Emociones a flor de piel

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Hoy en Xataka, Guido y yo hablamos de la película más emocionante del año: Inside Out (Del Revés). En la nueva peli de Disney-Pixar nos habla sobre como las emociones, como Maria Cristina. nos quieren gobernar. Pero ¿son tan emocionales las emociones como las pintan?

Llevamos mucho tiempo esperando este momento. Todos tenían su película de Disney: los mecánicos tenían ‘Cars’; los cirujanos plásticos, ‘La Bella y la Bestia’ e incluso la Troika tenía ‘Monstruos SA’. ¡Solo faltábamos los psicólogos! Y por eso, emocionados como estamos, no queríamos dejar pasar la oportunidad de comentar desde nuestro particular punto de vista esta entretenida película.

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Papá Noel es un problema.

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Que sí, que ya, que la mayor parte de los estudios de psicología (por si solos) no son correctos. Pero es que últimamente le han dado mucha caña al CM de Rasgo Latente por sugerir que la ficción, además de entretener, puede tener un impacto indeseado en las personas.

No me entiendan mal. Yo estoy muy a favor de todo lo que sea darle palos al CM de Rasgo, Pero.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Colorado Boulder ha descubierto que los niños consumen más productos con altas calorías y con pocos nutrientes (como galletas o caramelos) tras ver dibujos animados ‘regordetes’. Parece que, incluso siendo conscientes de que esos bichos son imaginarios, tras ver esas series las formas redondeadas y ovaladas mantienen  un aura de ‘molonidad’ muy importante.

En definitiva: Reyes Magos 1 – Papá Noel 0

 

Fuera de series

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Hoy, nos ‘entrevistaban’ a Guido y a mi en el blog de Philips sobre los antihéroes. Y está claro que han acertado plenamente: han escogido a los dos psicólogos más antiheroicos de todo el país, Andorra y parte de Portugal. Vamos, que hablamos con conocimiento de causa.

“La clave del antihéroe parece ser que actúa (y ocupa) el papel del héroe, de formas – modos o intenciones – distintas a lo habitual. Es algo que no pasa ni con un villano, ni con un héroe al uso”,  nos aclara Javier Jiménez, psicólogo. “Las ‘nuevas series’ están buscando romper con todos los arquetipos ya que han comprobado que es una buena estrategia narrativa. Además, lo hacen desde el lado negativo, tratando de aprovechar el morbo del espectador.” 

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La APA debe disolverse

He estado leyendo con extremo detenimiento el último informe sobre la connivencia entre la Asociación Psicológica Americana y la CIA en el brutal programa de interrogatorios que se puso en marcha tras el 11S. Y, una vez depuradas las responsabilidades penales individuales, sólo hay una opción aceptable: la APA debe disolverse. Sin más.

 

Psicología. Guía de viajes | Primera Parada: La Cárcel de Stanford

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Toda ciencia tiene sus historias. Son el alioli de la fideua, el atrezzo de las obras del teatro o los besos a bebés de los políticos norteamericanos: no son estrictamente necesarias, pero, oye, qué difícil sería tragar todas esas fórmulas sin un vaso fresquito de historias para acompañarlas. La física tiene a Newton bajo el manzano; la medicina, a las vacas de Jenner; y la genética, a los guisantes de Mendel.

La psicología no iba a ser menos, claro. Tenemos a aquella neoyorquina, Kitty Genovese, asesinada a navajazos mientras la ciudad miraba sin hacer nada; a Ash y nuestra sorprendente capacidad para la conformidad; a las descargas homicidas de Milgram o a los monos de Harlow; al pequeño Albert, a la docena de niños sanos de Watson y a muchas cosas más. Algo de Freud seguro que también tenemos en la alacena de historias, cuentos y mitologías psicológicas.

Por eso, en Rasgo Latente hemos decidido hacer una especie de ‘Guía de Viajes’ por las historias de la psicología. Como con todo, las historias más conocidas, por turistificadas, se han sobredimensionado y han perdido autenticidad. También hay historias pequeñas, diminutas, que mantienen todo su encanto y veracidad.

Primera parada: La cárcel de Stanford.

