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Psicología y algunas cosas más

¿Un problema real?

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Muy interesante la conversación entre Pablo Duque, Juan Ramón Barrada y Roberto Colom. Aunque como Varys (el de Juego de Tronos) más por lo que callan que por lo que han contado: “¿Tiene la clínica razones que la teoría no entiende?” se preguntaba (retóricamente) Duque.

Tanto el experimentador como el clínico tiendan a ser ‘realistas de entidades'; es decir, tienden a pensar que las entidades (átomos, hélices, estructuras, etc.) con las que trabajan existen realmente. Mientras, tanto y como contraparte, la teoría psicológica (sea cual sea la teoría) es profundamente antirrealista.

Ni la esquizofrenia, ni g, ni el superyo existen stricto sensu. Pero eso no quita que haya decenas de centenares de zillones de experimentadores y clínicos que crean en ellos. A pies juntillas. Hasta hacer el ridículo, si me lo permiten.

Por eso digo que “el principal problema que tiene la psicología es con la realidad”. Pero es un problema que tiene difícil solución mientras no asumamos que la práctica nos pide una cosa que no acaba de proveer la teoría (si es que puede proveerlo).

Magapsine Semanal (22-28/09/2014)

Hoy vamos algo tarde (y breves) por problemas técnico-eléctricos. Pero no podíamos faltar de ninguna manera a nuestra cita de los domingos. Disfruten, :D

Magapsine

[1] Que una de las niñas bonitas de la psicología actual es la «economía conductual» lo sabe todo el mundo. Lo que no es dominio público es que aunque el nacimiento de la «economía conductual» se suele asociar al inmenso Kanheman (cuya optimista concepción de la mente [en] ha sido objeto de debate estos días), en realidad dio sus primeros pasos  en el seno de la psicología conductual y su reflexión sobre la economía de fichas de los años 60 [es].

Esta semana en Aeon se preguntan qué queda de la razón tras el descubrimiento mainstream de los sesgos [en] mientras que en Psychology Today,  Shahram Heshmat hace una buena introducción a qué tiene que decir esta joven rama en el estudio de las adicciones [en].

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[2] Taylor&Francis, propietaria de Psychology Press, va a celebrar liberar todo su archivo desde 1996 durante el mes de octubre. El único requisito es registrarse en su web y, según nos cuentan, acceder desde una IP española.

Vamos, una oportunidad fantabulosa para acceder a ingentes cantidades de materiales de primera calidad. Wooo!

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[3] Kristin Andrews, una de las mayores expertas en orangutanes del Reino Unido (y posiblemente del mundo), comienza en Philosophy of Brains una serie sobre el lenguaje animal [en] en la que va hablarnos de su trabajo pasado, presente y futuro. Ya lleva varios artículos la mar de interesantes: 1 y 2 [en].

Hablando de primates, en Slate tenía un artículo sobre por qué la promiscuidad femenina (tanto en primates como en humanos) es útil [en].

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[4] Bajo el llamativo argumento de “usemos los principios de adiestramiento de animales con los alumnos de posgrado“, en NeuroPolarBear nos hablan brevemente de uno de los grandes problemas inadvertidos de la academia de hoy en día. El mismo problema, de hecho, del que hablaba Sydney Brenner hace unos meses.

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[5] Un reciente estudio en el Journal of Applied Psychology [en] ha encontrado que, en general, las personas que viven en países más ‘liberales’ son más felices que las personas que viven en países más ‘conservadores’. Curiosamente, las personas que se definen como progresistas son menos felices que los que se definen como conservadores independientemente del país en el que vivan. En Neurobonkers hablan de las posibles causas de esa «brecha de felicidad» [en]

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[6] Hace unos meses, el Ministerio de Sanidad español encargó una encuesta en el marco de desarrollo de su nueva Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención en el Sistema Nacional de Salud. Una estrategia que por lo demás tiene una brutal carga conductual en su intención de incidir sobre asuntos como la alimentación, la actividad física, el tabaco o el alcohol.

