y se me ha ido alargando hasta que me he visto obligando a posponerlo al lunes) me he dado cuenta de que no os había hablado sobre la Pedia del blog. Básicamente es un repositorio conceptual que me ayuda a ir fijando términos con los que trabajo. Por supuesto voy cambiando de idea y he de reconocer que algunas de las entradas no están actualizada.

A día de hoy, tengo 92 términos que van desde el concepto de mensurabilidad conocida, campo interconductual, hasta el de estímulo. Falta mucho trabajo (mi lista preliminar de entradas pendientes ronda los setecientos) pero creo que es un esfuerzo interesante e importante a la hora de ir generando conocimiento accesible en la red.

Así que nada, me despido dejándoos con la última entrada que he añadido (“la distinción emic/etic en el análisis de la conducta“) y deseando que tengáis muy buen fin de semana.

Emic/Etic

Aunque popularizada por Marvin Harris, la distinción emic/etic fue propuesta por Kenneth Pike, para diferenciar las dos perspectivas alternativas de interpretar los actos o productos de otros hombres o de otros grupos sociales. Parece ser que estudiando el idioma de los indios mixtekas, Pike (que no entendía ni papa) se dió cuenta de que podía transcribir su habla en alfabeto fonético para que más tarde fuera entendida por algún intérprete de la lengua mixteka.

Llamó etic (de fon-ética, phonetic) a las transcripciones fonéticas de ese idioma y emic (de fon-émica, phonemic) a los significados. Así la tradición se refiere por emic a una descripción en términos significativos del agente que los realiza y por etic a una descripción en términos objetivos.

En nuestro caso, emic hará referencia a las interpretaciones del sujeto sobre su propia conducta (o las interpretaciones de las prácticas culturales reforzadas de forma caraterística por una comunidad). Y cuando hablemos de etic nos estaremos refiriendo a la descripción funcional de la conducta de los sujetos.

Teaser de mi charla en «Formando micro-emprendedores»

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El mes que viene me he guardado unos días para ponerme hasta las trancas de arròs amb crosta, polp i missa y pan bendito. Con deciros que ya le he hecho un agujero extra al cinturón. ¿La escusa? Que el 10, el 11 y el 12 participo en un curso con lo más granado del nuevo emprendimiento del sudeste Formando micro-emprendedores en la nueva economía, se llama y creo que aún queda alguna plaza.

Sé que ya lo había comentado, pero es que me ha quedado tan mona la primera diapositiva que no me he podido resistir a compartirla. No voy a ser yo menos que Sinsajo. 

 

Hoy en la Universidad de Cranfield

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Hoy estoy en la Universidad de Cranfield. Estamos estudiando desarrollar un servicio online que permita a cualquier empresa acceder a pruebas psicométricas de forma sencilla y barata. Creo que es un proyecto muy interesante por dos motivos: el primero es que nos va a permitir trabajar y desarrollar las ideas de evaluación objetiva de la personalidad de la gente de la UAM y el segundo es que tendremos la oportunidad de pensar una interfaz sencilla que permita a personas sin formación técnica descubrir el perfil que buscan (y evaluar a los candidatos según ese criterio).

Esto da para startup. Pero ya sabéis que LoQAB es un sitio muy chiquitito y hay demasiadas cosas que nosotros solos aún no tenemos capacidad de asumir. Cruzad los dedos.

Muerte accidental de un nepotista: Tribunal de cuentas, universidad y la falta de consecuencias

Refri copy

El año en que Darío Fo ganó el Nobel todo el mundo pensaba que lo iba a ganar un portugues. Aunque fuera Sá de Miranda. Se cuenta que hubo más de un periodista que en el revuelo del momento (se pueden imaginar como eran las redacciones de entonces sin wikipedias ni google maps) situó Sangiano en la región del Baixo Alentejo. Pero nada de eso: al final, como la Dinamarca del 92, fue el viejo bufón italiano es que se llevó la copa a casa.

De mis coqueteos libertarios en la juventud (trasformados hoy en un liberalismo irónico, desapasionado y progresista) me quedan muchas cosas que a modo de souvenirs ideológicos guardo a buen recaudo en el zurrón de las filias y las fobias: una nostálgica simpatía por Fo es una de ellas. Y me es inevitable acordarme de él ahora que la realidad ha adquirido ese persistente tono a misterio bufo.

Entre otras cosas, Darío Fo escribió “Muerte accidental de un anarquista” inspirado por una moda extraña (la defenestración en los 60 era casi tan popular como en la Praga del siglo XV) y, en concreto, por la muerte del ferroviario anarquista Giuseppe Pinelli. En esa obra de teatro, muy al final, se escucha algo que se me quedó marcado para siempre: la idea de que el escándalo no desestabiliza al sistema, sino que lo apuntala porque prueba que funciona. Idea cuyo corolario se expone muy crudamente en aquella película llamada “la vida de David Gale“.

Por eso, las revelaciones del diario El País, y más concretamente el escándalo que han desatado, me ha venido a confirmar la certidumbre de que en esta España nuestra está todo atado y bien atado. ¿En serio pretenden que creamos que esto es un enorme y gigantesco “upss”? ¿Que no saben lo infectado que está todo? ¿Que no conocen lo que pasa en las diputaciones, en las empresas públicas, en los ayuntamientos, en las universidades? ¿En serio no queda un sólo ápice de vergüenza en el país? ¿Aunque sea de bote?

Ayer comentaba medio en broma, medio en serio que iba a titular el post de hoy “El escándalo del Tribunal de Cuentas es un resfriado comparado con lo de las Universidades”, pero a la hora de la verdad me ha entrado pereza. No hay nada en esta historia que exija un titular a 5 columnas. 

La historia es vieja y conocida. Aunque la versión más popular es la “disonancia cognitiva” de Leon Festinguer, yo estoy más de acuerdo con la tradición de la autopercepción de Bem: que la gente elabora sus opiniones y actitudes para ‘explicar’ lo que hace del mismo modo que lo hace para explicar lo que hacen otras personas. En román paladino, si hay corrupción habrá justifcación.

En la democracia representativa la aceptación de que es imposible diseñar un entorno que selecciones inequívocamente las conductas que queremos, se resuelve con el papel de la opinión pública exigiendo coherencia entre el discurso democrático y las acciones de los servidores públicos. ¿A qué vendría sino conceptos tan naïfs y sonrojantes como Pueblo, Soberanía o Bien Común?

Pero allá donde no llega la opinión pública, donde no hay contrapesos, donde las consecuencias negativas a la corrupción son improbables… allá hay poco que hacer. Me da pena que seguramente el caso que me pilla más cercano (la universidad y sus facultades de psicología) sea uno de esos sitios. Pero no voy a dejar que la pena me amargue el día: ya estoy curado de espanto.

Cuando hace nada hablaban Guido y Roberto sobre cómo mejorar la formación en psicología, yo me decía a mi mismo que el problema de fondo no es que falten ideas, es que sobran incentivos e inercias institucionales. Cabría esperar que a estas alturas hubiéramos aprendido las consecuencias de poner al zorro a cuidar de las gallinas pero no, eso nunca. No deja de ser de una deliciosa ironía que en una ciencia que puede mover el mundo con el punto de apoyo del aprendizaje, aprenda tan poco y tan mal.

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