 

«Como su nombre indica». Antisemitismo en la Historia de la psicología

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En los últimos días, a propósito del llamado caso Zapata, ha vuelto a los medios el tema del antisemitismo, la judeofobia y el antisionismo.

No es fácil combatir el odio de este tipo (la xenofobia, el machismo, la homofobia) y una de las dificultades claras es que sus límites son difusos. Ante las matanzas indiscriminadas, los abusos físicos o los campos de concentración, las manifestaciones más sutiles de odio o discriminación pueden pasar desapercibidas, pese a tener un impacto muy considerable.

Otro día hablaré sobre la discriminación de colectivos (mujeres, nativos en las colonias, afroamericanos en EEUU, etc.) en la psicología y de la salud mental. Pero hoy, aprovechando que el Pisuerga pasa por Dueñas y sin querer meterme en camisa de once varas, quería hablar del antisemitismo y de su posible impacto en el desarrollo de la psicología.

Al lío: ¿Sabéis dónde podemos encontrar un fenómeno importante de judeofobia en la historia de la psicología? En la psicología americana de principios del siglo XX.

«Rasgos judíos»

En el año 1870, un 9% de la población (unas 80.000 personas) era judía. Para 1915, ese porcentaje ascendía al 28%, es decir, un millón cuatrocientas mil personas. Y como respuesta a esto, la prensa neoyorkina de la época no escatimó en halagos hacia ese casi 30% de la población: avaros, criminales, deshonestos, codiciosos, especulativos, ostentosos, materialistas, feos, sucios, mal educados, tribales, autodefensivos, cobardes, antipatriotas, o poco dispuestos a asimilarse a la cultura americana.

Ambas cosas llegaron a las puertas de la Universidad de Columbia. Por un lado, la composición de los estudiantes pasó de un 11.35% de estudiantes judíos en el curso 1909-1910 a un 32.7% en en curso 1918. Por otro, tenemos documentos que evidencian un activa política institucional para poner trabas en su acceso a Columbia y enviarlos a los alumnos judíos al City College de la Ciudad de Nueva York (Abraham Maslow, por ejemplo, fue redirijido exitosamente al City College).

Aunque podemos encontrar otros casos generalizados de antisemitismo de este tipo en la academia norteamericana (como, por ejemplo, en los departamentos de literatura inglesa), el problema es que durante las primeras tres décadas del siglo XX, Columbia fue, en cierta forma, el centro institucional de la psicología norteamericana produciendo presidentes de la APA, directores de departamentos e investigadores prominentes.

Con Robert s. Woodworth a la cabeza, se instaló un ‘programa’ extenso e informal para bloquear el acceso de los judíos al trabajo en la Universidad. Woodworth, que fue miembro del claustro de Columbia durante casi 60 años, sirvió como director administrativo de psicología entre 1911 y 1926, fue presidente del APA en el 14 y primera medalla de oro de la asociación en 1956. Su longevidad, prestigio, poder e influencia hizo que la mayoría de los estudiantes de psicología en este centro pasaran por sus manos ya fueran en calidad de profesor, director o ‘recomendador’ para puestos de empleo.

Tenemos numerosas cartas de “recomendación” en las que desanima a posibles empleadores aduciendo precisamente los ‘rasgos judíos’ de los candidatos. Y es curioso porque, en los documentos de Woodworth, solo los judíos son identificados por criterios étnicos o religiosos. Una de esas cartas comienza directamente con esta frase (que da nombre al post y a un artículo muy interesante sobre el tema de Andrew Winston):

Dr. Aaron Nadel es, como su nombre lo indica, judío.

Ya estaba dicho todo.

Un mundo poco amigable para los judíos

En su autobiografía, Theodore Sarbin recordaba una reunión de ‘asesoramiento’ que mantuvo con en 1937 con el director del departamento de psicología de la Ohio State University, Harold E. Burtt.

Él quería que supiera que le sería prácticamente imposible encontrarme un trabajo académico porque era judío, a pesar de que era la política del departamento encontrar puestos de trabajo académico para todos los estudiantes de doctorado. Que él conociera, sólo dos o tres miembros de la APA eran judíos [NdT: hasta la 2ªGM la APA era una asociación fundamentalmente de investigadores]. Luego pasó a asegurarme que, personalmente, él no tenía prejuicios, pero los departamentos de psicología solían reclutaban a gentiles, hombres blancos, sobre todo desde que los trabajos eran escasos debido a la Gran Depresión. Él quería que yo supiese los hechos y que no albergara muchas ilusiones de convertirme en académico. Por eso, pensando en mí, me instó a considerar otras opciones “.