Acaba de hacerse público el informe de dicha encuesta [es]. En Infocop Online, por si no tenéis tiempo. hacen un resumen del informe [es].

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[7] Cuestionan la interpretación Sam Harris (y otros neurocientíficos) de relacionar la actividad preparatoria del cerebro con la ausencia del libre albedrío [en]. Donde algunos ven que el debate sobre el libre albedrío se pone interesante, yo no dejo de ver un debate tremendamente mal planteado. Algún día haremos una lista de pseudoproblemas en la psicología y será muy muy larga.

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[8] ¿Puede un recuerdo ser implantado y después eliminado? [en] Maria Konnikova hace un repaso desde los primeros trabajos de Pavlov hasta los últimos estudios sobre el tema. Es interesante, además porque en los últimos días hemos podido leer algunos artículos sobre la persistencia de las emociones vinculadas a eventos cuendo los recuerdos de esos eventos ya han desaparecido [en], en este caso a causa del Alzheimer.

Bueno, el CSIC acaban de dar algo de luz a como la memocia modifica la estructura y la función de los astrocitos [es]: lo que puede ser un paso muy importante en el conocimiento de la neurofisiología de la memoria.

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[9] En Scientific American nos hablaban de los últimos trabajos que plantean como la diversidad está relacionada con una mejor toma de decisiones [en]. Estas ideas conectan muy bien con un reportaje que publicaban en el Boston Glove sobre el trabajo del jovencísimo Calvin Lai para emplear estrategias propias de la psicología social para luchar con el prejuicio [en].

Aunque estos hallazgos tienen una importancia clave para el campo de la gestión de equipos y volveré sobre el tema en el blog en otra ocasión . Su publicación estos días no es inocente.

Uno de los grandes debates que nos quedan que dar en algún momento es la relación entre la diversidad, la inteligencia y la estructura social. Veinte años después de The Bell Curve y con A Troublesome Inheritance en las librerías, el tema de la relación entre genes y cultura [es] es un viejo tabú que revuelve el río académico y sólo da ganancias, como dice el saber popular, a los que quieren algo que pescar.

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[11] Esta semana en metodología hemos encontrado dos recursos interesantes: El primero es una serie de vídeos (casi un MOOC) sobre La Nueva Estadísitca [en] y el segundo un glosario de temas metodológicos que resultó ser psicológico en general [en]. La verdad es que no descarto usarlo para completar la pedia del blog.

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[12] En los últimos meses, se están sucediendo los estudios que tratan de ‘diagnosticar’ (o al menos evaluar el riesgo de tener) una enfermedad. El nuevo test sanguíneo para predecir (el riesgo de) la esquizofrenia [en] es un ejemplo perfecto de esta tendencia de investigación.

Por eso me parece fundamental este post en Mind the Brain sobre la mala ciencia de una de los trabajo más famosos de esta línea en el campo de la depresión [en].

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[13] Allen Frances sigue dando titulares [es] y llenando las portadas de Medios tradicionales, Twitter y Facebook [es]. Aunque no le falte razón en algunas cosas, el adjetivo que describe esta sucesión de entrevistas es sensacionalismo, marketing y aburrimiento.

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[14] Y para acabar un artículo Médico Crítico sobre el papel del médico ante la enfermedad de un familiar [es]. Salvando las distancias creo que es un tema de interés para todos los psicólogos: porque eso es algo que nos acerca a las ciencias de la salud, el desinterés por las cuestiones éticas y filosóficas más allá de la filosofía de la ciencia [es]. Algo sobre lo que reflexionar y publicar activamente. Porque los sesgos que desafían nuestra práctica no habitan sólo en la investigación como a veces parece [es].

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Bonus Track

Si no ha tenido suficiente, pueden seguir con la selección de enlaces de los amigos de Mind Hacks [en].

PsicoHistoria: ¿Quién es este tipo?

Arrancamos con nuestra versión de #PsicoHistoria: un concurso popular en el que los participantes tendrá que responder a preguntas sobre la fantabulosa historia de la Psicología.