Así, Sarbin (que a la larga sería uno de los teóricos más importantes de role theory y de la hipnosis) empezó su carrera como psicoterapeuta. Y, como él, tantos otros.

Por poner solo otro ejemplo del impacto de este fenómeno, se conserva una carta de Boring a Jacob Levine fechada en 1936 en la que le avisa, antes de empezar a estudiar, de sus problemas para colocar a estudiantes judíos y le recomienda que, si finalmente se decide ir a Harvard, lo haga como “una aventura intelectual” sin esperanza de encontrar empleo académico.

Y Boring (que desde su despacho de Harvard había seguido la política oficiosa de ‘desmotivar’ a los, según sus propias palabras, malos judíos) sabía de lo que hablaba de primera mano. Tanto así que fue uno de los que alentaron la crítica a estas prácticas.

Edwin Boring conoció a Kurt Lewin en el Congreso Internacional de Psicología del 29 en Cambridge, aunque desde bastantes años antes seguís su trabajo en Alemania. En 1930, cuando tuvo problemas para que la Universidad de Stanford aceptara a Lewin como profesor visitante, se empezó a dar cuenta de que la definición de ‘mal judío’ era más subjetiva de lo que parecía.

Aún así, el verdadero infierno tuvo lugar cuando, ya en 1933 y ante la necesidad imperiosa de salir de Berlin, fue imposible encontrar alguna universidad que le contratara. Conservamos al menos 26 cartas de las que envió Boring a sus colegas en los principales (y no tan principales) departamentos de psicología del país. El resultado fue que Kurt Lewin (¡Kurt Lewin!) solo consiguió una plaza temporal en la Facultad de Económicas de la Universidad de Cornell.

Si a un psicólogo prestigioso, consolidado y, todo hay que decirlo, encantador como Lewin le era imposible encontrar trabajo en ningún departamento de EEUU, ¿qué podía esperar un joven estudiante de psicología de la academia?

¿Qué impacto tuvo el antisemitismo en la psicología americana?

Descubrir este fenómeno relativamente desconocido permite hacernos muchas preguntas: ¿Qué impacto tuvo esta marginación sistemática en la psicología académica americana?

No podemos olvidar que estamos hablando de la discriminación de un tercio de los universitarios en Columbia y otros muchos en el resto de las universidades americanas. Graduados a los que se les animaba a buscar salidas profesionales lejos de la academia (como la psicoterapia) y se les cerraban, sin grandes sutilezas, las puertas hacia la investigación.

¿Fue este tapón una de las causas que el psicoanálisis norteamericano gozara de su periodo de esplendor entre las décadas de los cuarenta y los ochenta? ¿Podemos achacar a este fenómeno el distanciamiento entre la psicología clínica y la de investigación? ¿Su incapacidad tradicional para entenderse?

En la historia oficial se asocian el ascenso del psicoanálisis en EEUU (y el posterior de las terapias humanistas) a la llegada masiva de inmigrantes europeos tras la Segunda Guerra Mundial, pero poco se habla de el caldo de cultivo tan propicio que se encontraron: centenares de psicólogos asqueados con el sistema científico-académico que les había expulsado.

En resumen, y ya os dejo, ¿fue el antisemitismo un factor importante que retrasó décadas la aparición de una psicología clínica científica y basada en la evidencia? Y hasta aquí puedo leer.

 

#PsicoHistoria: Una pregunta… criticona

 

 

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Otra semana más, vuelve el Concurso Interplanetario de Historia de la Psicología. La respuesta a nuestra ‘pregunta secreta‘ de la semana pasada era, como acertó Iria y consta en nuestro Ranking, The Psychological Round Table. Una asociación secreta de jóvenes investigadores con protagonistas tan importantes como James Gibson y de la que hablaré algún día, si el trabajo y vodafone me lo permiten.