¿Cuál es la dinámica? Los viernes publicaremos alguna pregunta de nuestro trivial de historia. El primero que conteste acertadamente en los comentarios del blog ganará 3 chipipuntos. Si alguien contesta en alguna red social pero no en el blog recibirá 1 chipipunto.

En algún caso, y por problemas de moderación de comentarios, es posible que tengamos que premiar a más de un concursante. Lo iremos informando.

El ranking irá apareciendo en está página: Campeonato Interplanetario de Historia de la Psicología.

Hay 13 viernes hasta el 19 de diciembre que será la última pregunta y cuando se nombrarán a los vencedores.  El premio serán tres cheques-regalo (de Amazon) para los tres mejores clasificados.

Si se os ocurren mejores reglas, no tenéis más que decirlo ;)

PsicoHistoria-CIHP #1: ¿Quién es este tipo?

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Nuevo experimentalismo y psicología del aprendizaje

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¿Qué es el «nuevo experimentalismo»?

En 1983, Ian Hacking propuso «iniciar un movimiento de vuelta a Bacon que se centre de nuevo en la ciencia experimental». Desde Popper, al menos, la filosofía de la ciencia había ido centrando su foco de atención en las teorías. De hecho, como cuenta Alan Chalmers, a cada problema que presentaba la idea de que la teoría era (muy) importante, la solución que le daban los filósofos era darle un papel (aún) mayor a la teoría misma.

Hasta este artículo de Hacking que da carta de naturaleza a una enfoque totalmente distinto: una suerte de Umstülpung de la filosofía de la cienciaLa idea fundamental de los “nuevos experimentalistas”, para no andarnos por las ramas, es que la ciencia no puede basarse en la ‘observación’ sino en la ‘experimentación’. Que la ciencia se caracteriza precisamente por un enfoque activo (en lugar, del enfoque pasivo de la observación); esto es, por operar en la realidad para testar sus ideas.

Lo interesante de la experimentación es que a diferencia de otros enfoques permite varias funcionalidades, la positiva y la negativa. Los experimentadores pueden aprender de sus errores porque (rompiendo con la lógica de conjeturas y refutaciones) tiene algún conocimiento causal del efecto que tienen entre manos.

Esto es así porque, atentos, los experimentos tienen «vida propia»; o lo que es lo mismo, son autónomos, no requieren necesariamente teorías complejas y, si me apuran, son de hecho neutrales ante esas teorías. Como explicó Hacking con su ejemplo ya clásico del disco de Faraday, “éste no tenía una teoría para lo que encontró” (y, en honor a la verdad, decir que el disco de Faraday es ‘falsable’ suena algo raro: puede estar mal construido, pero falsable, falsable, lo que se dice falsable, como que no).

Es cierto que la idea de que puedan existir experimento sin teoría es también un poco rara e incluso contradictoria; esto es, ¿cómo podría existir ese supuesto experimento sin una teoría en la que tenga sentido? La respuesta es más sencilla de lo que podría parecer:  es un pseudo-problema. Es decir, la división entre ‘datos’ y ‘teoría’ es una re-edición de la clásica mente/cuerpo, materia/espíritu. Dualismo del bueno; o sea, del malo. Una de esas herencias que tenemos que ir eliminando.

Algo un poco más cercano a la realidad es que existen distintos niveles de “teorización” (o de “experimentalidad”, que diríamos siguiendo a Quine). Como dice Chalmers, no parece adecuado abrir tanto el concepto de teoría como para que entren dentro de ella conceptos muy básicos como imán o pella de comida. En ese sentido, Hacking señala tres niveles (especulación, cálculo y experimentación) pero personalmente creo que se queda corto.

El nuevo experimentalismo sostiene que la validez científica es lo suficientemente independiente de las ‘teorías de alto nivel de abstracción’ como para considerarla de forma autónoma, experimento por experimento. Experimentos que por otro lado pueden falsar o verificar (¡!) hipótesis concretas e identificar, claramente y por métodos prácticos, efectos experimentales nuevos.

En este sentido, los resultados experimentales son tomados (en la línea de ‘estadística como epistemología’ y para subsanar a nivel ciertos problemas del falsacionismo ingenuo) comos muestras del conjunto de todos los resultados que pudiera arrojar un los experimentos de ese tipo. Las teorías, pues, adquieren su validez en tanto en cuanto las predicciones basadas en ellas se verifiquen: son mapas y, a la vez, heurísticas.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la psicología?

La cuestión que me pregunto si este enfoque de la ciencia no puede aportar algo de luz sobre la psicología experimental en general y la del aprendizaje en particular.

Ya sabéis que la semana pasada estuve un rato en el Congreso de la Sociedad para el Avance del Estudio Científico del Comportamiento y si algo saqué en claro es que había un follón conceptual importante. No porque haya, en efecto, problemas conceptuales de base (que ya hablaremos de eso) sino porque la confluencia de distintas tradiciones hacía que cada fulano tuviera su idea particular de qué-era-cada-cosa.

Lo sorprenderte es que pese a las extremadas similitudes entre la experimentación y el cálculo, por usar la terminología de Hacking, las más que (importantes) diferencias en la especulación traía (importantes, también) quebraderos de cabeza. Al final, las distintas estrategias de construcción científica que siguen los investigadores siguen la idea de Quine de que “la ciencia procede engordando la ontología para aligerar la epistemología”. Es decir, ya sea con estructuras cognitivas o marcos relacionales, van rellenando el vacío entre los experimentos y el resto del mundo.

Es una pena. La psicología tiene un buen puñado de efectos experimentales que son sencillamente verdad (en el sentido que hemos hablado en la sección anterior). ¿No es ese un inmenso patrimonio científico?

No pude evitar preguntarme si no sería una decisión más sensata abandonar toda pasión por las teorías e ir al corazón mismo de una de las dos ramas de la psicología científica: el experimento. O, por ponerlo en términos menos teóricos y más prácticos, ¿podríamos usar el andamiaje teórico del nuevo experimentalismo (los modelos de Mayo o de Neyman-Person) para crear un marco donde las razzias escolásticas se diluyan y podamos avanzar juntos en el desarrollo de la psicología? ¿Podría ayudarnos a resolver aquello que señaló Wittgenstein de que en la psicología conviven “los métodos experimentales más avanzados con una confusión conceptual de aúpa”?

¡Viva Freud manque pierda! (y otros anacronismos)

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Pues hoy hacen 75 años de la muerte de Sigmund Freud. Como saben, no es sólo una cuestión histórica: uno de los trucos para el PIR que hoy twiteaban desde AECSB era, precisamente, sobre psicoanálisis.  Y tiene su mérito, porque he estado mirando y no hay muchos más vestigios de la Salpêtrière en el temario.

Como suelo decir, mi Freud favorito es el de Bloom: el lector de Shakespeare que buscaba a tientas la voz de Hamlet en las paredes de los manicomios del mundo. Es una imagen benigna, claro. Y no la única: yo, como muchos otros, creo que un Goethe de literatura no es convalidable por un Nobel de medicina: pero supongo que el psicoanálisis también tiene sus cangrejos y yo, como muchos otros, debemos de ser de los grandes.

 Literaturas al margen, Freud, más que un personaje, es un problema que aún no hemos podido resolver. De hecho, como muestra el vídeo que cierra el post, es un problema que no han sabido resolver ni los propios freudianos. Crucemos los dedos y no perdamos la esperanza.

Meterse en harina

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Decía Sydney Brenner que el «sistema institucional de la ciencia contemporánea» la está jodiendo de lo lindo.  Perdonen la franqueza.

Y no le falta razón: la ciencia normal tiene pleitesías escolásticas y dinámicas conservadoras que la mantienen a salvo de las malvadas revoluciones. Sea la revolución psicométrica de la que hablaba Borsboom o la revolución conductual que anunció Schoenfeld, lo cierto es que podemos dormir tranquilos: estamos relativamente a salvo de ideas demasiado innovadoras.