Usualmente, la Historia de la Psicología peca de cierto estadounidocentrismo. Con la excepción del los primeros años del desarrollo científico de la disciplina y algunas figuras concretas, nadie sabría decir qué fue de la psicología en Australia, China o Senegal.

Por eso hoy buscamos a un personaje muy interesante… pero, ¿Quién es este tipo?
KH

 

Empecemos por el principia

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El otro día, Santi Campillo se preguntaba si debíamos profesionalizar la divulgación científica. Y concluíamos en nuestra propia versión de la Ley de Say que había que ampliar el mercado, diversificar y crear cosas nuevas.

pero ese tipo de frases suele acabar en nada. ¿Cómo ampliamos el mercado? ¿Cómo diversificamos? ¿Cómo creamos cosas nuevas? Un marrón, vaya. La típica cosa que decimos para hacernos sentir mejor, pero que no nos lleva a ninguna acción concreta.

Por suerte, hay gente que lo ve de otra manera. Y por eso venía a hablaros de Principia.

Sigo la web desde hace tiempo. Pero la mayor garantía es que escribe en ella uno de los dos geólogos que tengo en más alta estima. De hecho, de los dos, el que escribe en Principa es el que suele estar sobrio la mayor parte del tiempo (creo). Todo una garantía de calidad.

Además, dicen, que trataran temas de los que nos interesan en el blog. No sé mucho más porque parte de la gracia del invento es el elemento sorpresa, pero Eroyuela me lo ha prometido por Darwin.

Así que empecemos por el principia: apoyando a los que ya están haciendo cosas. Aquí os dejo la caja de Verkami, por si os animáis.

 

#PsicoHistoria: Una pregunta…. secreta

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Vuelve el Concurso Interplanetario de Historia de la Psicología. Estamos que lo tiramos. Aquí podréis ver las nuevas reglas y, a partir de la semana que viene, el ranking de participantes. Recuerda que no sólo está en juego un cheque-regalo en Amazon: también lo está el ‘Cinturón del Campeón‘ que actualmente posee Un nombre al azar.

Los psicólogos hemos tenido muchas formas de organizarnos a lo largo (y ancho) de la historia. Y ninguna buena. Como toda familia que se precie, los psicólogos hemos tenido nuestros ‘problemas’. Cismas, guerra civiles, revoluciones, contrarreformas, harakiris, etc… En resumen, una historia muy divertida que nos dará grandes tarde en el 2CIHP.

Hoy vamos a hablar de un grupo concreto alrededor del que han circulado toda clase de leyendas y mitologías,

¿Qué sociedad secreta de psicólogos fue fundada en 1936?

 

 

¿Qué hay de nuevo, viejo?

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Al final, aquí me tienen, en Madrid. Aun no estoy instalado del todo (entre otras cosas porque la huelga de técnicos de Telefónica-Moviestar me tiene sin conexión a internet), pero he pensado que es buen momento para pensar cuál será el siguiente paso del Dronte.

El blog lleva un década dando guerra (desde el día después de la muerte de Juan Pablo II) y, aunque la celebración de la década me pilló de mudanza, es el momento de volver a la sana reflexión bloguera. Más aún si nuestros hermanos más viejos y más listos también lo hacen.

Me propongo tres cosas:

Voy a concentrar mis esfuerzos y, por ahora, voy a intentar traeros un post de fondo cada semana. No es nada sencillo en mi situación laboral actual: pero necesito algo de activación conductual bloguera y eso conlleva, casi directamente, ponerme planes y metas.

Ademas, voy a recuperar el juego de historia de la psicología de los viernes. La idea es hacerlo un poco más pedagógico: y aportar más contexto de las cosas que hablemos. El premio volverá a ser un cheque Amazon (tengo 4 – 2 para los ganadores de la antigua edición y dos para la nueva – y como no los de pronto, me van a caducar).

Y por último, como estoy desconectado de la actualidad, trataré de dedicarle algo de tiempo a la pedia. Que es, google mediante, lo más visitado del blog.

Por lo demás, trataré de ir avisando cuando escriba en Rasgo o en otros sitios de la red. Y si algún día estoy muy muy muy flamenco igual publico algún magapsine. Pero, vamos, no prometo nada… que ya nos conocemos.