Claro que en el trade-off entre innovación y desarrollo de lo que tenemos la clave de bóveda está en esa palabra, en el ‘relativamente‘. Como en cualquier sistema osmótico, la permeabilidad de la membrana es fundamental. De ahí que por cada embalsamador de teorías necesitemos un iconoclasta, alguien que siguiendo el adagio de Jorge Campo se meta en harina.

Y eso es algo deberíamos hacer más. Meternos en harina, tanto literal como metafóricamente. No está de más recordarlo de vez en cuando.

Excusas, newsletters, historias y premios

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Pues no, esta semana no tendremos Magapsine. Y no es porque no haya pasado nada interesante, porque no haya noticias jugosas ni porque no se hayan planteado ideas polémicas.  La razón es más sencilla, hace 20 minutos que he llegado a casa tras la visita al tercer savecc para hablar de análisis cuantitativo de la conducta y la noche ha sido demasiado larga: estoy que me caigo de sueño. Disculpen, pues, a este blogger que ya nota el inexorable paso del tiempo.

Aunque como sé que cada vez hay más seguidores de la sección, les traigo (a modo de compensanción) un par de novedades:

La primera es que atendiendo a las demandas de algunos lectores y al consejo del amigo Corradi, a partir de la semana que viene vamos a distribuir el Magapsine por correo electrónico. El uso de los lectores de feeds es muy minoritario y muchos preferiríais recibir nuestro resumen (casi) semanal de enlaces psicológicos vía mail en lugar de estar pendientes de ver cuándo lo subo al blog. Si queréis recibir el nuevo newsletter, sólo tenéis que pinchar este enlace y suscribiros. Salvo que la semana sea muy muy muy flamenca, ya sabéis que es un correo cada domingo.

Y la segunda es que cada viernes vamos a “recuperar” nuestra versión de un viejo concurso twittero: PsicoHistoria. Ya sabéis, un trivial sobre curiosidades e historia de la psicología que (aunque el próximo viernes explicaré los detalles) en esta nueva versión incluye premios :D

El jardín de la psicología (positiva)

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Aunque como veis estoy ocupadísimo catando toda la repostería del Algarve, he sacado un hueco para señalaros que tenemos un nuevo capítulo de nuestro culebrón favorito. ¿Qué habríamos hecho esta reentré post-vacacional sin toda la polémica de la «psicología positiva»? ¿Verdad?

El caso es que hoy, Marino Pérez respondía con “Por una psicología sin ajardinamientos” a la carta de Salanova de la que os hablaba ayer.  Aunque podría hacer varios comentarios positivos y negativos, se me va a enfriar el café com leite y tampoco es cuestión. Volveré sobre el tema, lo prometo (y presiento que con una edición especial del Magapsine que recoja todo lo que está suelto por la red).

Por ahora sólo cruzo los dedos para que podamos darle la vuelta a esto y consigamos que sea algo beneficioso para la psicología. La alternativa a eso es hundirnos un poquito más en el lodo.

Una defensa spinoziana de la Psicología Positiva

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Hoy, Maria Salanova, presidenta de la Sociedad Española de Psicología Positiva, contestaba en Materia al artículo que nos ha tenido entretenidos las últimas semanas. Como hoy estoy flamenco, voy a entrar al trapo.

Como ya dije en su día, creo que el artículo original de Materia es malo, amarillo y lamentable. Desgraciadamente la respuesta de Salanova no zanja la cuestión sino que la enreda más.

Aunque no creo que se de forma intencionada, la carta está llena de falacias de distinto tipo (ad numerum, ad verecundiam, tu quoque, etc.) y de ideas extrañas (como la defensa de la pospsy como neutro ‘campo de investigación’ a la vez que se define como “estudio científico de todo aquello que hace que la vida merezca la pena”).

Pero ese no es el peor error de Salanova, el peor error de la catedrática de la Jaume I es entrar en un terreno que no controla: el mediático. Un terreno donde la “psicología positiva”, en cuanto ciencia, no tiene nada que ganar: porque ni se puede ganar un debate mediático con argumentos científicos, ni se puede sostener un debate científico con argumentos propios del debate social.

Imagino que a la pobre Salanova le habrán llegado cientos de correos electrónicos exigiendo una contestación. Yo, que entiendo el cabreo y la frustración que genera un trato tan injusto, esperaba finezza: que vieran que una mala decisión les expondría aún más. Pero no ha sido así.

No se dan cuenta los positivos que el problema no es un “artículo malo” en un periódico. Todas las disciplinas tienen alguno y debería haber más: eso es lo que necesita la ciencia, periodismo científico que haga de contrapoder en las instituciones científicas como lo hace en el resto.

No, el problema no es el artículo: el problema es que ese artículo les ha dejado solos. Lo que deberían preguntarse es “¿Cómo es posible que ante un ataque tan gratuito como el Materia la comunidad científica no les haya arropado como debería? ¿Cómo es posible que compañeros hayan aprovechado el momento para sumarse al ‘linchamiento’?“.

¿Envidia? ¿Agendas ocultas? ¿El ISIS? Antes de fijarnos en la paja en el ojo ajeno (que la hay) les diré el porqué: porque la percepción generalizada es que la Psicología Positiva es una operación de marketing. Está instalada la idea de que “la psicología positiva es a la psicología lo que el coaching es a la psicoterapia”. Y la culpa de eso no la tiene los dos estudios de marras. Si yo fuera el presidente de la SEPP, eso es lo que me quitaría el sueño.

Yo sin embargo soy un optimista y conozco investigadores en este ámbito de inmensa valía personal y científica. A pesar de estos errores, de que no soy un psicólogo positivo y de que creo que si la SEPP quiere que nos la tomemos en serio debería ser más virulenta con los que exageran y trivializan su trabajo, hoy estoy aquí para defender a la psicología positiva. ¿Cómo? Libertas Philosophandi. Sin eso no tenemos nada.

Pd: Le he cambiado el nombre al artículo (‘voltairiana’ por ‘spinoziana’) porque la verdad, aunque técnicamente no sea más apropiado, recoge mejor el espíritu de lo que quiero decir. Al fin y al cabo, Voltaire nunca dijo aquello de “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Qué está pasando en el mundo de la evaluación (y por qué los psicólogos se lo van a perder)

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Hace un rato estaba de cañas (virtuales) con Guido. Y, claro, la cabra tira al monte. Hay cierto runrún en el mundillo de la evaluación psicológica sobre los cambios que se avecinan: grandes editoriales internacionales con la intención de entrar fuerte en el mercado, nuevas empresas que buscan ser disruptivas trabajando con modelos cercanos a la start-up tecnológica y actores clásicos que tendrán que reinventarse de los pies a la cabeza (y personalmente espero que tenga éxito).

En resumen: hagan juego porque la cosa se pone interesante.

Pero con todo, no es eso lo que más nos preocupa. Lo que más nos preocupa es el miedo (la certeza apesadumbrada) a que todo esto pasará desapercibido. La evaluación, algo que desde cualquier perspectiva teórica es fundamental, no deja de ser una rara avis entre las habilidades del psicólogo medio. Si hiciéramos una versión psicológica del artículo de JJ Merelo sobre las habilidades () que deberían estar en un currículum, la evaluación estaría bien arriba.

Como decía Guido no es extraño que a los profesores de evaluación les lleguen consultas de antiguos alumnos que no saben hacer la O con un canuto (o, en este caso, el alfa de Corbacho con un SPSS). El psicólogo medio encarna ¡a la perfección! aquello de que decía la ley de Clarke, que toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magiaFalta formación y faltan recursos. Y, a falta de eso, nos vamos a perder, como profesión, algunas cosas muy interesantes.

Pero, bueno, desde esta pequeña corresponsalía de guerra os mantendremos informados.

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